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miércoles, mayo 23, 2007

~EPÍLOGO-GO!~ 3ª Temporada


Tras mi última aventura, sucedieron cantidad de cosas... cosas, que intentaré resumiros en este Epílogo-Go!, hasta la fecha actual, el 2007…

No olvidarse, nenas, que toda la aventura de El Diario Secreto de Agapita González, ocurrieron en los dos primeros meses del 2006, con lo cual, mejor así, porque si todo lo malo pasó de sopetón en los primeros meses, ¡¡¡el resto del 2006 debería ser FANTABULOSO!!!, quise creer, y en parte, lo cierto es que ¡¡¡LO FUE!!!

Claro que pasaron cosas malas, como por ejemplo, que dejé de tener a Jessica y Manolo como vecinos, porque… tras la “revelaciones”, y que no te voy a decir cuales fueron, porque para eso me he escrito 35 capítulos, ¡HIJASDELAGRANPUTA!

Sí, nenas y nenes, Jessica y Manolo se separaron, no sé si de malas maneras, pero la cosa, es que se separaron y se marcharon del piso y el piso volvió a quedar libre...

Las Bossini se volvieron a Barcelona, porque yo les dije que les faltaba mucho entrenamiento para ser unas auténticas Divas, y que deberían seguir unos meses… (o AÑOS), con la Hidro-nena, y para allá que se fueron las muy taradas... pero claro, a las 6 horas me llaman, y me dicen que la Hidro-nena no está en Barcelona, y que se volvían para Madrid, y yo les dije:

-¡Y UNA MIEEERDAAA, NENAS!

Y les di a las tres la dirección del nuevo novio que tiene la Hidro-Nena, más conocido por LCGQBQB (o sea, La Chica Gizmo, Que brilla, Que Brilla), y las Bossini, ni cortas ni perezosas, se subieron a un bus con destino a Huesconsing, que está, más concretamente y situándolo en el mapa del Google, en HUESCA.

Desde entonces, dicen que Huesca ya no es lo mismo, porque estas tres descerebradas, cada vez que ven un paso de peatontas (que en Huesconsing los hay, aunque pocos), se creen que es Abbey Road, y se ponen a andar de forma rarísima, y claro, ya han estado a punto de ser atropelladas varias veces, porque una cosa debéis saber, y es que andar por Huesconsing, NO ES SEGURO, nenas. O te atropellan los coches o te puede caer un tiesto de alguna de las fachadas, o un carámbano del tamaño del un dildo en su época invernal, abrite la crisma como un water melon.

Pero volvamos a madrid, porque lo que les pase a esas tres putas, me importa un pimiento; el piso de Jessica y Manolo que había quedado libre… lo quedó, pero desgraciadamente por poco tiempo. Yo esperaba que algún chulazo lo alquilaría, pero no nenas, fue Gigi quién lo alquiló, y es que como dijo ella:

-Mira, tía, tu casa está demasiado ordenada y limpia, y la mía está lejos y además, la Space, que sigue suelta y en busca y captura, sabe dónde vivo y ya me intentó “jansesinar”.
-Es verdad, Han Sola…

Que vale, tiene mucha razón, pero tener a Gigi en la puerta de enfrente, es como tenerla DENTRO de casa.

-Tía, ¡k fuerta ha sonado eso!
-Pero es la verdad, Gigi…
-Pues sí, tía, pero lo podías haber dicho de forma más "lais".
-Andaaa... calla, y deja que termine, nena.

Eso, digamos que fue la parte mala.

-Gracias, ¡Puta!
-JUAS!
-Venga, cuenta ahora la parte buena, que el 2006 ha sido lo más, tía.
-Pues sí, pero si te callas un poquito, ¿vale?
-Oka, tía.

Prosigamos: la parte buena, es que, por increíble que parezca, las cosas han ido de mejor en mejor. Y eso, también asusta, porque si pasan tantas cosas buenas todo el rato, piensas: “cuando lleguen las cosas malas, ¡¡¡vamos a cagar peladillas, neeeenaaa!!!”.

Y las cosas buenas fueron, que gracias a la foto que le sacamos al demonio con el móvil de las Bossini (móvil que no le devolvimos, porque eran lo pior), el jefe del rubio que estaba en bolas y al que salvamos de las catacumbas, nos la compró y nos dio mucha pasta, gracias a parte de la cual, Gigi, se vino a vivir a la puerta de enfrente.

Pero ahí no queda la cosa, porque claro, curioso como era el hombre y dueño del periódico sensacionalista y de cosas raras llamado “Increíble pero Cierto”, me ofreció un trabajo, pero claro, ¡yo soy una Diva!, y tengo mis compromisos mundiales, además de ahuyentar a la Whitney Houston de los saleros para que no se los esnife, o a María Carey de cualquier McDonalds, al grito de “¡María, CARAJO, sal de ahí!”… le dije al Jefe que sólo podría trabajar en colaboraciones esporádicas, y si contrataba a Gigi, porque la Gigi es también medio zahorí, y sabe dónde están los líos paranormales… y va el tío, ¡¡¡Y NOS CONTRATÓ A LAS DOS!!!

Súper Jeby, nenas. Hay que estar muy desesperado para hacer lo que hizo el hombre, y por eso tiene toda mi admiración.

Desde entonces, nos hemos movido por Madrid, visitando pisos encantados (y nada encantadores), entrevistando a una señora de 120 kilos que decía que los pezones de sus tetas eran dos ectoplasmias, aunque la verdad parecían dos platos de ensalada de lo enormes que los tenía, y acompañamos a un lampiño (esto es un hombre sin pelos) que decía que era un hombre lobo, en una noche de luna llena, y al tío, ¡no le salió ni un pelo en las narices!, así que al final lo llevamos Al Paso, buscamos unas cuantas "osas donantes de pelo", le pegamos unos cuantos pelos ensortijados con agua y azúcar y le sacamos unas fotos, y también las vendimos, ¡¡¡y nos dieron más pasta…!!!

Y no nena, no fue mentir, fue... ayudar a los demás a que cumplan su ilusión, como la de ser un Hombre Lobo.

Y todo iba bien en la redacción, cuando en uno de los casos, donde habían trabajado varios redactores del periódico, terminaron desaparecido misteriosamente, y el Jefe, nos quería mandar a nosotras. A mí de reportera y a Gigi de fotógrafa, pero claro, para ello, teníamos que ir en coche a alguna parte lejos de Madrid, ¡y ninguna de las dos teníamos coche! Es más, por no tener, ¡¡¡NO TENÍAMOS NI CARNET DE CONDUCIR!!!

Así que me dije: “DON’T PANIC”.

Nos apuntamos a una autoescuela, y nos sacamos el carnet a los pocos meses, porque somos súper listas, y porque además, tengo una ropa ideal que conjunta cantidad con un Opel descapotable de esos de dos plazas. Seríamos la envidia de Chueca, y lo fuimos, ¡anda que no! Y a Gigi le hizo cantidad de ilusión eso de conducir, y yo la dejé, porque como bien podéis imaginar… ¿qué es una Diva sin un chofer? ¡Pues una Meng-Diva, nenas!

Y ya con todo eso, fuimos al Jefe, y le dijimos que queríamos ese caso en el que habían desaparecido 4 periodistas…

-En realidad ya son cinco –dijo él muy preocupado.

Esto fue por Marzo o Abril del 2007, de este mismo año, vamos.

-¿Y porqué desaparecen los periodistas? –preguntó Gigi.
-Nadie lo sabe… simplemente van… comienzan a trabajar durante unos días, preguntando a los testigos, y luego, desaparecen, dejando todas sus cosas…
-¡K JEBY! –dijo Gigi.
-De todas formas, no quiero que vayáis vosotros... aún estáis muy verdes…
-HUALA! ¿Verdes? Pero si siempre que sale un artículo nuestro, ¡la tirada se duplica, Jefe!
-Por eso mismo.
-Ah, que es un cumplido… vale.
-Además, esta vez irá Rosario Fitis.
-¿La Rosi? –preguntó Gigi-. ¡Pero si La Rosi tira las fotos sin quitarle la tapa al objetivo!
-Tranquila, Peter Parker, déjame esto a mí –y paré a Gigi con una mano-. Jefe, sé que es una misión súper peligrosa y todo eso, pero también sé, que esté, podría ser el “cliffhanger” de la Cuarta Temporada de Desperate Housegays…
-¿Qué es eso del “cliffhanger”?
-Un gancho, Jefe.
-Gracias por la puntualización, Gigi…

El Jefe se quedó pensativo unos minutos, y luego se puso a negarlo con la cabeza como cuando los perros intentan secarse, y se mueven de arriba abajo.

-No, irá Rosario Fitis. Ya está dicho. Saldrá hoy mismo…

Y en ese momento llamaron a la puerta, y era ¡La Rosi!

Rosario Fitis es una morenaza con un cuerpazo de escándalo y unas tetas poderosas como proas de trasatlánticos, pero que lleva unas gafas que parecen las primas del telescopio Hubble. Vamos, que le puede estar enseñando la polla el mismísimo King Kong, y ella ni se entera de lo cegata que es.

-¡Buenos días, Jefe! –dijo la Rosi con su voz cantarina-. Ya estoy lista para salir esta misma mañana. Y he reservado una habitación en el motel que hay a dos kilómetros del asilo.

¿Un Motel? ¿Un Asilo?

-Si salgo en media hora, podré estar allí para la hora de almorzar, y comenzaré a hacer las entrevistas esa misma tarde.

-¿Y qué hay en ese asilo, Rosi? ¿Yayos empastillados de Viagra? ¿Desaparecen las dentaduras postizas de los vasitos de agua? ¿O hay algún monstruo que se bebe el pis de las cuñas?
-Pues hay… -comenzó a decir, y mi Jefe la cortó.
-Nada que os concierna a vosotros dos… Estáis fuera de esto, chicos.
-Jooo… -dijo Gigi.
-Jooo… -dije yo poniendo carita del gato de Shrek.
-Jooo… -dijimos las dos a la vez, porque ya lo teníamos súper ensayado en el espejo de casa, y nos salía súper bien y súper natural que lo flipas.
-NO –dijo el Jefe, y nos largó a las dos de su despacho.

Y así, con este cliffhanger que te cagas, y completamente ignoradas como dos marikas en el Día del Orgullo Gay, nos fuimos a casita, esperando que nos encargaran otro reportaje, y buscando también cosas por nuestra cuenta, hasta el momento…

Y te dirás: “vale, todo esto muy chulo, nena… pero lo que queremos saber es qué pasó entre Bruno y tú, desde la última vez que os visteis en el Capítulo 35…”

Es que parece que tenéis telepatía, nenas, porque Eso precisamente era lo que iba a contar para cerrar este Epílogo-GO!

Bruno y yo volvimos a vernos… y en más de una ocasión, nenas, pero claro, esto fue durante meses, hasta, que el fin de año del 2006 lo pasamos juntos, y el 1 de Enero de 2007, nos despertamos en la misma cama, de un hotel monísimo de la muerte, en algún lugar de Europa que no era España (ni Lan-Don, porque aborrezco Lan-Don, nenas).

A la vuelta a Madrid, hicimos algo súper jeby, y fue, decidir lanzando una moneda al aire, en cual de las dos casas íbamos a comenzar a vivir juntos. Sí, nenas ¡JUNTOS!

¿Y qué casa creéis que fue la ganadora? ¡La mía, porsupuestísimo, nenas! Además que está mejor decorada que la de Bruno y que tiene todo mi santuario de Dolly Parton, y que además es más grande que la de él, y más céntrica y todo eso, y porque además, creo que soy la única persona en Europa, que tengo un euro defectuoso con la cara de Juan Carlos por ambos lados. JA!

Sí, nenas, desde el 1 de Enero de 2007 ya vivimos juntos, y no tenemos nada que envidiar a esas parejas tan cools que salen en las portadas de “Pronovias”. Para nada, nenas… y hasta de vez en cuando, hemos hecho alguna cenita en casa, a la que se ha apuntado Sayuri y Gigi, aunque Gigi se apunta cada dos por tres a cualquier cosa, claro. Incluso, hasta la Pauli (porque ella lo vale), se vino a mi cumple y todo.

Con esto quiero decir, que después de Tres Temporadas de Desperate Housegays, o lo que es lo mismo: 105 capítulos (sin contar los tres Epílogo-Gos!, porque entonces serían 108 capítulos), oficialmente… ¡¡¡YA TENGO NOVIO, NEEENAAASSSS!!!

¡Hasta ni yo misma me lo creo!, de lo fuerta que es… pero sí, nenas:

¡¡¡TENGO NOVIOOO!!!!

Y es una experiencia que espero, alguna vez en esta vida, os ocurra a todas porque es ¡LO MÁS, nenas! Hasta se me pone la piel de gallina, cada vez que lo pienso. Como que estoy por sacarme una foto del antebrazo para que lo veáis y todo, pero no, tampoco quiero que os pudráis de envidia, por seguir siendo marikas solteras y desesperadas.

Hasta que un día… una noche en la que volvía muerta, y Gigi más, porque habíamos estado toda la tarde hablando con una madre que tenía un hijo con dos cerebros por culpa de la Play Station 3 (sí, nenas, otro reportaje para Increíble pero Cierto) que, aunque el niño era cabezón, calvo y feo de la hostia incalificable, no tenía aspecto de tener dos cerebros, hasta que su madre nos enseñó unas radiografías del médico… ¡¡¡Y ERA VERDAD QUE TENÍA DOS CEREBROS!!!

Como decía, llegando MUERTA a casa, me asusté al abrir la puerta y encontrarme con una vela encendida (que vale, alguna vez me dejo alguna encendida, pero juraría que esta vez no me la había dejado), al lado de una cajita negra con un lazo rojo, monííísimo.

A mi, que la curiosidad me pierde, y sin romper el encanto del momento, dejé la bandolera tan cool de Camel Active que tengo en el sofá, y me senté delante de la cajita de cartón, negra, con unas letras doradas que decían: BVLGARI.

Decir que me quedé sin aliento, fue poco…

Quité el lazo y la destapé, y dentro había otra cajita, ya de piel, con la palabra BVLGARI grabada… y las yemas de los dedos incomprensiblemente se me humedecieron (porque las Divas no sudamos, que lo sepáis), pero sí que lloramos, y los ojos se me empañaron, y me los limpié antes de levantar la tapa y descubrir que dentro… había un Bvulgari de oro blanco…

¡¡¡UN BVLGARI, NEEENAAASSS!!!

-¡¡¡Sí quierooo…!!! –grité a pleno pulmón.
-¿Sin que te lo pregunte antes?

Dijo Bruno desde alguna parte de la casa, y miré a los lados, llorando como Meryl Streep en un recopilatorio de TODAS sus películas, y le descubrí en una esquina del salón, en la penumbra… y me lancé a sus brazos y le besé hasta que casi me lo como entero, y algo se puso a vibrar en mi entrepierna… ¡¡¡MI MÓVIL!!! Pero yo no estaba para móviles en aquel momento…

¡ACABABAN DE PEDIRME MATRIMONIO, NENAS! ¡¡¡A MÍ!!!

-Espera, espera, que me ahogas –dijo Bruno, mientras me caían los lagrimones-. Contesta al teléfono…
-No puedo, nene, ¡no sé si puedo hablar! Sí quiero. Sí quierooo…

Lo decía por el anillo, no porque quisiera hablar por el móvil, porque seguramente sería Gigi para cualquiera de sus tonterías, pero Bruno metió sus manazas en mis bolsillos y sacó el móvil, y me enseñó la pantallita. Era una llamada de mi Jefe.

Emocionada, descolgué y grité.

-¡Jefe, me acaban de pedir el matrimonio!
-Me alegro y espero que te vaya mejor que a mí con las tres zorras de mis ex esposas.
-¡Pero es que esto es muy jeby, jefe! ¡Que es un Bvlgari! ¡DE ORO BLANCO! Ideal de la muerte y que pega con todo lo que me ponga…
-Felicidades, pero al grano: ha surgido un problema…
-¿Qué? No, por favor, problemas no. Este momento es demasiado importante para mí. ¡Llevo tres temporadas y ciento cinco capítulos, sin contar los tres epílogo-gos, Jefe, para que pase ESTO, Jefe!
-Escucha…

Y entonces me puso por el altavoz del contestador de la redacción, una cacofonía de ruidos rarísimos, y unos gritos de terror indescriptibles, y golpes, y cristales rotos, y más gritos… hasta que comprendí que aquella tía histérica que pedía socorro, auxilio, piedad y no paraba de berrear “no, por favor, noooo” a lo Hostel 1 y 2 juntas… era…

¡¡¡ROSARIO FITIS!!!
¡¡¡LA ROSI!!!

domingo, mayo 20, 2007

~35~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Tras robarle la bicicleta a una niñaka cabrona, que no veía desde la Primera Temporada de Desperate Housegays, hice el tramo en bici casi desde la entrada del Parque del Retiro, hasta la estatua del ángel caído, en la que estaba Amanda, corriendo como una loca, porque estaba poseída por el espíritu de Agapita González, en medio del tormentón del siglo, entre truenos y relámpagos; por un momento volvió a ser Amanda, pero sólo por un momento, porque Agapita González volvió del infierno ¡¡¡PARA MATARME, NEEENAAASSS!!!



Los ojos rojos de Amanda y aquella sonrisa, no prometían nada bueno, sobre todo para mi integridad física, cuando me agarró del gaznate con una mano y comenzó a apretar. ¡Me estaba ahogando! ¡A MÍ! ¿Os lo podéis creer? Podía morir de una pulmonía con la lluvia que arreciaba, o partida en dos por cualquiera de los numerosos rayos que estaban cayendo en la fuente de la estatua del ángel caído, pero no, nenas: iba a morir asfixiada, y me iba a quedar sin poder decir mi última palabra, ¡como lo hubiera hecho Roseane! ¡K JEBY!

Abrí la boca para intentar gritar, y como si me estuviera viendo en un espejo, la cara terrorífica de Amanda, compuso un gesto de asco y también abrió la boca, levantando las cejas hasta donde le nacía el pelo de la frente… y yo grité, o lo intenté, porque con las vías respiratorias cortadas, como que es súper jodido gritar… cuando vi aquella cosa que era como…

UNA MIERRRDA (sí, nenas era asquerosísimo de verdad), una mierda de color gris petróleo, vaporoso pero consistente, porque no era transparente para nada, comenzó a salirle de su boca, en dirección a la mía. ¡Un tentáculo ectoplásmico! (que dirían las descerebradas de Milenio 3), le estaba saliendo de la boca, ¡con intenciones de meterse en la MÍA!

Cerré el pico de inmediato y con una mano me tapé la nariz, ¡no sea que aquella mierda también se pudiera esnifar! Pero a los pocos segundos, descubrí que COÑO, ¡¡¡me estaba ahogando yo solita!!!, sin la ayuda de la zarpa de Amanda que me cerraba el gaznate… y hasta pensé que, si aquella cosa se metía por los orificios del cuerpo, ¡a mí aún me quedaban tres! Las dos orejas (para las que ya no tenía manos) y el… ¡POMPIS!

Sin pensármelo dos veces, y porque me estaba poniendo morada a causa de la asfixia, cogí aquel tentáculo viscoso con ambas manos y tiré de él hacia abajo con todas mis fuerzas… momento que, al no tenerlo delante de mi cara, utilicé para llenarme los pulmones de aire que estaba cargadísimo de ozono y humedad, debido a la tormenta eléctrica.

Amanda se crispó hacia atrás, berreó como si le desgarraran las entrañas y me salpicó un pestilente aliento a huevos podridos y pescado más podrido aún, que harían vomitarse al mismísimo Torrente, de lo asquerosamente asqueroso que olía aquello.

-¡SOCORRO! –conseguí articular, gritando a pleno pulmón, mientras esa cosa se agitaba entre mis manos como una pitón, y me esposaba las muñecas, los antebrazos y llegó incluso hasta los codos, cuando Amanda, en una arcada final, gomitó esa cosa contra el suelo, dejó de cogerme por el cuello y se fue hacia atrás, terminando espatarrada de espaldas en el suelo de cemento, dentro de un charco de agua.

La cola de esa “serpiente ectoplásmica”, que supuse era el espíritu de Agapita González, y no lo supuse porque me llegara la inspiración y dijera “¡Anda! ¡Seguro que esta cosa es el espíritu de Agapita González!”, no, nenas, sino que lo supuse porque yo sé qué pinta tiene una serpiente, y también sé lo que es un ectoplasma gracias a los Caza Fantasmas, agarré aquella cosa con toda la fuerza que me imprimió el terror de la situación, jurándome a mi misma (y por las bragas de Dolly Parton tras un rodeo) que no se me escaparía de las manos.

Y entonces ocurrió algo extrañísimo. ¿Conocéis ese rollo que te cuentan de los que casi se mueren, que dicen que ver su vida pasar como a toda velocidad y después ven un túnel de luz y van hacia la luz, hasta que alguien desde el más allá les dice: “no es tu hora, nena, vuelve en otro momento”? Pues no se parecía a nada de eso, nenas… porque lo que ocurrió, es que sufrí como “sensaciones visuales”… y mucha pero muchísima rabia. La rabia que albergaba el espíritu maldito y eternamente condenado de Agapita González.

A través de sus ojos, sentí la profunda admiración que sintió por Manolo, desde el primer momento que su hermana Jessica lo llevó a cenar a casa, y descubrí también, quizá porque ella fuera la hermana pequeña, o porque Manolo se dejaba querer, que entre ellos surgió algo, y ese algo, lo sintió Agapita como amor… luego lo que sentí ya no tuvo gracia, porque fue muy doloroso…

Jessica se fue a Madrid a trabajar en el hospital, y Agapita sufrió muchísimo por su marcha, al pensar que Manolo también se iría tras ella, pero Manolo la quería, nenas, y prometió estar a su lado siempre… ahora ella era su hermanita pequeña, y en esos meses que ambos vivieron en Murcia, Agapita… lo pude saber, porque a la vez que lo sentía, podía ser una espectadora exterior de esta tragedia, Agapita confundió ese afecto, por el amor… y cuando Manolo se fue de Murcia al salirle una plaza en el parque de bomberos, la traición y el dolor partieron el corazón de Agapita de manera tan profunda, que esa herida jamás se cerró, y se fue extendiendo y pudriéndola en su interior…

Ese dolor, también se me pegó a mí, nenas, porque estaba sintiendo lo que ella sintió… pero yo que tengo más edad y muchísimo más background que Agapita, supe diferenciar entre un amor platónico y un amor, para toda la vida, y lo suyo con Manolo, sólo fue un amor platónico, que jamás fue correspondido por la otra parte, entre otras cosas, porque Manolo, tampoco tenía muy claro qué era lo que le gustaba, y ahí fue, donde descubrió que Manolo, además de estar saliendo con su hermana… ¡salía con hombres! Entonces su corazón se secó y endureció como una piedra volcánica, llenándose de oquedades vacías y formas punzantes, capaces de hacer daño a los demás…

Ahí fue, cuando realmente comenzó la verdadera maldición de Agapita González. El resto… ya lo conocéis durante todos los capítulos de esta Tercera Temporada de Desperate Housegays.

Un rayo cayó a dos metros de nosotras, y digo nosotras, porque yo aún seguía con el alma de Agapita entre las manos, y el sonido del trueno, además de dejarme sorda, proyectó una onda que me lanzó hacia atrás…

Por un momento creí que el dolor me impediría moverme, porque caí de espaldas, escoñándome los codos en la caída, pero no sé como, conseguí levantarme y quedar sentada, mirando al frente, intentando entender lo que estaba viendo.

Muchos rayos, pero sin pasarse, caían en vertical sobre la fuente circular que sirve de base a la estatua del ángel caído, electrificando el agua hasta convertirla en una especie de gigantesca luciérnaga que proyectaba hacia arriba su luz, y dotaba a la estatua de un anillo cilíndrico que superaba varios metros la altura de la estatua… y del interior de la fuente salía un cuerpo de dos metros, alto y delgado, que al igual que lo haría una serpiente pitón engullía lentamente algo que había en el suelo, cerca de la fuente.

Retrocedí lo que pude, e intenté localizar el cuerpo de Amanda, que no vi hasta la siguiente descarga de rayos y corrí hacia ella, mientras que al pié de la fuente, la enorme serpiente engullía con una lentitud tremenda, el alma de Agapita González.

Conseguí alejarme lo bastante (cargando el cuerpo de Amanda, que pesaba lo suyo), hasta un grupo de árboles, y desde allí, y sin quitar ojo de la secuencia terrorífica que estaba ocurriendo, localicé a la serpiente, reptando y con la cabeza bien alta, dando un rodeo a la fuente, como si buscara algo, antes de zambullirse otra vez dentro del agua, y reptar por el cuerpo de la estatua del ángel caído, hasta quedar como siempre había estado, atándole por la cintura, la mano y los pies... y se detuvo.

Los rayos fueron cesando, y perdiendo su puntería. Uno de ellos impactó en un árbol y lo fulminó, partiéndolo casi por la base, pero sin producir llamas. Un hachazo de Dior, supongo; volví a mirar hacia la estatua del ángel caído, y la gigantesca serpiente volvía a ser de piedra, enroscada donde siempre había estado enrosacada al cuerpo del ángel caído, esclavizándole para toda la eternidad al Infierno… al igual que había ocurrido con Agapita González.

Por fin, su alma descansaría eternamente, en el Infierno.

La lluvia comenzó a bajar de intensidad y poco a poco, la oscuridad que envolvió misteriosamente el Parque del Retiro en cuanto Amanda, poseída por Agapita puso un pié en él, fue desapareciendo… los árboles comenzaron a adoptar un tono gris, luego con algo más de color… y en menos de cinco minutos, el cielo se había despejado completamente de nubes y el sol brillaba, como lo había estado haciendo durante esa mañana.

Al principio me sentí medio sorda, con tanto trueno y la lluvia repiqueteando como había caído, hasta que volví a tener noción de la ciudad… alarmas de coches que se habían disparado con la tormenta eléctrica, claxons sonando, en lo que supuse sería un atascazo del copón, sirenas de policías y bomberos, y allí estaba yo. Calada hasta los huesos, con la guiri de Amanda, aún con su uniforme de enfermera, frita, o por lo menos, inconsciente… y como supuse ocurriría, porque OCURRE en todas las películas de este género, sin acordarse de nada de lo que había pasado.

Como mi salida del Parque del Retiro, no fue todo lo COOL que hubiera querido, intentaré resumirla en unas pocas líneas…

Intenté despertar a Amanda, pero ella estaba como gilipollas perdida, como lo estaría un inglés tras 3 días de Sanfermines (quiero decir, como una borracha balbuceante), me la cargué a la espalda y busqué una salida del parque por todo el Paseo del Duque, hasta salir por la Puerta del Ángel Caído y comencé a andar por la calle de Alfonso XII hacia la entrada principal del parque, hasta que me cansé de cargar a Amanda, la dejé como pude en la acera y me senté a su lado, para recobrar el aliento.

Hay que joderse, con la cantidad de tías a las que le va el rollito de la anorexia, y a mi me toca cargar con la única que no hace dieta en todo el Universo…

Intenté distraerme, mirando todo el caos que había en la calle, y la gente hablando a voces, corriendo por las aceras, hasta que aparecieron dos chicos, monísimos con trajes de enfermeros, que me preguntaron que si estábamos bien, y yo le dije que la Amanda no, que le había dado un… ¡algo!, y se había quedado así como drogada.

Y es que no pensaba resumirle estos 35 capítulos de La Tercera Temporada de Desperate Housegays a dos enfermeros, nenas… ¡Over my dead body!

Cogieron en volandas a Amanda, y se la llevaron. A mi también se me querían llevar, pero les dije que ya había tenido suficiente ambulancia por esta Temporada, para meterme en otra y terminar viajando en una camilla sin frenos ni volante, contra la Cibeles. Les di las gracias, me levanté y seguí andando como pude, hacia la entrada principal del Parque del Retiro.

Intenté llamar a Gigi por el móvil, pero por culpa de la tormenta eléctrica, no funcionaba. Ni el mío, ni el de mucha gente que vi por la acera y que intentaba llamar a sus familiares, para contar lo que habían vivido.

Y como estaba tan hecha polvo, y además tenía algo de electricidad estática (porque me fui a apoyar contra un semáforo y casi no lo cuento del zambombazo que me dio), me dije: “Dolly, ¿dónde vas a estar mejor que en casa? ¡Pues en casa!”

Y me fui andando para casa.




...




Pero vamos a ver, hijasdelagranputa: ¿creéis que después de todo lo que he pasado, voy a finalizar esta Temporada así?

Pues no, nenas, porque pasó algo más de camino a casa…

Yo andaba como medio zombie, 1º porque estaba con el cuerpo más molido como una masa de pizza, y 2º, porque iba calada de agua, así que por si las moscas, me quité el móvil y el ZEN del bolsillo interior de la cazadora de súper puta, no sea que me los cargara con la humedad, y los llevé en las manos durante largo rato, sin importarme un pimiento si pasaba alguien a la carrera y me los robaba. ¡Como que estaba yo para correr tras de alguien!

Así que seguí andando hasta el edificio de correos, viendo de soslayo, y como si la cosa no fuera conmigo, todos los destrozos que había provocado la tormenta… sobre todo, destrozos de coches que se habían chocado entre sí, y grupos de policías que intentaban calmar la situación entre los conductores alterados, hasta que alguien me llamó.

-¿Dolly?

Busqué a los lados y una mano me tocó el hombro para indicarme donde estaba y me volví. Mira que hay gente en Madrid, y voy y tengo delante a la última persona en este mundo que esperaba encontrarme.

-¿Estás bien? –me preguntó Bruno, mirándome de arriba abajo.
-Ay, nene, estoy como si acabara de salir de un SPA… me duele todo el cuerpo, hasta esas partes donde se supone que no me debería doler, van y me duelen, y tanto el móvil y el ZEN no me funcionan. Seguro que Gigi estará como una loca intentando llamarme.

Hubo un incómodo silencio y me sonrió, mirando a nuestro alrededor.

-Todo esto… supongo que tú, no tendrás nada que ver…
-¡Bueno, ya! –dije algo cabreada-. A ver, ¡siempre que pasa algo en Madrid, o es culpa del PP o de Dolly Partos! ¿No?
-Alguien denunció una camilla de ambulancia sin control, conducida por alguien que vestía como tú…
-¡Pues claro que no tenía control, nene! Por no tener, ¡no tenía ni un jodido volante!

Y sin venir a cuento, va y me abraza, cosa que me encantó, pero aterida de frío y agua como estaba, a mis músculos le costaron sentir la presión de sus brazos y volví a oler ese afther shave que utiliza Bruno, y que me pone cantidad, pese a que no pertenezca a ninguna de las marcas conocidas por las Divas.

-Nene, ¿Qué haces? –pregunté medio cateta, al ver por sobre su hombro, cómo su compañero nos miraba con perplejidad.
-Creo… -comenzó a decirme bajito, cerca de la oreja-, que empezar a disculparme.
-¿Ah, sí? Ah, vale, un abrazo de oso no está mal… para empezar.
-Si quieres lo dejo.
-Ay, no, que ahora empiezo a entrar en calor… y me importa un pito que estemos en medio de la calle, con toda esa gente mirándonos…
-A mí también me importa un bledo.

Me apretó con más fuerza contra él, como dos amigos que vuelven a encontrarse pasados 35 Capítulos, porque desde La Segunda Temporada de Desperate Housegays no lo hacía, y luego me miró a los ojos.

-No sé si podré hacerlo… con toda esta situación que “has montado”, pero… si me lo pides tú, te acompaño a casa.
-Mejor que no, eres policía y tienes que ayudar a todos esos ciudadanos que no saben qué ha ocurrido durante esta hora, pero te avanzo, que el chocho gordo ha sido dentro del Parque del Retiro, en la estatua del ángel caído…
-Es bueno saberlo –dijo separándose-. ¿Estarás más tarde en casa?
-¿Dónde si no? Creo que me perezco un descanso, pero… y sólo si quieres y te apetece, que sepas que la puerta de casa siempre la tendrás abierta.

Él no respondió, sólo sonrió y volvió junto a su compañero cuando le llamaron.

-¿Te veo más tarde…? –me preguntó en voz alta.
-¡Cuando quieras! –dije con los ojos llenos de lágrimas.

Me quedé unos segundos de pié, en medio del paso de peatones, en medio de un atascazo monumental en la castellana, y le vi subirse al coche de policía y poner rumbo hacia el Parque del Retiro, conduciendo con las sirenas puestas y esquivando el atasco.

Me limpié las lágrimas, y seguí andando hacia casa, con una idea que me hizo entrar en calor inmediatamente. Por fin, alguien se preocupaba por mí; intenté encender el ZEN para ponerme un tema súper COOL que equiparara mi estado anímico de felicidad y de marika que quería creer que volvía a tener novio en este mundo, o que en el peor de los casos, que había recuperado una amistad muy querida que había perdido... ¡y el jodido ZEN no se encendió ni patrás!

-¡VAYA MIERDA! –dije súper indignadísima.

Y ahora sí, nenas...




~FIN~

viernes, marzo 16, 2007

~28~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Hiperhorrorizada, rodeada por demonios y por la gigantesca bestia, que ya es como de la familia tras tantos capítulos sufriéndola, ¡pero no en silencio, nenas!, descubrí que el agua bendita tenía su efecto real, y con la cuarta monea de oro, aquella cosa me habló, telepáticamente… quiero decir, que aunque nos comunicáramos, mi terror no bajó ni un ápice. Es más, ahora estaba petrificada, delante de aquella boca.


Aquella cosa tenía ganas de cháchara, como suelen hacer los narcotraficantes o los policías corruptos al final de las películas, antes de que aparezca el bueno y le meta un tiro entre los ojos. Pero yo estaba sin pistola, ¡y aquel bichako no tenía ojos! Por lo menos a la vista.

-¿Quién sois “nos”? ¿Alguna asociación de esas que luchan por los derechos de los animales? –pregunté… porque no se me ocurrió otra cosa que decir, arrebujándome en el interior de mi cazadora de súper puta, que apestaba a gómitos, a quemado y que para más humedades, estaba empapada de agua bendita.

“nos”
-Vaya… así que sois NOS… ¿No On Sunday?
“nos”
-Ya nena, pero ¿NOS?
“nos” –y se acercó más a mí- “nnnooosss…”

Cerré los ojos, creyendo que tras esa palabra, me metería un bocado, pero no… no pasó nada, así que abrí un ojo… ¡y ahí estaba! Y se me escapó un gritito… conté hasta diez fresisuis, y respiré hondo, de lo que me arrepentí de inmediato, porque el aliento de la bestia era terrible, nenas.

-¿Y no hay una encargada? –dije finalmente. Hice memoria de todas las pelis de terror que había visto, y de las pornos gay de terror que también había visto, como aquella donde una marika que no follaba mucho, invocaba al diablo y le salió un negro 4X4 con un rabo más largo que los créditos de Ben Hur-. ¿Podría hablar con alguien de vosotros?
“nos…”
-Y dale… sí, con alguien de los NOS…

¿Quién puede estar muerto, en el infierno, y que no fuera peligroso para mi integridad física? Se me ocurrió por un momento en James Brown, pero claro, con tanto meneo del cadáver, ¡seguro que lo habían perdido en el infierno! Además, esto estaba transcurriendo en enero de 2006, ¡y sería un anacronismo, nenas!

¿Qué tal invocar… a… alguien que fuera lo bastante malo, para estar en el infierno, y que no me hiciera daño? ¡Horror, nenas! ¡Estaba en blanco! ¡Dolly! ¡Recuerda, estás en la Tercera Temporada de Desperate Housegays! ¡AGAPITA GONZÁLEZ!

-¡Agapita González! ¡MANIFIÉSTATE! –grité a pleno pulmón. Siempre quise guitar eso de ¡Manifiéstate! Como en las pelis de terror… aunque tiene muchísimo más glamour, el "¡LAS CORTINAS, DÓNDE ESTÁN LAS CORTINAS!", a lo Kidman en Los Otros, pero donde estaba no había cortinas, nenas.

Lo que sucedió entonces, sólo podrían haberlo hecho los de WETA, acostumbrados a hacer CGI de diseño; la bestia comenzó a vibrar y retrocedió, abriendo la boca hasta desencajar las mandíbulas lanzando un alarido terrible hacia arriba. Se hundió en el suelo mientras todo su cuerpo se daba la vuelta y una forma humana emergió de las entrañas; la piel de la bestia que se había plegado en el suelo, subió por las piernas perfectas y se fusionó con la carne pálida y lechosa, tiñendo zonas hasta dejar a aquello que había regurgitado, en la forma de una joven de veinte años, o así, con un traje de seda negra muy ceñido y vaporoso, hasta las rodillas, y con generoso escote; la muchacha, de melena negra hasta los hombros y ojos rubí, hizo un mohín y cerró los párpados sobre mí. Como si sintiera curiosidad. Como si me analizara.

-Agapita González, ¡SUPONGO! –dije yo en plan exploradora africana.
-¿Te conozco? –preguntó con una voz que PARA NADA tenía de femenina, y se cruzó de brazos, mientras que una ráfaga de ve-te-tú-a-sa-ver qué puerta se habían dejado abierta, hizo que el bajo de su vestido ondulara al igual que su melena.
-Pues no, nena, pero gracias a mí, que sepas que toda la blogsfera te conoce, y quieren saber qué coño es de ti…
-¿Por qué? –dijo igual de tiesa, de misteriosa, y de anime japonés, porque se le volvió a mover el cabello y el bajo de la falda.
-¿Puede ALGUIEN cerrar esa puerta, por FAGOR? –Dolly, tranquilízate, nena. No es el momento más propicio para perder los nervios. Hay que estar clara, despejada y soleada-. ¿Sabes quién soy?
-¿Debería?
-Pues sí, nena, porque yo y mi ego somos uno… y luego están mis fans, claro… y mira que les ha tocado leer un rato largo para ver qué coño pasa contigo, nena.
-¿Quieres acompañarme y comprobarlo? –me preguntó extendiendo la mano hacia mí.
-Pues no, nena, me encanta este lado. Ya sabes, el de los vivos. Los rabakos de los vivos; sé que la gente tiene que morir algún día, pero te puedo jurar, que este no es mi día, además, yo no moriré, porque como Diva, lo más seguro es que me convierta en Leyenda.
-En ese caso, ¿qué es lo que quieres saber? ¿Por qué me has llamado?
-Te he llamado, porque tú eres el Mcguffin de esta temporada, nena, a parte de porque estás muerta y todo eso… ¡y para ver una cara más agradable que la del bichako ese, coño!
-Ves lo que fui, no lo que soy ahora… ¿quieres ver lo que soy?
-No, no, no, no, nena, que así estás fantástica y súper ideal con ese vestidito salto de cama, además, ¡eres guapísima de la muerte, nena! No sé por qué, te imaginaba horrorosa. Bueno, no sólo yo, Gigi y varios más en este blog te imaginaban espantahorrible de la muerte lenta. Un Callo Malayo, nena. ¿Te dejan salir mucho tiempo?

A mi pregunta, Agapita pareció relajarse y me miró de otra forma, no en plan portera de discoteca de lesbianas... de mal rollito desafiante y todo eso.

-Tú me has invocado… tenemos una eternidad…
-Uis nena, pues yo sólo tengo un folio, porque son tres páginas por capítulo, Agapita, y estamos en el tercer folio con esta frase mía, nena…
-¿Y quieres perder este folio, diciendo tonterías?
-Es mi sino, nena, pero tranquila, que recapitulo en un plis plas, y me pongo mentalmente al día. A ver: ¿Por qué quieres matar a mi vecino?
-Me pertenece.
-No, nena, nadie pertenece a nadie. Él se fue de Murcia, y tú, a lo Charo Stone con el pica hielos, le seguiste a Madrid, nena. Luego te cargaste a uno por error, vale, y terminaste enamorada de un satanista, que estaba mal de la cabeza, y te merió en sus fiestas y esas cosas. Así que Manolo no es que te importara mucho, ¡digo yo!
-Estamos hechos el uno para el otro…
-¡JAjeJIjoJU! Si supieras la de veces que me he visto diciendo esa frase, y al otro día arrepentirme, fijo que te daba algo. Además nena, y no te ofendas… ¿qué coño te vas a ofender? ¡Si estás muerta, coño! ¿Pero qué hago discutiendo con una muerta? Manolo es bisexual, nena. Por mucho que le quieras, llegará un momento, que la cabra tire al monte, ¡y se la folle José María Pou! Y es que a Manolo también le van los tíos, detalle que se te escapó cuando vivíais en Murcia.
-Esos son fáciles de eliminar…
-Claro, empujándolos al tráfico de la Gran Vía para que mueran atropellados, ¿me equivoco?
-Es una forma de decirlo.
-No, nena... es una forma de hacerlo… que es lo que haces. ¡Asesina del más allá!
-¡Me juró amor incondicional! –gritó enfurecida los ojos avivaron el brillo escarlata.
-¡Fue una expresión! ¡Una frase hecha!
-¡Hicimos un pacto de sangre!
-¿Pero estabais sonados o qué? ¿Tú no sabes la de cosas que se te pueden meter por la sangre? ¡HASTA EL COLESTEROL!
-Nos pertenecemos… y tendrá que amarme lo quiera o no, porque nadie podrá amarlo y seguir vivo.
-¡Eres peor que las concursantas de Gran Hermano, nena! Peor que la Milá, que dijo que meaba en la ducha y que no hay nada mejor como “defecar en el mar”. Eres una guarra, nena.
-Al final, será mío…
-Tengo tu diario, sé lo que has hecho y sé lo que harás… y se lo voy a contar todo a Manolo y a Jessica, que ella sí que lo quiere mucho y está sufriendo mucho por él.
-¿Le contarás también a Jessica, que a Manolo le gustan los hombres? ¿Cómo le sentará eso a la po-bre-ci-ta Jessica? –dijo con sorna y muy mala baba. Claro, como estaba en el infierno, tenía que se cabrona y más lista que el hambre.
-Pues se lo diré ¡con mucho tacto!
-Será mejor que lo hagas pronto… antes de que me ocupe de ella.
-¿Ocuparte de ella? –y sentí terror por esa pobre chica, que había confiado sus penas, a un vecino marinita que conocía de poco (o sea, yo, nenas), por culpa del amor que tenía hacia Manolo el bombero-. A ella ni tocarla, ¿entendido?
-Tiempo al tiempo… ya desconfía de él… le está perdiendo… y cuando eso se intensifique, será toda mía.
-¡HIJADELAGRANPUTA!
-Y tú… apártate de mi camino, o lo lamentarás…

Y el fantasma, aparición o lo que fuera lo que antes había sido Agapita González, intentó abalanzarse sobre mí, con las manos crispadas y chillando de forma sobrenatural, pero se esfumó en el aire; no llegó a tocarme. Se desvaneció en un gas brillante, como de purpurina, dejándome en aquel espantoso lugar, a oscuras y con todos los huesos del cuerpo temblando del miedo.

Luego oí los pasos. Pisadas numerosas y chorros de luz en todas direcciones. Conos de luz de varias linternas y mensajes por walkie-talkies. Hasta la Bossini escoñada, y con alguna pierna rota, gritó varias veces pidiendo ayuda y auxilio. ¡Qué vulgaridad! Las Divas no gritamos eso. Como somos Divas, nos tienen que salvar y punto, muchísimo antes que aquello de "las mujeres y los niños primero". ¡A ver si cambian la frase tópica esa! ¡LAS DIVAS PRIMERO!

Pero aquel lugar era tan jodidamente grande, que hasta que me encontraran podrían emitir cinco temporadas de Lost, y yo seguiría ¡LOST!, así que... sacando fuerzas de no sé dónde, me levanté y caminé hacia las luces, medio entumecida, medio “empanicada”, hasta que alguien me gritó.

-¡ALTO!
-¡Tampoco te pases, nena, uno setenta y seis es casi la media de un españolito normal!
-¡MANOS ARRIBA!
-¡No se preocupe! –dijo una voz familiar-. Le conozco…

Yo seguía ciega, confusa, con la cabeza completamente trastocada y tardé en reconocer aquel rostro detrás de la luz de la linterna, acercándose hacia mí.

-¿Dolly? –preguntó en voz baja-. ¿Te encuentras bien?
-¿Encontrarme bien? –y le abracé-. No, claro que no me encuentro bien –y me vi llorando en brazos de Bruno-. No me encuentro bien… la quiere matar, Bruno. Va a por ella… va a matar a Jessica...

Creí que iba a caer al suelo. No tenía fuerzas ni para respirar… pero Bruno me sostuvo. Me apretó contra él, y me susurró algo al oído que no entendí, por estar llorando de desesperación e impotencia… pero sentí el calor de su cuello y la fuerza de sus manos que no querían soltarme.