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martes, mayo 15, 2007

~34~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Nos estrellamos con la ambulancia en la misma puerta del Parque del Retiro, y yo salí despedida en la camilla cuesta abajo, contra la Cibeles, que paró el golpe, y mojada como una Tena Lady usada de la Concha Velasco, corrí otra vez para salvar a Gigi y a la Jessica, de Amanda, ahora poseída (desde hace unos cuantos capítulos) por Agapita González, que corrió al interior del parque, cuando estalló la tormenta de la Blogsfera sobre nosotras, y yo la seguí, y un rayo fundió la verja de la entrada, dejándome dentro del parque con la bicha. ¡Coño! Esto más que un resumen del capítulo anterior, parece OTRO CAPÍTULO, ¡¡¡NEEENAAA!!! Debes ser porque estamos en el ¡Capítulo 34!



-¡DOLLY!

Dejé de correr al oír la voz de Gigi y me volví hacia atrás.

-Gigi, quédate con Jessica y ¡NO ENTRÉIS!
-Jooo, tía, pero ¿por qué?
-Porque este es el final de la Tercera Temporada de Desperate Housegays, y tú, nena, casi la palmas en la anterior. Bueno, en realidad la palmaste, pero luego reviviste, nena.
-Ya, tía, pero perderme lo mejor, como que no mola, tía.
-Gigi, piensa que has de quedarte, para contarme lo que pasa entre Jessica y Manolo el bombero, y así yo poderlo contarlo en el Epílogo-GO, nena, que una no puede estar en todo, ¡y menos desdoblada!
-¡Anda, es verdad!
-Pues claro que es verdad, tía… así que, quédate con Jessica, ¿entendido?
-Oka, tía…

Me di la vuelta y reanudé la carrera cuando…

-¡DOLLY!

Frené, me volví otra vez, y allí estaba Gigi, con cara de nerviosita, importándole tres pimientos la que estaba cayendo (lluvia a raudales, truenos y relámpagos).

-¡Gigi! Vale ya, ¿eh?
-Es que… ¿Y si Jessica y Manolo se dicen muchas cosas, y luego se me olvidan, tía?
-¡Pues las apuntas, PUTA!
-¡Anda! Pues también es verdad.
-Ea, ve a enterarte de lo que hablan, que yo voy a intentar terminar con ésta Tercera Temporada de Desperate Housegays –y volví a correr.
-¡DOOLLYYY!
-¡¡¡GIIIGIII…!!! –grité cabreadísima, pero sin darme la vuelta. Aguanté a contar hasta diez fresisuis antes de darme la vuelta-. ¿Qué te pasa ahora, nena?
-Que digo yo, que si por un casual, vas y la palmas en esta temporada, me podría quedar con tus discos, los deuvedeses y esas cosas.
-¡Nos hemos levantado optimistas! ¿Eh, hijadelagranputa? Mira, Gigi, si salgo… SI SALIMOS vivas de ésta, recuérdame que haga el testamento, y así ya te puedes quedar más tranquila, ¿vale?
-Oka, tía.

Volví a correr, cruzando los dedos para que Gigi no volviera a abrir el pico, que no hizo, e intenté seguir la protección de los árboles para no empaparme más de lo que estaba, pero ¡¡¡todo el mundo sabe que en medio de una tormenta eléctrica, no hay nada peor que refugiarse bajo un árbol!!!

Así que me aparté y tomé el camino de tierra para ir en bicicleta, aunque yo no fuera en bici, por ese camino también va la gente haciendo footing y derivados de esa cosa rarísima llamada DEPORTE… y la vi. Debajo de un árbol, con su bicicleta rosa, empapada de agua, con su casco ciclista, sus coderas, rodilleras y demás accesorios que hacían de aquella niña, un parto sin dolor de algún Transformer tarado. Y lo peor era, ¡¡¡que me sonaba su cara!!! ¿Pero de qué?

-¡Nena! ¿No sabes que es peligrosísimo, refugiarse bajo un árbol en medio de una tormenta? ¡Y encima agarrada de una bicicleta! ¿Qué pretendes? ¿Ser el primer pararrayos humano?
-¡¡¡Perrro es que está lloviendo!!!
-¡TÚ! –chillé mega horrorizada (y la apunté con un dedo, que sé que es de muy mala educación), al recordar su pronunciación enfática de las erres-. ¡Eres la niñaca cabrona que salías en La Primera Temporada de Desperate Housegays, y que querías que te pasaran a deuvedé el uvehachese de la peli de Las Aventuras de Enrique y Ana!

La jodía niña, que me dio cantidad por culo en aquel capítulo, con sus bailecitos tribales y su horripilante forma de hablar, puso la boca en forma de O, y los ojos casi del mismo tamaño.

-Mira, nena, porque no tengo instinto de nani, ni de niñera, ¡ni de tetera…!

Y fui a por ella, y la niña, pensando que le iba a meter la paliza del siglo, se protegió con las manos, y me asustó cantidad, porque como iba vestida de Transformer, pensé que se iba a transformar en una hormigonera o algo así, pero yo lo que quería era su bicicleta rosa, de esas con flecos a ambos lados del manillar, para llegar antes a donde imaginaba que estaría Amanda la poseída, en la estatua del ángel caído.

-¡Un ladrrrón de bicicletas! ¡Al ladrrrón de bicicletas! –chilló como una loca.
-Un peliculón, nena; dile a tu madre que la alquile, y déjate de verle el paquete a Enrique y a los Coconuts. ¡Proyecto de puta con ERRES!

Montada en aquella birria de bicicleta, con una bocina que al tocarla sonaba algo parecido al “MokYYY-MokYYY”, pedaleé como cinco induráis gays, y casi me volví loca, cambiando las marchas y disfrutando con el ridículo asiento que tenía la bici, que más parecía el elástico de un tanga, porque se me metía entre las nalgas, neeenaaa. ¡Así claro, con una bici de éstas… o te volvías puta o marika perdida!

Pedaleé y pedaleé, sin prestar atención a la gente que huía de la aparatosa tormenta, abandonando el parque por las salidas laterales, que las tiene y muchas (espero que Gigi no se de cuenta de ello, y se le ocurra presentarse otra vez en este capítulo), giré a la izquierda por un paseo enorme con doble vía para ciclistas y arbolitos en el centro... y al fondo lo vi.

Tal y como me imaginé, todos los rayos y truenos del universo, caían sobre la estatua del ángel caído (para las de pueblo que leáis esto: es una estatia en honor al DIABLO, nenas). La gente que me encontraba, corriendo en dirección contraria a la mía, me miraban alucinados, no sé si era por la bicicleta, por el estilazo que le imprimía al pedaleo, o porque yo, en una película de catástrofes, en lugar de huir del tsunami, iba directa al tsunami, metafóricamente hablando, claro.

Salté de la bicicleta, porque como ya dije era enana, y corrí los últimos metros hasta la fuente limpiándome el agua que no paraba de caer de mis ojos, e intentando descifrar qué carajos estaba ocurriendo en la fuente, que parecía parte de un espectáculo de Madonna y Unión Fenosa.

La noche había sepultado el Parque del Retiro por completo. Corría a oscuras, hacia los flases blanco azulados de los relámpagos que convergían en la fuente y la estatua, de la que contrastaba el blanco de la piedra en la que estaba esculpido el ángel caído, y el rojo sangre que brotaba de las cabezas de las gárgolas en la base de la fuente. Porque sí, nenas, aquello parecía sangre… muy líquida, pero sangre de algún tipo sanguíneo... y entonces, vi una figura negra corriendo en círculos alrededor de la fuente.

-¡Me mentiste! ¡Prometiste que sería MÍO!

Gritaba Amanda, poseída como si fuera un furby al que habían conectado con dos pinzas a la batería de un camión, gesticulando muchísimo y moviendo las manos más que doscientos actores italianos.

-¡AGAPITA! –grité, porque aunque era Amanda la dueña del cuerpo, era Agapita González la que lo estaba habitando.

Amanda se detuvo, se volvió hacia mí y entornó aquellos ojos rojos, como hacía el malo de Howard el Pato. ¿Recordáis la peli? Pues es la obra cumbre de un genio del guión y la dirección llamado George Lucas, aunque la peli la dirigió Willar Huyck, y fue la segunda y última película que dirigió en toda su vida, para que veáis lo mala que era, nenas.

-Ya es hora de que terminemos con esto, nena. Se te acabó el ir poseyendo a la gente, y el ir matando a todo kiski que se folle Manolo, porque Manolo nunca fue tuyo, nena, era el novio de tu hermana mayor, ¡era el novio de Jessica! ¡No el tuyo, Agapita!
-Pedazodemetomentodo –dijo con voz de travelo alcoholizada a las 6 de la mañana, y vino directa a mí.

Y claro, me entró el pánico, porque por mucho que nombre a Dior, no tengo ni un jodido crucifijo, una ristra de ajos o una estaca para este tipo de situaciones. Y es que, el que se me tire un demonio encima, no me ha pasado muchas veces, claro. Así que opté por el Plan B: ¡CORRER!

Y anda que no corrí. Corrí como nunca. Parecía el jodido Roberto Benigni, cuando le dieron el Oscar, y corrió al escenario antes de que comenzara la orquesta a tocar la fanfarria esa que te tocan, cuando te dan el Oscar. Y la Amanda, pisándome los talones, chillando y berreando cosas rarísimas, como ese disco de Shakira que si lo pones al revés dice “Meeep folloooop aaaap Mandigooop, quep riiicop, quep riicop”.

Pero esta vez yo iba bien preparada y saqué mi ZEN, y le di a la opción grabar, sin dejar de correr, porque el ZEN, a diferencia del HIPO, puede grabar de la radio y sonidos, porque tiene una rajita que es un micrófono enanísimo, y que está muy cool, y grabé lo que estaba berreando la posesa de Amanda, me puse los auriculares para oírlo, pero marcha atrás. A todo esto, no olvidarse que no paraban de caer rayos sobre la fuente, y que todo el ambiente estaba súper eléctrico y oliendo a ozono, y que yo corría y que Amanda la poseída corría tras de mí.

-“Maldito… estarás maldito, y los hijos de tus hijos… malditos también”.

Me paré en seco (aunque de seco no tenía nada, porque con la jodía lluvia estaba calado hasta los calzoncillos), con los pelos como escarpias al oír por los auriculares de Creative (que se oyen de putísima madre), cómo una voz demoníaca me maldecía a mí y a mi futura descendencia.

-¡AIBÁ LO QUE HA DICHO! –y me volví, justo en el momento en que la posesa estaba a un metro de mí, y sacando fuerzas del ¡¡¡Poder de Greyskull!!!, o de los tres puntos de batería que tenía en el ZEN, levanté mi mano derecha, con el ZEN en ella, y la cara de Amanda fue al encuentro de mis nudillos.

No se quedó gilipollas como el de Matrix, al que se le movía toda la cara como al borracho de los Simpsons cuando eructa, ¡pero casi, nenas! No fue un puñetazo para dejarla K.O., pero sí para que dejara de correr tras de mí maldiciéndome al revés.

-¡Au! –dije súper dolorida, mientras Amanda, como perdida, miraza al suelo medio atolondrada, como si buscara las dos lentillas que le acababan de saltar… ¡y es que volvía a tener sus ojos! Vamos, que ya no eran rojo posesa, nenas-. ¡Amanda!

Amanda levantó la cabeza y me miró, confusa, y miró a los lados, a la oscuridad que nos envolvía, y a los latigazos eléctricos de los rayos que caían en la fuente. Volvía a ser ella, y al verse en tal situación, gritó aterrorizada y una sombra negra, del tamaño del Yeti de alto y grande, pero como una sombra más negra que la noche, se formó tras ella. Una sombra con ojos rojos.

-¡Amanda! ¡No dejes que te vuelva a poseer! –grité, cuando la vi convulsionarse, y la sombra comenzó a engullirla, y a quitarle el color de la piel ¡y hasta de la ropa!-. ¡Déjala en paz, Agapita! ¡Estás muerta! ¡Ya estabas muerta incluso ANTES de que comenzara La Tercera Temporada de Desperate Housegays! ¡Suéltala!

Sin cortarme, cogí a Amanda de las manos e intenté apartarla de aquella sombra enorme y negra que seguía engulléndola. El tacto fue escalofriante. Como si millones de alfileres me atravesaran las manos, y Amanda gritó y puso los ojos en blanco.

-¡Déjala en paz, zorra! ¡Déjala, AGAPITA! ¡Amanda, no dejes que te posea otra vez, neeenaaa!

Pero Amanda aulló y sus ojos se impregnaron de un rojo fluorescente, como gotas de sangre sobre leche... y sonrió.


sábado, marzo 31, 2007

~30~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Gigi y yo, cual Sherlock Holmes y Watson, pero en versión gay, con menos medios y sin un violín a mano que tocar, conseguimos ir encajando una a una, las piezas de este rompecabezas llamado Diario Secreto de Agapita González. Como es una información súper jeby, te jodes y no te la cuento en este resumen del capítulo anterior, PUTA, porque el tiempo corría en nuestra contra, y mí reloj se había quedado sin pilas hace unos cuantos capítulos...



-¡Sólo estaba consultando una cosa en el glogles! –dijo Gigi para disculparse de estar toqueteando el ordenador de Bruno.
-¿Estáis bien? –preguntó Sayuri.
-Sí, nena, pero creemos que ya hemos desencriptado El Código Agapita.
-¿Son estos dos? -preguntó el hombre de traje, que había entrado con Bruno y Sayuri.
-¿Quién es éste? –pregunté a Bruno.
-Es el jefe de… ese chico rubio que estaba con vosotros en las catacumbas.
-¡Anda! –digo Gigi.
-Pues debe pagarle una mierda, porque el pobre chico estaba ¡en bolas! –dije yo.
-¿Vosotros le habéis salvado? –nos preguntó como si no terminara de creérselo.
-Muy a mí pesar, porque no hacía más que interrumpir la narración –y miré a Bruno-. Bruno, Gigi y yo, si no tenemos que responder a preguntas tontas o a que nos cuelguen alguna medalla por haber salvado… a las que salimos con vida de allí, sin contar lo de las satanistas que terminaron todas muertas…
-Eso ya se lo conté yo, Dolly –dijo Gigi.
-Uys, pues muchas gracias, nena; es bueno saber que entre capítulo y capítulo, tu mejor amiga dejas algunos cabos atados con los personajes secundarios –y volvía mirar a Bruno-. Bruno, no tienes porqué creerme, pero Gigi y yo hemos de irnos a detener algo terrible que seguramente va a pasar. No sé si será en este capítulo, o en el siguiente. Todo sea que Gigi y yo, no nos pongamos a hablar como cotorras a lo Star Trek.

Mientras yo les soltaba este rollo, el hombre de traje nos miraba a Gigi y a mí, como si formáramos parte de una película polaca sin subtítulos. Sayuri se sonreía y Bruno parecía querer entender lo que le estaba contando a toda velocidad.

-Hemos de hacer algo súper importante. Gigi y yo, ¿vale? Sólas.
-¿Estaréis localizados en el móvil que me llamaste? -preguntó Sayuri y Gigi se sacó del bolsillo el móvil de las Bossini.
-¡Anda, el móvil de las Bossini! Pues no, sé que no debería decir esto, pero una Diva no puede llegar al final de la película en plan Meng-Diva; así que me pasaré por casa a darme una ducha, a ponerme algo que sea cool a la par que épico, para un épico final de la Tercera Temporada de Desperate Housegays, y cogeré mi móvil. En cuanto lo tenga, te llamo. ¿Oka? –y me dirigí a la puerta de salida.
-¿Podría hablar con vosotros? –preguntó el hombre del traje, que seguía sin presentarse.
-¡Pues ahora… como que nos pilla fatal, nena! –dije al salir.
-Salvar el mundo y todo eso da mucho estrés, tía –le dijo Gigi que me seguía muy de cerca.

Y abandonamos la comisaría de la calle Luna, como dos Power Rangers maltratadas por un niño esquizoide, pero súper dignísimas… entre otras cosas porque habíamos salido vivas tras nuestro enfrentamiento con el monstruo del infierno, y enfilamos el camino hacia casa, a PATA.

-¡¡¡¿Vamos a ir andando?!!! –me chilló Gigi cuando se lo dije.
-Mira, nena, el último taxi que cogí estaba conducido por un fan de la COPE. Prefiero ir andando y que me de el aire, que bastante culo de bicho he estado oliendo durante no se cuantos capítulos, nena.

No tardamos mucho en llegar a casa, porque la verdad, yo vivo como a 15 minutos de la comisaría; claro, que si llego a vivir en Vallecas, ¡porsupuestísimo que me cogía un taxi! Estuviera conducido por un oyente de la COPE, o por el puto peluche del suavizante, ¡o por Freddy Kruger en persona!

En el piso de Jessica y Manolo no había nadie. No es porque lo supiera telepáticamente, es que me harté de llamar al timbre y a la puerta con los nudillos, así que ante la desesperación, y sabiendo dónde localizar a Jessica (en el hospital), nos dimos una rapidísima ducha las dos (por separado, que conste, que yo a la Gigi la quiero un puñao, pero no para meterla en la ducha conmigo), cogí mi móvil, monísimo, y le dejé algo de ropa a Gigi, para que también afrontara en plan súper cool, el final de la Tercera Temporada de Desperate Housegays.

Al salir, volví a llamar a la puerta de Jessica y Manolo, y tampoco estaban en casa.

-Nena, no tenemos más remedio que ir al hospital.
-¡Pero si nos encontramos bien, tía!
-Ya lo sé, Gigi, ¡pero allí es donde trabaja Jessica!
-Ah, vale… como siempre voy de paquete.
-Gigi, lo de ir de paquete se dice cuando se va en moto.
-Ya está la Elisenda Roca –y se puso en jarras-. ¿Y cómo se dice cuando una marica sigue a otra marica a un sitio donde se puden jugar la vida?
-¿Ir al Strong? ¡No vamos a ir al Strong, nena, vamos al hospital!
-Dolly, tía, me está entrando dolor de cabeza.
-Oka, nena, cierra el pico y sígueme.

Salimos a la calle y en cuanto pude, hice el primer gesto que aprendí cuando era pequeña. Gesto que aprendí incluso antes de hablar, y es el de levantar la mano para pedir un taxi. Claro que con mi presupuesto, no estaba yo para despilfarrar el dinero en taxis, así que, en la parada de bus de Gran Vía al lado del H&M, levanté la manita para detener un autobús de la línea 1, que me dejaría en Isaac Peral, justo al lado del hospital donde trabaja Jessica.

Le piqué a Gigi con mi metrobús, porque si espero a que encontrara el suyo en esa cartera que lleva, a lo bolsita de David el gnomo, nos darían cinco capítulos más y no había tiempo que perder; después corrimos al fondo del autobús a buscar sitio, que no había, pero mira, la carrerita nos sentó bien, porque así nos vieron todas desfilar por el bus con garbo y valentía.

Ya en el hospital, donde no se puede fumar, nos sentimos un poco perdidas, porque aquello tenía como 5 plantas llenas de gente, entre personal y gente que era carne de hospital, o sea, gente con algo para que la ingresaran, y visitas, y un ciego que vendía cupones, y la kioskera, y un viejo con cara de aburridísimo que estaba justo en el cartel de INFORMACIÓN; fui directa a él.

-Hola, buenos días. Busco a una amiga que se llama Jessica y que trabaja aquí como enfermera.
-…
-¿Usted es de información, verdad?
-Sí, pero no puedo darle ese tipo de información.
-¡Pues vaya mierda de información! –dijo Gigi.
-A ver, señor, que supongo que no habrá muchas enfermeras que se llamen Jessica, en este hospital, ¿no?
-No puedo darle esa información –dijo él, erre que erre-. ¿Le dijo en qué planta trabajaba?
-No es florista, es enfermera –puntualizó Gigi.
-Gigi, será mejor que me dejes a mí; a ver, señor, es urgente que localice a mi amiga Jessica. Es un caso de vida o muerte.
-El ochenta por ciento de la gente que entra por esa puerta –dijo señalando con su boli hacia la entrada-. Son de vida o muerte.
-Mire, ¿sabe lo que le digo? Que ya la busco yo solita. Aunque me meta dentro de los cuartos de los rayos X y me saquen fotos. ¡Gracias por nada! –le dije y tiré de Gigi para que me siguiera por el pasillo que tomamos.
-¡Mira, Dolly! Ese enfermero se parece al Hayden Christensen…. ¡Ya quisiera yo ser senadora galáctica para que me hiciera dos hijos! –y me miró preocupada-. Pero tranquila, que yo sobreviviría a la cesárea.
-Más te vale, nena… y déjate de enfermeros, que mientras hayan neurocirujanos que cobran más, ¡que se quiten los del MIR!

Seguimos andando y yo pensé en aquello que me había dicho Jessica, de que salía su compañera de trabajo a fumarse un cigarrillo. ¿Y si trabajaba en urgencias? Vimos un grupo de gente esperando, y me acerqué a un hombre de unos 40 años que esperaba en la cola.

-Perdone, ¿esto es urgencias?
-No, esta cola es para el urólogo.

Gigi y yo nos abrazamos y gritamos aterrorizadas. Cuando se nos pasó el susto, continuamos avanzando por el pasillo, donde había gente y más gente, y más enfermeros, y dos gitanas que se estaban quitando los 5 kilos de metales que llevaban encima, porque las iban a hacer unas radiografías, y al final, vimos que hacia la derecha había un pasillo con sala de espera, con mucha gente nerviosa, y supuse que aquello era la sala de espera de urgencias, porque tenían caras de estar muy nerviosos y preocupados.

-Por aquí, Gigi –y me siguió hasta otro puesto de información, donde había una enfermera de unos sesenta años detrás de un cristal, y otra puerta doble y de plástico, y otra puerta más, abierta de par en par que era por donde entraban las ambulancias-. Disculpe, señora.
-Señorita –me corrigió la mujer.
-Disculpe, señorita… estamos buscando a una amiga nuestra que trabaja aquí, es enfermera y se llama Jessica.
-¿Jessica?
-¡La conoce! –dijo Gigi.
-Sí, Jessica –dije yo.
-Ahora mismo está en box, y no pueden pasar -dijo la señorita de sesenta años.
-Ah, vaya, ¿y tardará mucho?
-Está con un ingreso.
-¿La han ingresado? –preguntó Gigi.
-Está ocupándose de un paciente. Accidente de tráfico.
-Qué susto nos había dado, señorita –dije yo, y mis ojos se fueron directos a una rubia monísima, una ATS, que salía de box con una cajetilla de tabaco en la mano-. Gigi, mira, debe ser ella.
-¿Jessica? ¡Esa no es Jessica, tía!
-Jessica no, tonta, su compañera de trabajo, la giri que fumaba como un carretero. La que Jessica creía que le estaba poniendo los cuernos con Manolo.
-Dolly, creo que me he perdido.
-Si te hubieras leído el Capítulo 13 de esta temporada, seguro que hasta te acordarías de su nombre: ¡AMANDA! –dije en voz alta, y la rubia se volvió hacia nosotras; y yo le sonreí a Gigi-. ¿Ves? –y me volví hacia Amanda-. ¡Hola, nena! ¿Eres Amanda, verdad? La compañera de trabajo de Jessica…
-Sí -dijo la chica medio perdida.
-Es que mira, somos los vecinos de Jessica, y tenemos algo súper urgente que decirle.

Amanda nos miró de forma extraña, y se encendió un cigarrillo en la plataforma metálica que conectaba con la entrada de ambulancias.

-Está dentro, en box –dijo en tono seco.
-Bueno, pues gracias por la ayuda… esperaremos a que salga. Gracias

Dije súper cabreada y me crucé de brazos. Gigi hizo lo mismo, por empatía, o porque no sabía donde meter las manos, y así esperamos siete eternos minutos, donde la hijadelagranputa de Amanda, se fumó su cigarrillo con una pachorra “quepaqué”, hasta que llegó a toda velocidad una ambulancia con las luces en plan vídeo clip de Madonna. Gigi y yo nos apartamos, mientras salían de ella dos enfermeros y sacaban una camilla con alguien con mascarilla de oxígeno puesto; Amanda, por su parte, apagó el cigarrillo de inmediato y ayudó a entrar al paciente, mientras los del SAMU-ERTO le contaban no se qué, de lo que le pasaba al que llevaban en camilla: que se había caído en plena calle o así.

Al meter la camilla en urgencias, las puertas que son como de plástico duro, se abrieron de par en par, y yo agudicé la vista para ver si veía dentro a Jessica, y la vi, nenas. Casualidades de la vida, o porque este capítulo se estaba acabando, ella caminaba hacia nosotras, y a Gigi y a mí nos dio mucha alegría y levantamos la manita para saludarla y así nos viera… ¡y nos vio!

-¿Dolly, qué haces aquí?
-Nena, que se acaba el capítulo y tengo que decirte algo ¡muy importante!
-Díselo, Dolly, que se acaba el capítulo, tía.
-Gigi, que ya lo sé, no me metas prisa, coño.
-¿Qué sucede? –preguntó Jessica súper nerviosa.
-Nena, no es lo que tú crees. Manolo te quiere, ¿vale? Y no te está poniendo los cuernos con nadie.
-Pero…
-No, nena, atiende y escucha. ¡Está siendo poseído!
-¿Poseído?
-Sí, tía, como cuando es época de rebajas, y te entran ganas de comprar muchas cosas y no sabes por qué te entran esas ganas de comprar muchas cosas… -dijo Gigi.
-Sí que lo sabes, nena, te entran ganas de comprar muchas cosas, porque ¡TODO está rebajado! –dije yo-. Pero ese no es el tema que nos toca ahora, Gigi; Jess, nena, tu chico, Manolo, está siendo poseído por un demonio.
-¿Qué? –dijo ella mega flipada.
-Sí, nena… se ve que cuando Manolo vivía en Murcia, tenía una novia…
-¿Qué? –volvió a preguntarme con cara de muchísimo jiñe.
-Y ambos hicieron un pacto de sangre, pero su novia, Agapita, que se vino a Madrid, fue captada por una secta y murió, y ahora quiere llevárselo con ella. ¡Al infierno!

Jessica me atravesó con la mirada y me arreó tal bofetada, que casi me saca del hospital por la entrada de ambulancias.

-¿Quién te ha hablado de Agapita? –me ordenó responder, súper cabreada-. ¿De qué vas, Dolly? –sus ojos estaban llenos de lágrimas.
-Jess, nena, ¿qué coño te pasa? Intento alertarte de un peligro peligrosísimo, ¿y me arreas una bofetada? ¡La mala de la función es Agapita González, nena!
-Agapita, era mi hermana, Dolly. ¡Quién te ha hablado de ella! –y miró a Gigi fuera de su sano juicio-. ¿De qué vais vosotros dos? ¿Quién os ha estado hablando de Agapita? ¿De qué va toda esta mierda?
-¡Jessica! –grité yo, cuando me cogió del cuello de mi cazadora de finales épicos de temporada-. ¿Cómo que Agapita es tu hermana?
-¿De qué coño vais los dos? ¿Eh?
-¡Pero si Agapita es la mala, tía! –gritó Gigi.
-¡Quién te ha hablado de Agapita, respóndeme!
-¡¡¡Pero si casi nos mata su puto fantasma, Jessica!!! ¿Cómo es eso de que es tu hermana?
-Si esto es una broma –dijo muy rabiosa y llorando-, no tiene la más mínima gracia, Dolly.
-¡Jess, nena… es Agapita quien intenta separarte de Manolo! ¡Es su fantasma!

Y al decirle esto, Jessica se volvió medio loca, y comenzó a llorar a gritos y a darnos tortas a las dos, a Gigi y a mí.

-¡Dejad de hablar de ella! ¡DEJAD DE MENCIONAR SU NOMBRE!

Aquella situación se había vuelto una auténtica locura, y todo el mundo nos miraba como si fuéramos asesinos de enfermeras o ve te tú a saber, y nos miraban súper raro, hasta que apareció por detrás de Jessica, saliendo del box como en una aparición, Amanda, con los ojos rojos como rubíes, y a lo Sr Spok, le tocó en alguna parte de la clavícula a Jessica, y la otra cayó a plomo al suelo… pero sin llegar a tocarlo, porque Amanda la levantó en brazos.

Gigi y yo estábamos tan mega horrorizadas (además de hostiadas vivas), que no pudimos reaccionar al instante, cuando Amanda, con Jessica en brazos dijo “gracias”, con una voz satánica pandemonium miserere, y bajó la rampa metálica, lanzando el cuerpo de Jessica al interior de la ambulancia y cerró las puertas traseras.

-¡GIGI, QUE SE ESCAPA! –grité yo, mientras que todo el mundo nos miraba presa del shock, decía cosas a voz en grito y no supo reaccionar.

Amanda, ahora poseída por el espíritu demoníaco de Agapita, abrió la puerta del conductor y se subió en la ambulancia arrancando el motor; cogí a Gigi de la muñeca, y tiré de ella, y una mujer detrás de mí gritó. ¡Había cogido por error a una señora gorda que me miraba con cara de susto! Y claro, lanzó un berrido de susto.

-¡Gigi! ¡Sígueme! –y esta vez sí, cogí a Gigi de la mano y saltamos la pasarela hacia la entrada de ambulancias.

Los neumáticos traseros aceleraron levantando una nube negra de goma quemada, pero me dio tiempo de cogerme a la manecilla trasera de la puerta y tirar hacia fuera para abrirla; con la otra mano cogía Gigi, ¡¡¡y la ambulancia tiró de mí!!!

-¡Salta, neeenaaaa! –le chillé a Gigi, sintiendo cómo la ambulancia salía disparada ¡con mi brazo!, mientras que con el otro, no sé cómo, pude coger a Gigi y arrojarla al interior de la ambulancia.

El tirón fue tan fuerte, que no pude soportar el dolor (entre otras cosas, porque soy alérgica al dolor, nenas), y me solté y me vi corriendo como una borracha con tacones tras la ambulancia que conducía Amanda, poseída ahora por el espíritu demoníaco de Agapita gonzález.

-¡Doooollyyyyyyyyyyyyyyyyyyy! –chilló Gigi mientras se alejaba en el interior de la ambulancia-. ¡¡¡No me dejes con la demonia, tía!!!

viernes, marzo 16, 2007

~28~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Hiperhorrorizada, rodeada por demonios y por la gigantesca bestia, que ya es como de la familia tras tantos capítulos sufriéndola, ¡pero no en silencio, nenas!, descubrí que el agua bendita tenía su efecto real, y con la cuarta monea de oro, aquella cosa me habló, telepáticamente… quiero decir, que aunque nos comunicáramos, mi terror no bajó ni un ápice. Es más, ahora estaba petrificada, delante de aquella boca.


Aquella cosa tenía ganas de cháchara, como suelen hacer los narcotraficantes o los policías corruptos al final de las películas, antes de que aparezca el bueno y le meta un tiro entre los ojos. Pero yo estaba sin pistola, ¡y aquel bichako no tenía ojos! Por lo menos a la vista.

-¿Quién sois “nos”? ¿Alguna asociación de esas que luchan por los derechos de los animales? –pregunté… porque no se me ocurrió otra cosa que decir, arrebujándome en el interior de mi cazadora de súper puta, que apestaba a gómitos, a quemado y que para más humedades, estaba empapada de agua bendita.

“nos”
-Vaya… así que sois NOS… ¿No On Sunday?
“nos”
-Ya nena, pero ¿NOS?
“nos” –y se acercó más a mí- “nnnooosss…”

Cerré los ojos, creyendo que tras esa palabra, me metería un bocado, pero no… no pasó nada, así que abrí un ojo… ¡y ahí estaba! Y se me escapó un gritito… conté hasta diez fresisuis, y respiré hondo, de lo que me arrepentí de inmediato, porque el aliento de la bestia era terrible, nenas.

-¿Y no hay una encargada? –dije finalmente. Hice memoria de todas las pelis de terror que había visto, y de las pornos gay de terror que también había visto, como aquella donde una marika que no follaba mucho, invocaba al diablo y le salió un negro 4X4 con un rabo más largo que los créditos de Ben Hur-. ¿Podría hablar con alguien de vosotros?
“nos…”
-Y dale… sí, con alguien de los NOS…

¿Quién puede estar muerto, en el infierno, y que no fuera peligroso para mi integridad física? Se me ocurrió por un momento en James Brown, pero claro, con tanto meneo del cadáver, ¡seguro que lo habían perdido en el infierno! Además, esto estaba transcurriendo en enero de 2006, ¡y sería un anacronismo, nenas!

¿Qué tal invocar… a… alguien que fuera lo bastante malo, para estar en el infierno, y que no me hiciera daño? ¡Horror, nenas! ¡Estaba en blanco! ¡Dolly! ¡Recuerda, estás en la Tercera Temporada de Desperate Housegays! ¡AGAPITA GONZÁLEZ!

-¡Agapita González! ¡MANIFIÉSTATE! –grité a pleno pulmón. Siempre quise guitar eso de ¡Manifiéstate! Como en las pelis de terror… aunque tiene muchísimo más glamour, el "¡LAS CORTINAS, DÓNDE ESTÁN LAS CORTINAS!", a lo Kidman en Los Otros, pero donde estaba no había cortinas, nenas.

Lo que sucedió entonces, sólo podrían haberlo hecho los de WETA, acostumbrados a hacer CGI de diseño; la bestia comenzó a vibrar y retrocedió, abriendo la boca hasta desencajar las mandíbulas lanzando un alarido terrible hacia arriba. Se hundió en el suelo mientras todo su cuerpo se daba la vuelta y una forma humana emergió de las entrañas; la piel de la bestia que se había plegado en el suelo, subió por las piernas perfectas y se fusionó con la carne pálida y lechosa, tiñendo zonas hasta dejar a aquello que había regurgitado, en la forma de una joven de veinte años, o así, con un traje de seda negra muy ceñido y vaporoso, hasta las rodillas, y con generoso escote; la muchacha, de melena negra hasta los hombros y ojos rubí, hizo un mohín y cerró los párpados sobre mí. Como si sintiera curiosidad. Como si me analizara.

-Agapita González, ¡SUPONGO! –dije yo en plan exploradora africana.
-¿Te conozco? –preguntó con una voz que PARA NADA tenía de femenina, y se cruzó de brazos, mientras que una ráfaga de ve-te-tú-a-sa-ver qué puerta se habían dejado abierta, hizo que el bajo de su vestido ondulara al igual que su melena.
-Pues no, nena, pero gracias a mí, que sepas que toda la blogsfera te conoce, y quieren saber qué coño es de ti…
-¿Por qué? –dijo igual de tiesa, de misteriosa, y de anime japonés, porque se le volvió a mover el cabello y el bajo de la falda.
-¿Puede ALGUIEN cerrar esa puerta, por FAGOR? –Dolly, tranquilízate, nena. No es el momento más propicio para perder los nervios. Hay que estar clara, despejada y soleada-. ¿Sabes quién soy?
-¿Debería?
-Pues sí, nena, porque yo y mi ego somos uno… y luego están mis fans, claro… y mira que les ha tocado leer un rato largo para ver qué coño pasa contigo, nena.
-¿Quieres acompañarme y comprobarlo? –me preguntó extendiendo la mano hacia mí.
-Pues no, nena, me encanta este lado. Ya sabes, el de los vivos. Los rabakos de los vivos; sé que la gente tiene que morir algún día, pero te puedo jurar, que este no es mi día, además, yo no moriré, porque como Diva, lo más seguro es que me convierta en Leyenda.
-En ese caso, ¿qué es lo que quieres saber? ¿Por qué me has llamado?
-Te he llamado, porque tú eres el Mcguffin de esta temporada, nena, a parte de porque estás muerta y todo eso… ¡y para ver una cara más agradable que la del bichako ese, coño!
-Ves lo que fui, no lo que soy ahora… ¿quieres ver lo que soy?
-No, no, no, no, nena, que así estás fantástica y súper ideal con ese vestidito salto de cama, además, ¡eres guapísima de la muerte, nena! No sé por qué, te imaginaba horrorosa. Bueno, no sólo yo, Gigi y varios más en este blog te imaginaban espantahorrible de la muerte lenta. Un Callo Malayo, nena. ¿Te dejan salir mucho tiempo?

A mi pregunta, Agapita pareció relajarse y me miró de otra forma, no en plan portera de discoteca de lesbianas... de mal rollito desafiante y todo eso.

-Tú me has invocado… tenemos una eternidad…
-Uis nena, pues yo sólo tengo un folio, porque son tres páginas por capítulo, Agapita, y estamos en el tercer folio con esta frase mía, nena…
-¿Y quieres perder este folio, diciendo tonterías?
-Es mi sino, nena, pero tranquila, que recapitulo en un plis plas, y me pongo mentalmente al día. A ver: ¿Por qué quieres matar a mi vecino?
-Me pertenece.
-No, nena, nadie pertenece a nadie. Él se fue de Murcia, y tú, a lo Charo Stone con el pica hielos, le seguiste a Madrid, nena. Luego te cargaste a uno por error, vale, y terminaste enamorada de un satanista, que estaba mal de la cabeza, y te merió en sus fiestas y esas cosas. Así que Manolo no es que te importara mucho, ¡digo yo!
-Estamos hechos el uno para el otro…
-¡JAjeJIjoJU! Si supieras la de veces que me he visto diciendo esa frase, y al otro día arrepentirme, fijo que te daba algo. Además nena, y no te ofendas… ¿qué coño te vas a ofender? ¡Si estás muerta, coño! ¿Pero qué hago discutiendo con una muerta? Manolo es bisexual, nena. Por mucho que le quieras, llegará un momento, que la cabra tire al monte, ¡y se la folle José María Pou! Y es que a Manolo también le van los tíos, detalle que se te escapó cuando vivíais en Murcia.
-Esos son fáciles de eliminar…
-Claro, empujándolos al tráfico de la Gran Vía para que mueran atropellados, ¿me equivoco?
-Es una forma de decirlo.
-No, nena... es una forma de hacerlo… que es lo que haces. ¡Asesina del más allá!
-¡Me juró amor incondicional! –gritó enfurecida los ojos avivaron el brillo escarlata.
-¡Fue una expresión! ¡Una frase hecha!
-¡Hicimos un pacto de sangre!
-¿Pero estabais sonados o qué? ¿Tú no sabes la de cosas que se te pueden meter por la sangre? ¡HASTA EL COLESTEROL!
-Nos pertenecemos… y tendrá que amarme lo quiera o no, porque nadie podrá amarlo y seguir vivo.
-¡Eres peor que las concursantas de Gran Hermano, nena! Peor que la Milá, que dijo que meaba en la ducha y que no hay nada mejor como “defecar en el mar”. Eres una guarra, nena.
-Al final, será mío…
-Tengo tu diario, sé lo que has hecho y sé lo que harás… y se lo voy a contar todo a Manolo y a Jessica, que ella sí que lo quiere mucho y está sufriendo mucho por él.
-¿Le contarás también a Jessica, que a Manolo le gustan los hombres? ¿Cómo le sentará eso a la po-bre-ci-ta Jessica? –dijo con sorna y muy mala baba. Claro, como estaba en el infierno, tenía que se cabrona y más lista que el hambre.
-Pues se lo diré ¡con mucho tacto!
-Será mejor que lo hagas pronto… antes de que me ocupe de ella.
-¿Ocuparte de ella? –y sentí terror por esa pobre chica, que había confiado sus penas, a un vecino marinita que conocía de poco (o sea, yo, nenas), por culpa del amor que tenía hacia Manolo el bombero-. A ella ni tocarla, ¿entendido?
-Tiempo al tiempo… ya desconfía de él… le está perdiendo… y cuando eso se intensifique, será toda mía.
-¡HIJADELAGRANPUTA!
-Y tú… apártate de mi camino, o lo lamentarás…

Y el fantasma, aparición o lo que fuera lo que antes había sido Agapita González, intentó abalanzarse sobre mí, con las manos crispadas y chillando de forma sobrenatural, pero se esfumó en el aire; no llegó a tocarme. Se desvaneció en un gas brillante, como de purpurina, dejándome en aquel espantoso lugar, a oscuras y con todos los huesos del cuerpo temblando del miedo.

Luego oí los pasos. Pisadas numerosas y chorros de luz en todas direcciones. Conos de luz de varias linternas y mensajes por walkie-talkies. Hasta la Bossini escoñada, y con alguna pierna rota, gritó varias veces pidiendo ayuda y auxilio. ¡Qué vulgaridad! Las Divas no gritamos eso. Como somos Divas, nos tienen que salvar y punto, muchísimo antes que aquello de "las mujeres y los niños primero". ¡A ver si cambian la frase tópica esa! ¡LAS DIVAS PRIMERO!

Pero aquel lugar era tan jodidamente grande, que hasta que me encontraran podrían emitir cinco temporadas de Lost, y yo seguiría ¡LOST!, así que... sacando fuerzas de no sé dónde, me levanté y caminé hacia las luces, medio entumecida, medio “empanicada”, hasta que alguien me gritó.

-¡ALTO!
-¡Tampoco te pases, nena, uno setenta y seis es casi la media de un españolito normal!
-¡MANOS ARRIBA!
-¡No se preocupe! –dijo una voz familiar-. Le conozco…

Yo seguía ciega, confusa, con la cabeza completamente trastocada y tardé en reconocer aquel rostro detrás de la luz de la linterna, acercándose hacia mí.

-¿Dolly? –preguntó en voz baja-. ¿Te encuentras bien?
-¿Encontrarme bien? –y le abracé-. No, claro que no me encuentro bien –y me vi llorando en brazos de Bruno-. No me encuentro bien… la quiere matar, Bruno. Va a por ella… va a matar a Jessica...

Creí que iba a caer al suelo. No tenía fuerzas ni para respirar… pero Bruno me sostuvo. Me apretó contra él, y me susurró algo al oído que no entendí, por estar llorando de desesperación e impotencia… pero sentí el calor de su cuello y la fuerza de sus manos que no querían soltarme.

viernes, marzo 09, 2007

~27~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Con las demás a salvo, y tras pedirle a Gigi que me dejara sola, so pena de que le pasara algo a ella también (con lo buena que es); intenté escapar de aquel sitio, tras tener un flash back que ríete tú, nena, de los flash backs que le dan a Marujita Díaz. ¡De cuando tenía pelos en el chirli, y encima el mío, fue sin venir a cuento! Pero me dio el flash back y punto. ¿por qué? No lo sé, nenas, pero me vino, y luego me escoñé, y volví al enorme salón de columnas, donde estaba aquella bestia del infierno, que se había transformado en algo… muy numeroso, nenas… tan numeroso, ¡como japos en el último concierto de las Azúcar Moreno!



El pánico me paralizó. Porque por mucho que sea la prota, ¡estaba en mi derecho de “empanicarme”, si me daba la gana! Y es que lo que vi, no se ve todos los días, nenas. Aunque tengas dos teles con Tele 5 y Antena 3 puestas a la vez. No, eso no se ve por ahí; la horda que corrió a mi encuentro, no era de este mundo… y supongo, que en Murcia o en Huesconsing, tampoco se ven este tipo de cosas, a menos que te montes una invocación satánica pandemoium miserere ¡LERERE!

Los pequeños, porque los había de dos tipos, pequeños y el GRANDE, eran muy numerosos. Casi de mi altura, ¡y eso que andaban encorvados!, con los nudillos arrastrándoles por el suelo; lo que antes había sido una gigantesca albóndiga peluda con patas y toda boca, había mutado. Andaba ahora como los AT-ST del bosque de Endor. Aquellos trastos que tenía el Imperio para matar a los Rebeldes, y que eran tan cutres, ¡que hasta Chewbacca podía manejarlos!

-¡Soy la prota! ¡No puedo morir! –les grité como si aquello sirviera de algo.

Los demonios menores, que no me detuve a contarlos porque como ya dije antes, estaba “empanicada” perdida, hacían de barrera, ¡como si pensaran que me iba a escapar! Anda que, valientes demonios. Tenía los dos pies clavados al suelo, y con una pared altísima cortándome la retaguardia. No estaba yo para huír, aunque me pusiera el traje de Spider-Man.

El grande, muchísimo más alto que los demás, desprendía un halo verdoso, que iluminaba todo a su alrededor y como le pasaba al bicho de Alien, yo no le vi ojos. Sólo la enorme boca abierta, aún con restos de los satanistas entre los afiladísimos dientes; a un rugido de esta enorme mole asesina, las demás se colocaron como en posición de salida. No es que se pusieran cachondas peridas a tocarse, sino, listas para saltar sobre mí, en silencio… y sus ojos grandes y rojos se transformaron en dos rectas muy brillantes.

-¿Es que en el infierno, no tenéis una Directora de Estilo, nenas? –les pregunté.

Sé que no es una frase brillante para decirles a unos demonios que acaban de emerger del infierno y que están a punto de matarte, pero COÑO, ¡en Encuentros en la Tercera Fase hablaban con los marcianos con una mierda de Casiotone y con luces de colores! Y yo, ni tenía un teclado por allí y menos luces de colores. ¡Las guardé en su cajita en cuanto pasaron los reyes Magos, neeenaaas!

El monstruo gigante avanzó dos pasos lentos, haciendo temblar los mismísimos cimientos de la sala. Se abrió paso entre la horda y se detuvo a menos de cinco metros de mí; yo reculé hasta donde la carne y los huesos me dejaron, claro, porque la pared altísima me cortaba la salida, y aguanté la respiración, del pestazo que desprendía. Indescriptible, nenas.

-Aún no he terminado esta Tercera Temporada de Desperate Housegays, nenas… ¡y no me he follado a George Clooney! ¡¡¡NO PUEDO MORIR!!!

El demonio inspiró dos veces, y casi, digo casi, porque clavé las uñas a la pared, salgo volando hacia él de la enorme aspiradora que tenía por nariz, aunque no le sobresalía nada con forma de nariz… y abrí un ojo, y supuse que aquellas entradas que tenía encima de la boca y con mucosidad, eran las narices.

Lanzó otro de sus rugidos que se me hicieron eternos, y el pestazo fue tal, que no pude más. Las rodillas me fallaron y caí redonda al suelo, pero en vertial, nenas. Como se desmayan las Divas, nenas. Caer sentada, para que así los fans te vean bien la cara. Es que verás, si te caes de frente, puedes pasar por una muerta cualquiera, nenas. Pero si te desmayas y dejas bien a la vista tu cara, los fans al verte, como que se desesperan llaman a la policía, al SAMUR ERTO y esas cosas. Te llevan volando al Hospital, donde casualmente trabaja George Clooney, y te ves gritando ¡¡¡A Urgencias no, PUTAS!!! ¡¡¡LLEVADME A PEDIATRÍA!!! ¡¡¡QUE ME OSCULTE EL CLOONEY!!!

Pronto comencé a oler a pelo quemado, y me espantó la idea de que aquella cosa me lanzara una llamarada estilo Sigourney Weaver con un lanzallamas, pero no, nenas. El olor no procedía de la bestia, sino de mi chaqueta, y bajé la vista, y vi cómo se me estaba prendiendo fuego el bolsillo de mi cazadora de súper puta. ¡La de piel de borreguito! Con las que suelo asustar a las putas de Greenpeace y a las de la Asociación Protectora de Animales y Folklóricas de más de 60 años, al grito de: “Sí, me gustan las pieles, ¿qué pasa?”

¿Qué es una Diva sin un abrigo de pieles? Yo os lo diré, nenas: ¡UNA MENG-DIVA!

Como pude, me quité la cazadora de súper puta, porque se me estaba prendiendo fuego, y al hacerlo, se me cayó del bolsillo interior la botellita de agua que me había dado Gigi antes de salir de casa. Según la Gigi (¡a saber!) era agua bendita, que le había dado un curita que tenía un polvo, en el Capítulo 17. Claro, como han pasado ya tantas cosas y tantos capítulos, ¡ni me acordaba, nenas! ¡A lo mejor, hasta estaba caducada y todo!

Destapé la botellita y eché el agua sobre el bolsillo de mi cazadora de súper puta, intentando apagar el mini incendio, y aquello parece que espantó a los demonios, porque oí cómo sus patas de bicho, retrocedieron he hicieron algo como castañear los dientes o similar; suerte que era mi cazadora de súper puta, porque si llega a ser mi cazadora U, me cago en todo lo que se menea, y me lío a hostias con la albóndiga peluda y con sus putas primas del averno, que tenían menos estilo, que las viejas que llevan al programa matinal de Saber Vivir. Claro, porque lo que es vivir, lo sabrán para llegar a esas edades, pero deberían mandarlas a todas al ¡Saber Vestir! ¡Que buena falta que les hace a las abuelas!

Di manotazos hasta apagar el incendio y la vi brillar. ¡La moneda de oro! Sí, nenas, la cuarta moneda de oro, que aquellas putas satanistas (antes de que las devorara el demonio gigante), habían colocado en las cuatro esquinas de la gigantesca sala de columnas; la toqué con cuidado, pero la agarré con fuerza. Estaba fría como las patas de un muerto, y pesaba lo suyo, no creáis, porque era oro macizo.

-¿Qué mierda había dicho la rubia? –le pregunté a la moneda de oro, como si el trasto me fuera a responder. ¡Anda que si lo hace, me jiño encima!

-El ritual hay que seguirlo al pié de la letra… la invocación, el colocar las monedas, y la segunda invocación dentro del círculo de sal.

Las palabras de la rubia vinieron a mi cabeza y me dije, ¡y de qué me sirven! Ni sabía la primera invocación, ni mucho menos la segunda, y no tenía ni un puto grano de sal, ¡a ver cómo coño iba a hacer un círculo de sal, nenas! ¡¡¡Llorando a lo Madonna en Evita hasta quedarme sin lágrimas y evaporando después el agua con la ayuda del mechero???? ¡Eso no lo hace ni Punset, por muy lista que sea!

La bestia gigante hizo un ruido asqueroso, como de relamerse con aquella lengua rasposa, que me dio un asco total porque algunos trozos de carne cayeron de entre los dientes, y se puso a babear de forma copiosa; miré la monea de oro, por la que mataría cualquier rapero para colgársela al cuello, miré a la bestia, y sin pensármelo dos veces, se la lancé con todas mis ganas. Claro que si eres gay, y además Diva, la tiras con estilazo, sí, sí, pero con menos fuerza que una señorita de la época victoriana. Ya sabéis, aquellas que estornudaban y se morían de tuberculosis, como la de Mujerzuelas, digo, ¡Mujercitas! Y mira que yo creía, que porirse de tuberculosis, era convertirse en un rábano o en una patata. Lo creía de pequeña, ojo. que ya he madurado, un poco. El rábano también.

A lo John Woo… (pero sin esas putas palomas blancas), la moneda voló por los aires como a cámara lenta… ¿qué digo lenta? ¡Lentísima! Girando sobre si misma, cortando la respiración a todas, en medio de un silencio que me pareció eterno, y centelleó dos o tres veces, antes de que la bestia saltara como una rana y la atrapara en el aire.

Hasta ahí, todo hubiera sido maravilloso. El problema es que saltó hacia adelante. Hacia mí. Cerrando la enorme quijada de colmillos a un metro de mis ojos, y sonó como cuando partes un jarrón de cristal lleno de agua. ¡Un CRANSHHH-GLUP! Terrible que casi me destrozó los tímpanos.

La turba de demonios encolerizó como si fueran pueblerinas en las fiestas del pueblo, a las que no les gusta Fangoria, y lo que quieren es que la Alaska les toque los pajaritos o les cante alguna canción de Karina. Eran gritos, eran aullidos, eran Hidrogenesse en directo, que suenan como el puto culo, además de que son feas para quitar el hipo y una buena almorrana de lo que te hacen correr esas dos putas, con tal de huir como una loca de sus conciertos.

La bestia chascó de cinco dentelladas la cuarta y última moneda de oro, con la que las satanistas la habían invocado, y en medio del griterío, la turba de demonios, se iluminaron de pies a cabeza en un flash rojo y desaparecieron, dejando tras de sí un eco espantosamente terrorífico durante varios segundos. Desaparecieron todas. Súper jeby, nenas.

Menos… el demonio gigante, que seguía frente a mí, echándome su aliento podrido y con una cadavérica sonrisa, como las que tienen las calaveras. Y es que aquella cosa no tenía labios, ni encías. Era una boca de tiburón pegada a una gigantesca albóndiga de pelos. Hasta tendría su punto gracioso, pero no en este momento. A punto de palmarla, en mi Tercera Temporada de Desperate Housegays, por culpa de la puta esa de Agapita González que no le importa a nadie, y que además, no tengo ni idea de cómo se ha torcido esta historia, ¡para estar a punto de ser devorada por una jodida albóndiga peluda con dientes!

“Está con nos…”

Al principio pensé que fue un ruido, pero no, nenas, era una frase. Una frase que pude oír perfectamente en la cabeza. No por las orejas, sino en mi mente. Un coro polifónico de voces masculinas (todas), con una lenta decadencia.

Miré a los lados, pero allí no había nadie más. Solo aquel engendro y yo. ¿Me estaba hablando a mí? ¿Aquella cosa se estaba comunicando conmigo?; bueno, no se movía, ni me atacaba, estaba quieta parada, a poca distancia, mostrándome los dientes, con un ligero balanceo de derecha a izquierda, típico de las borrachas, pero no de los demonios del infierno. Todo el mundo sabe que los demonios no se emborrachan, porque con tanto fuego, el vino se evapora. Puede que se coloquen con el alcohol vaporizado, a lo popper, pero como sea vino Don Simón, no se colocan ni queriendo.

“Ella está con nos…”

Repitieron las voces en mi cabeza, y sentí un vértigo tremendo. Me mareé, quedé hipnotizada por aquel ser y su movimiento pendular, y se acercó más a mí, y sus dientes restallaron como si yo la repeliera o le diera asco. No fue ALGO en la expresión de aquella cosa, fue lo que sentí… lo que me trasmitió el demonio. Yo le daba un asko tremendo... y bajé la vista.

¡Mí cazadora de súper puta, empapada de agua… BENDITA! Además de toda la mierda y la cochambre con la que me había gomitado el demonio en los capítulos anteriores… ¿Y si sirve… como serviría el círculo protector de sal?

Como diría mi amada Dolly Parton, en un bukkake de cowboys: “¡From lost to the river, darling!”

Con todo el asco que podría producirme un plato de caracoles, cogí lo que quedaba de mi maltrecha cazadora de súper puta, y me la encasqueté. ¿Serviría para protegerme? ¿Sería capaz de no vomitarme del asco? ¿Seréis capaz de esperar al siguiente capítulo, a ver si la bestia y yo nos retamos a un concurso de gómitos… o de Cifras y Letras telepático?

STRIKE A POSE!

viernes, febrero 23, 2007

~25~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Tras revelar El Secreto de las Bossini, conseguimos escapar de aquel callejón sin salida, aunque yo llevo varios capítulos sin comerme un rabako, y por lo tanto, para salidas ¡YO!, pero escapamos, y terminamos en un laberinto de cemento, altísimo, por el que teníamos que andar con cuidado y a oscuras, para no despeñarnos y terminar engullidas por aquel demonio gigantesco.



-No empujéis –dije intentando tranquilizarme-. ¡NO EMPUJÉIS, COÑO, QUE ME ESCOÑO!
-¡Vamos a morir! –dijo Kiki.
-Nena, ¡por FAGOR! ¿Puedes parar de decir eso? –y me puse de rodillas, para andar a cuatro patas por aquel estrechísimo caminito de cemento.

Rezando para que esta postura impropia de una Diva, no apareciera en mis memorias, como ha pasado con la Whitney… empapada de arriba abajo por aquella asquerosidad que apestaba a huevos podridos, pero que bien podridos, con la que mi ropa tan COOL se había ido a tomar por culo, porque no habría lavadora con detergente ni suavizante suficiente en el Mundo, ¡que lavara toda esta mierda!, avancé hasta que mis dedos rozaron el vacío, y pegué un grito del susto que me llevé.

Algo, abajo, a varios metros, saltó a mi encuentro y rugió, llenándome los pulmones de su fétido aliento a podrido y hasta se me ocurrió, supongo que por el mareo, imaginar cuantos litros de Listerine harían falta para borrar de un plumazo aquel desagradable olor; alguien me tocó el culo, empujándome hacia el abismo e hinqué las rodillas y las uñas en la pasarela de cemento para no caer sobre el monstruo.

-¡PARARSE! –grité tan fuerte o más, que la Caballé cuando se picaba con Freddie Mercury en el tema de Barcelona, y dejaron de empujarme desde atrás.

Entonces sonaron dos compases de música disco, y unas voces que reconocí al instante, comenzaron a cantar...

I’m…
so lucky, lucky…
I’m…
so lucky, lucky…
I’m…
so lovely, lovely…
I’m…
so lovely, lovely…

-¡Es el mío, es el mío! –chilló Eun.
-¡No me digas que tienes UN MÓVIL… Y CON COVERTURA, PUTA!

Chillé perdiendo los papeles y volviéndome hacia atrás, con cuidado de no caerme por los lados, vi la luz brillante del móvil de Eun, detrás de Gigi, mientras las dos putas esas cantaban lo afortunadas y encantadoras que estaban de conocerse.

-¡Déjame ese móvil, so guarra!
-¡Estamos salvadas! –gritó Gigi.

Intenté coger el móvil, guiándome por la luz y entre tanto meneo y musiquilla, sé que le di una torta a alguien, porque gritó de una forma rara. Un grito de esos como de Jedi que se escoña por la ventana del piso 750 de un edificio de Coruscant.

-¡Eun! –gritaron Ek-Ham y Kiki, mientras el grito se alejaba hacia abajo, se oía un señor porrazo con todas las de la ley, y las putas dance dejaron de cantar lo afortunadas y encantadoras que eran.

-¡Se ha espeñado! –gritó Gigi.

Y la bestia rugió abajo, y se empotró una y otra vez contra los muros de cemento, chascando su enorme mandíbula como si fuera un cepo oxidado. Pero un cepo oxidado para cazar elefantes… ¡o mamuts!

-MY GOOD! –chilló Ec-Ham.
-¡Ha sido sin querer, nena! ¿Cómo es posible que nos estamos jugando las vidas, y vosotras con vuestros móviles, sin decir nada, so putas? ¡Necesitamos luz para salir de aquí!
-Y una camilla para sacar de la fosa a Eun –apuntó Kiki.
-¿Alguna más tiene su móvil a mano, y se lo ha callado?

Pregunté, y antes de terminar la frase, las pantallitas de dos móviles súper iluminadas, una de Orange y otra de Moviestar, temblaban delante de mis narices; abajo, la bestia del infierno siguió rugiendo y dejándose la cabeza (aunque en realidad ese bicho era todo cabeza), contra la pared de entrada al laberinto; opté por el de Moviestar, porque tenía tres rayitas, y marqué como una loca el teléfono de Sayuri.

-¡No me extraña que la Hidro-Nena pasara de vosotras! –dije mientras comencé a oír los tonos-. Y cruzad los dedos, para que no tenga el móvil apagado, porque la Sayuri es muy trabajadora y porque encima trabajaba de noche hace unos cuantos capítulos…
-¿Diga?
-¡¡¡SAYURI!!! –chillé con el corazón latiéndome a mil por hora-. ¡SOCORRO!

El demonio, abajo, berreó, como para que no nos olvidáramos de su presencia, y se empotró nuevamente contra la pared de cemento.

-¿Dolly? ¿Qué es ese ruido?
-¡¡¡Es el sonido de la muerte, neeenaaa!!!
-¿Qué?
-¡¡¡Se me ha ido de las manos esta Tercera Temporada de Desperate Housegays, neeenaaa... y estamos a punto de morir engullidas por una albóndiga del infierno!!!
-¿Qué has bebido? ¿Sabes qué hora es?
-¡¡¡Se me ha muerto el reloj, nena!!! ¿¿¿CÓMO COÑO LO VOY A SABER???
-¡Es verdad, VAMOS A MORIR COMIDAS TODAS JUNTAS! –chilló Gigi súper aterrorizada.
-¿Pero qué es lo que sucede?
-¡Sayuri! Si te hago un resumen, la palmamos fijo, pero tenías razón, ¡Tenías razón! Dile a tu hermana... que tenías razón.
-¿De qué hermana me hablas, Dolly?
-¡Ay, nena, que estoy tan histérica, que se me ha ido un diálogo de El Retorno del Jedi! ¡Pero vamos a morir si no haces nada! ¡Era una secta satánica! ¡Y han invocado a un bicho gigantenorme y muy feo, que come satanistas y marikas!, ¡¡¡ESTAMOS EN DANGER, NEEENAAA!!!, y tienes que llamar a los SWAT o a quien sea, para que nos rescaten de estas terribles catacumbas…
-¿Pero hablas en serio?

Atacadita como estaba, me dirigí a las dos Bossini que quedaban vivas.

-¿Este móvil saca fotos?
-Of course, honey! -dijo Ec-Ham súper ofendidísima.
-Oka, nena… -y volví al móvil-. Espera un segundo, nena -me giré hacia el vacío y la negritud que tenía a mi espalda, y grité-. ¡EH! ¡BICHO!

El demonio albóndiga gigante, se detuvo y me volvió a rugir lanzándome más babas y aliento pestilente, y yo apreté el botón de sacar foto, y el flash me dejó ciega perdida.

-¡Vaya mierda! ¡Saca las fotos por delante, no por detrás como el mío! –chillé viendo estrellitas.

Giré el móvil y volví a increpar al demonio, gritándole cosas estilo: Cristo Te Ama y algún padre nuestro, pero en la versión reducida, claro, porque no había tiempo, y causó su efecto porque aquel engendro se puso a berrear como si el mismísimo King Kong le hubiera metido el pulgar por el culo… entonces, le saqué una foto y volví a pegarme el móvil a la oreja.

-¡SAYURI! ¿Sigues ahí?
-¡Claro! ¿Pero qué es eso que se oye de fondo? ¿Un perro?

Y a mi me entró la risa nerviosa… ¡UN PERRO!

-Sí, nena un perro, del infierno y de media tonelada de peso. Espera que te lo envío.

Trasteé un poco con el móvil y le di a enviar imagen… salió un icono de enviando y yo volví a hablarle a Sayuri, comentándole rápidamente cual era nuestra situación (jodida, claro, o jodidísima, pero debajo de la iglesia de la calle Divino Pastor con Fuencarral, y que éramos cuatro, una marika espeñada y un rubio en bolas, cuando me respondió.

-¡¡¡JODER!!! ¿¿¿QUÉ COÑO ES ESO???

Estaba claro, que la foto le había llegado a Sayuri.

-¡UN MOSTRO CON FORMA DE ALPÓNTIGA! –chilló Gigi, porque Sayuri pegó tal berrido, que la oímos todas.
-¡Tienes que sacarnos de aquí, Sayuri! –grité, mientras vi cómo Kiki movía su móvil a los lados.
-Intentad aguantar ahí.
-O sea, que intentemos que esta cosa no nos engulla.
-Sí, voy a hacer unas llamadas, y no pierdas este teléfono. Te localizaré en cuanto pueda pedirle a alguien que vaya ha esa dirección.
-¡PERO QUE SE TRAIGAN LANZACOHETES! –gritó Gigi, y el demonio, que debe ser que entendió que eso era peligroso para su integridad como albóndiga infernal, se cabreó más y siguió embistiendo contra la pared de cemento, sobre la que estábamos agarradas como ladillas del ballet ruso.
-La pasarela sigue por aquí –gritó Kiki, que iba ahora de avanzadilla, hacia un lateral de la pasarela en la que estábamos Gigi, Ec-Ham, la Rubia y yo.

El camino que habían tomado, se alejaba de donde estaba el monstruo, y eso era bueno, pero yo no podía irme de allí tras haber provocado la caída de Eun. Me quedaría allí hasta que llegara la policía... ¡o hasta que llegara el Ejército!

-¡Nenas! Seguid a Kiki y alejaros todo lo posible; Sayuri, cuelgo para no gastar más batería.
-Muy bien… y conservad la tranquilidad.
-Pues como no venga en lata, me da que va a ser IMPOSIBLE conservarla, nena –y colgué-. ¡Gigi! ¡Ve con ellas!
-No, Dolly, yo me quedo contigo…

Y la bestia rugió abajo. Súper cabreada y súper pestilente.

-Nena, puede que no salgamos de ésta.
-Ya, tía, pero eso lo has dicho muchas veces y siempre hemos salido…
-¡Pues también es verdad!
-¡Claro que sí, tía!
-Hay que ver, nena, hay veces que me flipas con tu optimismo.

El impacto de la bestia contra el muro de cemento sobre el que estábamos, nos zarandeó un poco y perdimos parte del optimismo con un sonoro grito polifónico muy cool que nos quedó a las dos.

-Hay que ser optimista, nena, OPTIMOSTA –y miré hacia el nicho por el que había caído Eun-. ¡Y tú, despierta, nena! ¡Si me oyes, di algo!
-¡PUTA! –dijo desde abajo Eun, como si le dolieran todos los huesos y cartílagos del cuerpo.
-¡¡¡ESTÁ VIVA!!! –chillamos Gigi y yo súper felices, y nos abrazamos, y la bestia aulló y siguió arañando las paredes con los dientes, ¡más cabreada que todos los chicharreros de Santa Cruz de Tenerife con el bailarín Rafael Amargo, por esa mierda de gala de carnaval que hizo!