miércoles, septiembre 06, 2006

~7~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

La llamada inesperada de Bruno me descolocó tanto, que otra vez me dio la depre, perdí el juicio y me dio por ayudar a Gigi a limpiar su casa ¡K JEBY! Eso sí que es estar depre, nenas... pero tras un baño de sales del mar muerto, ¡reviví!... y le dije a Gigi que podría superarlo y que me iba a casa, pero de camino... cual Caperu-PUTA Roja, terminé cayendo en las garras del lobo, o sea, que me fui de "cancaneo" al Lether, y allí volví a ver a mi vecino bombero con un rubio olímpico ¡y les seguí! Es que un día en mi vida, da para mucho, nenas.

Guardando una distancia prudencial, y semi camuflada entre la gente que transitaba por la calle de bar en bar, seguí a la parejita de Manolo (mi nuevo vecino el bombero) y aquel rubio como la cervezaaa... que tendría un nombre similar a Hans, Gunter o Raboten Putonen, hasta que me detuve en seco porque mi misión como espía, se encontró con un severo obstáculo. Ambos iban derechitos al interior de una ¡SAUNA!

¡¡¡!!! ¡No podía irme a la sauna con una mochila, por dos razones obvias, nenas!
Porque me confundirían con una chapera (por la mochila) y...
porque no me gustan las saunas. Además, ¿quién carajo se mete en una sauna en pleno Enero, nenas?

Algunas de vosotras estaréis chillando en vuestras casitas “¡entra en la sauna, nena! ¡Entra y monta la de Troya!”... ; pues no, nenas, que luego la que se pilla los hongos, las ladillas y el resfriado al salir a la calle soy yo, y no vosotras, ¡Putas!

-¿Buscando el sentido de la vida? –dijo alguien a mi espalda.
-En algún momento, de esta temporada o en las venideras, ¿la gente dejará de hablarme por la espalda? ¡COÑO! –y me volví-. ¿Preparando una redada policial, Sayuri? –porque no olvidemos, que Sayuri, a parte de ser la marika más cool de todo Madrid, es poli y trabaja de “inco-ñito”, que diría la Gigi-. Pues ten cuidado, porque me han dicho que las de la sauna... ¡van muy bien armadas!
-¿Se supone que me tengo que reír?
-¿Se supone que he de seguirte el hilo?
-Pues sí, ¡tonta del culo! –dijo con seriedad, y yo puse cara de flipada o de tonta del culo, porque aquel cambio de voz y seriedad que imprimió al decirlo, hasta me hizo sonar una tripa-. Vas a meter la pata hasta el cuello con Bruno.
-¿No te has enterado? Bruno pasa de mí. Pasa de mí desde hace días. Felicidades, nena, ya te lo puedes llevar a casita y ponerlo sobre la tele junto a la gitana y al torito.
-El que me dejara por ti... -comenzó a decir súper jodida.
-Mira, nena –dije cortándola-, ni esto es Pasión de Gavilanes, ni Orgullo y Prepucio, Jane Austin. Diálogos como el tuyo y situaciones como ésta, hacen que bajen las visitas en mi blog, nena.
-Si un día pillo al camello que te pasa las pastillas, Dolly, le detengo de por vida –y se acercó más a mí, como si me fuera a echar una maldición gitana-. Sólo te diré una cosa: llama a Bruno y arreglad lo vuestro.
-¿Ahora vas de Celestina, nena?
-Vas a cometer el mayor error de tu vida, y de paso, vas a joder la vida de otra persona que una vez amé...
-¡Y yo sin un kleenex! ¡Que alguien me de un kleenex! –grité a los viandantes.
-No estoy bromeando, Dolly.
-Tampoco yo, nena. Si tuviera un kleenex fijo que me echaba a llorar tras esa frase.
-¿Es que no te das cuenta de que intento ayudaros? Sé retirarme en un combate, y éste lo tenia perdido incluso antes de que aparecieras tú con tu blog.
-¿Quieres ayudarme? ¿De verdad? Pues investiga esto: Asesina en serie, con nombre falso de Agapita González. Mató a un hombre tirándolo por las escaleras del metro, de madrugada, y después, a una tía de una librería de Lavapiés, le arrancó la cara.
-¿De qué estás hablando?
-De una Serial Killer, Sayuri. Investiga eso, si es que quieres ayudarme
-¿Bromeas...?
-No, esta vez no. Gigi y yo encontramos su diario, y lo entregamos en una comisaría de policía, no en la tuya, porque no quería ver a Bruno ni en pintura...

Mientras decía esto, Sayuri sacó de un bolsillo interior de su cazadora un cuadernillo de notas y un boli, para ponerse a anotar en él a gran velocidad.

-Lo consultaré y mientras: llama a Bruno.
-A Bruno le importo un cuerno, nena. ¿Por qué tendría que llamarle?
-Porque ha pedido el traslado, ¡imbécil!
-¿Cómo?
-Esta misma tarde. Ha presentado su solicitud de traslado de comisaría...
-¡K JEBY! ¿Y a dónde se va, a las Bahamas a comer bananas?
-No, a Murcia.
-¿QUÉ?
-¡A MURCIA!

Lo siguiente que recuerdo, es a mí, en una postura nada cool, espatarrada entre dos coches y en los brazos de Sayuri, quién me abofeteaba para hacerme recobrar la conciencia, o simplemente, para vengarse de mí y hostiarme por darse el gusto tras haberle robado a su novio: Bruno.

-Despierta, ¡despierta!
-¡Basta! ¡EDURNE! –dije y me la intenté quitar de encima, pero la Sayuri me cogió del cuello de la cazadora y me forzó a mirarla a los ojos.
-Aunque no me guste, he de reconocer que eres el único imbécil al que Bruno haría caso en este preciso instante. ¿Entiendes?
-Sí -dije súper acojonadita, y ya de pié.
-Como se marche a Murcia, te prometo que haré de tu vida un infierno.
-¿Más?
-Más... así que ya estás llamándole y haciéndole entrar en razón.

Y al decir esto, me empujó hacia delante y mi culo dio contra el coche que había a mi espalda, y las piernas me temblaron. Sayuri se marchó, y yo tardé unos minutos en recobrar la fuerza suficiente para ponerme recta y divina, colocarme la cazadora, y coger las correas de mi mochila.

-¿Lo estoy haciendo todo tan mal? –y se me cayó una lagrimilla, de esas que siempre se te escapan cuando no tienes el valor suficiente para llorar. Saqué mi móvil y fui a marcar cuando se quedó en negro-. ¿QUÉ? –lo cerré y lo volví a abrir, y seguía igual. Le di a la techa de encender y me salió lo del PIN, que tecleé... tocó la musiquilla de entrada y volvió a apagarse tras salir unas cosas raras en la pantalla.

¡¡¡SE ME HA MUERTO EL MÓVIL!!!

Grité asustadísima y eché a correr a lo Niurka Montalvo hacia mi casa. Tenía que llamar a Bruno inmediatamente, y mi móvil la había palmado. ¡ESTABA MUERTITO, NEEENAAASSS! Y como suele ocurrir, cuando guardas teléfonos en tu móvil, no los guardas en ningún otro sitio más. ¡NO LOS ANOTAS EN NINGUNA PARTE! ¡¡¡PORQUE PARA ESO LOS HAS MEMORIZADO EN EL JODIDO MÓVIL, NEEENAAAA!!!

Seguí corriendo a casa, con el corazón latiéndome como el ballet de las irlandesas esas que taconean cogiéndose de la cintura, y que bailan súper tiesas sobre el tablao, moviendo sólo las piernas de rodillas para abajo. ¡¡¡Se ha muerto el cordón umbilical que me une con todo!!! ¡¡¡Se ha muerto mi Siemens SL65!!!

-¡Vaya mierda de Tercera temporada! –chillé en voz alta, recordando cómo en la Segunda Temporada de Desperate Housegays, se me había caído al lago Takami mi cámara de fotos digital, y tal...

Subí las escaleras de dos en dos, con igual estilo cool pero sin tanta rapidez (para no sudar, porque no hay nada tan poco cool como sudar, y las DIVAS no debemos tener ese tipo de defectos corporales), entré, cerré con llave, busqué como loca el cargador del siemens, y con las manos temblando como Anabel Alonso, cuando lucha como una jabata por sus barritas Krissia, conecté el móvil al PC, encendí el móvil, introduje el PIN y le di a descargar TODO. El ordenador comenzó a transferir los datos hasta que el móvil... la palmó otra vez.

-¡DESFIBRILADOR, LO PERDEMOS! –volví a encender el móvil, introduje el PIN, pitó varias veces y le di al ordenador para descargar datos y...

“PI PI PI” se apagó.

-¡No es hora de PIPÍ, NENA!

Le chillé, pero no pude hacer nada más que llorar, mirar el reloj de mi mesa de noche y confirmar la hora de su fallecimiento. Mi Siemens SL65, definitivamente, había muerto, así que sólo pude hacer lo único que se puede hacer en ese caso, lo cubrí con un pañuelo que tenía en la mesilla de noche, para no ver el amargo rostro de su cadáver.

Por los altavoces del ordenador, sonó una fanfarria (de datos mal cargados), y se abrió un ventanuco con toda mi agenda telefónica... hasta la letra J, y en mi cabeza oí aquel tema con el que abría GREASE, que decía algo así como “Loooooove is a maaaanyyy spleeeendor thinnnnnnnnnng”..., pero cantado por muchas putas colocadas con la brisa marina.

Di a salvar inmediatamente y anoté en un post-it el teléfono de Bruno, que lo tenía en mi agenda por duplicado... ¡NO! ¡Por triplicado! Su número de móvil estaba en CHULAZO* y en BRUNO* (yo les pongo un * cuando son teléfonos móviles), y luego tenía otro más: BRUNO CASA; arranqué el teléfono inalámbrico del cargador y marqué el teléfono de Bruno.