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miércoles, mayo 23, 2007

~EPÍLOGO-GO!~ 3ª Temporada


Tras mi última aventura, sucedieron cantidad de cosas... cosas, que intentaré resumiros en este Epílogo-Go!, hasta la fecha actual, el 2007…

No olvidarse, nenas, que toda la aventura de El Diario Secreto de Agapita González, ocurrieron en los dos primeros meses del 2006, con lo cual, mejor así, porque si todo lo malo pasó de sopetón en los primeros meses, ¡¡¡el resto del 2006 debería ser FANTABULOSO!!!, quise creer, y en parte, lo cierto es que ¡¡¡LO FUE!!!

Claro que pasaron cosas malas, como por ejemplo, que dejé de tener a Jessica y Manolo como vecinos, porque… tras la “revelaciones”, y que no te voy a decir cuales fueron, porque para eso me he escrito 35 capítulos, ¡HIJASDELAGRANPUTA!

Sí, nenas y nenes, Jessica y Manolo se separaron, no sé si de malas maneras, pero la cosa, es que se separaron y se marcharon del piso y el piso volvió a quedar libre...

Las Bossini se volvieron a Barcelona, porque yo les dije que les faltaba mucho entrenamiento para ser unas auténticas Divas, y que deberían seguir unos meses… (o AÑOS), con la Hidro-nena, y para allá que se fueron las muy taradas... pero claro, a las 6 horas me llaman, y me dicen que la Hidro-nena no está en Barcelona, y que se volvían para Madrid, y yo les dije:

-¡Y UNA MIEEERDAAA, NENAS!

Y les di a las tres la dirección del nuevo novio que tiene la Hidro-Nena, más conocido por LCGQBQB (o sea, La Chica Gizmo, Que brilla, Que Brilla), y las Bossini, ni cortas ni perezosas, se subieron a un bus con destino a Huesconsing, que está, más concretamente y situándolo en el mapa del Google, en HUESCA.

Desde entonces, dicen que Huesca ya no es lo mismo, porque estas tres descerebradas, cada vez que ven un paso de peatontas (que en Huesconsing los hay, aunque pocos), se creen que es Abbey Road, y se ponen a andar de forma rarísima, y claro, ya han estado a punto de ser atropelladas varias veces, porque una cosa debéis saber, y es que andar por Huesconsing, NO ES SEGURO, nenas. O te atropellan los coches o te puede caer un tiesto de alguna de las fachadas, o un carámbano del tamaño del un dildo en su época invernal, abrite la crisma como un water melon.

Pero volvamos a madrid, porque lo que les pase a esas tres putas, me importa un pimiento; el piso de Jessica y Manolo que había quedado libre… lo quedó, pero desgraciadamente por poco tiempo. Yo esperaba que algún chulazo lo alquilaría, pero no nenas, fue Gigi quién lo alquiló, y es que como dijo ella:

-Mira, tía, tu casa está demasiado ordenada y limpia, y la mía está lejos y además, la Space, que sigue suelta y en busca y captura, sabe dónde vivo y ya me intentó “jansesinar”.
-Es verdad, Han Sola…

Que vale, tiene mucha razón, pero tener a Gigi en la puerta de enfrente, es como tenerla DENTRO de casa.

-Tía, ¡k fuerta ha sonado eso!
-Pero es la verdad, Gigi…
-Pues sí, tía, pero lo podías haber dicho de forma más "lais".
-Andaaa... calla, y deja que termine, nena.

Eso, digamos que fue la parte mala.

-Gracias, ¡Puta!
-JUAS!
-Venga, cuenta ahora la parte buena, que el 2006 ha sido lo más, tía.
-Pues sí, pero si te callas un poquito, ¿vale?
-Oka, tía.

Prosigamos: la parte buena, es que, por increíble que parezca, las cosas han ido de mejor en mejor. Y eso, también asusta, porque si pasan tantas cosas buenas todo el rato, piensas: “cuando lleguen las cosas malas, ¡¡¡vamos a cagar peladillas, neeeenaaa!!!”.

Y las cosas buenas fueron, que gracias a la foto que le sacamos al demonio con el móvil de las Bossini (móvil que no le devolvimos, porque eran lo pior), el jefe del rubio que estaba en bolas y al que salvamos de las catacumbas, nos la compró y nos dio mucha pasta, gracias a parte de la cual, Gigi, se vino a vivir a la puerta de enfrente.

Pero ahí no queda la cosa, porque claro, curioso como era el hombre y dueño del periódico sensacionalista y de cosas raras llamado “Increíble pero Cierto”, me ofreció un trabajo, pero claro, ¡yo soy una Diva!, y tengo mis compromisos mundiales, además de ahuyentar a la Whitney Houston de los saleros para que no se los esnife, o a María Carey de cualquier McDonalds, al grito de “¡María, CARAJO, sal de ahí!”… le dije al Jefe que sólo podría trabajar en colaboraciones esporádicas, y si contrataba a Gigi, porque la Gigi es también medio zahorí, y sabe dónde están los líos paranormales… y va el tío, ¡¡¡Y NOS CONTRATÓ A LAS DOS!!!

Súper Jeby, nenas. Hay que estar muy desesperado para hacer lo que hizo el hombre, y por eso tiene toda mi admiración.

Desde entonces, nos hemos movido por Madrid, visitando pisos encantados (y nada encantadores), entrevistando a una señora de 120 kilos que decía que los pezones de sus tetas eran dos ectoplasmias, aunque la verdad parecían dos platos de ensalada de lo enormes que los tenía, y acompañamos a un lampiño (esto es un hombre sin pelos) que decía que era un hombre lobo, en una noche de luna llena, y al tío, ¡no le salió ni un pelo en las narices!, así que al final lo llevamos Al Paso, buscamos unas cuantas "osas donantes de pelo", le pegamos unos cuantos pelos ensortijados con agua y azúcar y le sacamos unas fotos, y también las vendimos, ¡¡¡y nos dieron más pasta…!!!

Y no nena, no fue mentir, fue... ayudar a los demás a que cumplan su ilusión, como la de ser un Hombre Lobo.

Y todo iba bien en la redacción, cuando en uno de los casos, donde habían trabajado varios redactores del periódico, terminaron desaparecido misteriosamente, y el Jefe, nos quería mandar a nosotras. A mí de reportera y a Gigi de fotógrafa, pero claro, para ello, teníamos que ir en coche a alguna parte lejos de Madrid, ¡y ninguna de las dos teníamos coche! Es más, por no tener, ¡¡¡NO TENÍAMOS NI CARNET DE CONDUCIR!!!

Así que me dije: “DON’T PANIC”.

Nos apuntamos a una autoescuela, y nos sacamos el carnet a los pocos meses, porque somos súper listas, y porque además, tengo una ropa ideal que conjunta cantidad con un Opel descapotable de esos de dos plazas. Seríamos la envidia de Chueca, y lo fuimos, ¡anda que no! Y a Gigi le hizo cantidad de ilusión eso de conducir, y yo la dejé, porque como bien podéis imaginar… ¿qué es una Diva sin un chofer? ¡Pues una Meng-Diva, nenas!

Y ya con todo eso, fuimos al Jefe, y le dijimos que queríamos ese caso en el que habían desaparecido 4 periodistas…

-En realidad ya son cinco –dijo él muy preocupado.

Esto fue por Marzo o Abril del 2007, de este mismo año, vamos.

-¿Y porqué desaparecen los periodistas? –preguntó Gigi.
-Nadie lo sabe… simplemente van… comienzan a trabajar durante unos días, preguntando a los testigos, y luego, desaparecen, dejando todas sus cosas…
-¡K JEBY! –dijo Gigi.
-De todas formas, no quiero que vayáis vosotros... aún estáis muy verdes…
-HUALA! ¿Verdes? Pero si siempre que sale un artículo nuestro, ¡la tirada se duplica, Jefe!
-Por eso mismo.
-Ah, que es un cumplido… vale.
-Además, esta vez irá Rosario Fitis.
-¿La Rosi? –preguntó Gigi-. ¡Pero si La Rosi tira las fotos sin quitarle la tapa al objetivo!
-Tranquila, Peter Parker, déjame esto a mí –y paré a Gigi con una mano-. Jefe, sé que es una misión súper peligrosa y todo eso, pero también sé, que esté, podría ser el “cliffhanger” de la Cuarta Temporada de Desperate Housegays…
-¿Qué es eso del “cliffhanger”?
-Un gancho, Jefe.
-Gracias por la puntualización, Gigi…

El Jefe se quedó pensativo unos minutos, y luego se puso a negarlo con la cabeza como cuando los perros intentan secarse, y se mueven de arriba abajo.

-No, irá Rosario Fitis. Ya está dicho. Saldrá hoy mismo…

Y en ese momento llamaron a la puerta, y era ¡La Rosi!

Rosario Fitis es una morenaza con un cuerpazo de escándalo y unas tetas poderosas como proas de trasatlánticos, pero que lleva unas gafas que parecen las primas del telescopio Hubble. Vamos, que le puede estar enseñando la polla el mismísimo King Kong, y ella ni se entera de lo cegata que es.

-¡Buenos días, Jefe! –dijo la Rosi con su voz cantarina-. Ya estoy lista para salir esta misma mañana. Y he reservado una habitación en el motel que hay a dos kilómetros del asilo.

¿Un Motel? ¿Un Asilo?

-Si salgo en media hora, podré estar allí para la hora de almorzar, y comenzaré a hacer las entrevistas esa misma tarde.

-¿Y qué hay en ese asilo, Rosi? ¿Yayos empastillados de Viagra? ¿Desaparecen las dentaduras postizas de los vasitos de agua? ¿O hay algún monstruo que se bebe el pis de las cuñas?
-Pues hay… -comenzó a decir, y mi Jefe la cortó.
-Nada que os concierna a vosotros dos… Estáis fuera de esto, chicos.
-Jooo… -dijo Gigi.
-Jooo… -dije yo poniendo carita del gato de Shrek.
-Jooo… -dijimos las dos a la vez, porque ya lo teníamos súper ensayado en el espejo de casa, y nos salía súper bien y súper natural que lo flipas.
-NO –dijo el Jefe, y nos largó a las dos de su despacho.

Y así, con este cliffhanger que te cagas, y completamente ignoradas como dos marikas en el Día del Orgullo Gay, nos fuimos a casita, esperando que nos encargaran otro reportaje, y buscando también cosas por nuestra cuenta, hasta el momento…

Y te dirás: “vale, todo esto muy chulo, nena… pero lo que queremos saber es qué pasó entre Bruno y tú, desde la última vez que os visteis en el Capítulo 35…”

Es que parece que tenéis telepatía, nenas, porque Eso precisamente era lo que iba a contar para cerrar este Epílogo-GO!

Bruno y yo volvimos a vernos… y en más de una ocasión, nenas, pero claro, esto fue durante meses, hasta, que el fin de año del 2006 lo pasamos juntos, y el 1 de Enero de 2007, nos despertamos en la misma cama, de un hotel monísimo de la muerte, en algún lugar de Europa que no era España (ni Lan-Don, porque aborrezco Lan-Don, nenas).

A la vuelta a Madrid, hicimos algo súper jeby, y fue, decidir lanzando una moneda al aire, en cual de las dos casas íbamos a comenzar a vivir juntos. Sí, nenas ¡JUNTOS!

¿Y qué casa creéis que fue la ganadora? ¡La mía, porsupuestísimo, nenas! Además que está mejor decorada que la de Bruno y que tiene todo mi santuario de Dolly Parton, y que además es más grande que la de él, y más céntrica y todo eso, y porque además, creo que soy la única persona en Europa, que tengo un euro defectuoso con la cara de Juan Carlos por ambos lados. JA!

Sí, nenas, desde el 1 de Enero de 2007 ya vivimos juntos, y no tenemos nada que envidiar a esas parejas tan cools que salen en las portadas de “Pronovias”. Para nada, nenas… y hasta de vez en cuando, hemos hecho alguna cenita en casa, a la que se ha apuntado Sayuri y Gigi, aunque Gigi se apunta cada dos por tres a cualquier cosa, claro. Incluso, hasta la Pauli (porque ella lo vale), se vino a mi cumple y todo.

Con esto quiero decir, que después de Tres Temporadas de Desperate Housegays, o lo que es lo mismo: 105 capítulos (sin contar los tres Epílogo-Gos!, porque entonces serían 108 capítulos), oficialmente… ¡¡¡YA TENGO NOVIO, NEEENAAASSSS!!!

¡Hasta ni yo misma me lo creo!, de lo fuerta que es… pero sí, nenas:

¡¡¡TENGO NOVIOOO!!!!

Y es una experiencia que espero, alguna vez en esta vida, os ocurra a todas porque es ¡LO MÁS, nenas! Hasta se me pone la piel de gallina, cada vez que lo pienso. Como que estoy por sacarme una foto del antebrazo para que lo veáis y todo, pero no, tampoco quiero que os pudráis de envidia, por seguir siendo marikas solteras y desesperadas.

Hasta que un día… una noche en la que volvía muerta, y Gigi más, porque habíamos estado toda la tarde hablando con una madre que tenía un hijo con dos cerebros por culpa de la Play Station 3 (sí, nenas, otro reportaje para Increíble pero Cierto) que, aunque el niño era cabezón, calvo y feo de la hostia incalificable, no tenía aspecto de tener dos cerebros, hasta que su madre nos enseñó unas radiografías del médico… ¡¡¡Y ERA VERDAD QUE TENÍA DOS CEREBROS!!!

Como decía, llegando MUERTA a casa, me asusté al abrir la puerta y encontrarme con una vela encendida (que vale, alguna vez me dejo alguna encendida, pero juraría que esta vez no me la había dejado), al lado de una cajita negra con un lazo rojo, monííísimo.

A mi, que la curiosidad me pierde, y sin romper el encanto del momento, dejé la bandolera tan cool de Camel Active que tengo en el sofá, y me senté delante de la cajita de cartón, negra, con unas letras doradas que decían: BVLGARI.

Decir que me quedé sin aliento, fue poco…

Quité el lazo y la destapé, y dentro había otra cajita, ya de piel, con la palabra BVLGARI grabada… y las yemas de los dedos incomprensiblemente se me humedecieron (porque las Divas no sudamos, que lo sepáis), pero sí que lloramos, y los ojos se me empañaron, y me los limpié antes de levantar la tapa y descubrir que dentro… había un Bvulgari de oro blanco…

¡¡¡UN BVLGARI, NEEENAAASSS!!!

-¡¡¡Sí quierooo…!!! –grité a pleno pulmón.
-¿Sin que te lo pregunte antes?

Dijo Bruno desde alguna parte de la casa, y miré a los lados, llorando como Meryl Streep en un recopilatorio de TODAS sus películas, y le descubrí en una esquina del salón, en la penumbra… y me lancé a sus brazos y le besé hasta que casi me lo como entero, y algo se puso a vibrar en mi entrepierna… ¡¡¡MI MÓVIL!!! Pero yo no estaba para móviles en aquel momento…

¡ACABABAN DE PEDIRME MATRIMONIO, NENAS! ¡¡¡A MÍ!!!

-Espera, espera, que me ahogas –dijo Bruno, mientras me caían los lagrimones-. Contesta al teléfono…
-No puedo, nene, ¡no sé si puedo hablar! Sí quiero. Sí quierooo…

Lo decía por el anillo, no porque quisiera hablar por el móvil, porque seguramente sería Gigi para cualquiera de sus tonterías, pero Bruno metió sus manazas en mis bolsillos y sacó el móvil, y me enseñó la pantallita. Era una llamada de mi Jefe.

Emocionada, descolgué y grité.

-¡Jefe, me acaban de pedir el matrimonio!
-Me alegro y espero que te vaya mejor que a mí con las tres zorras de mis ex esposas.
-¡Pero es que esto es muy jeby, jefe! ¡Que es un Bvlgari! ¡DE ORO BLANCO! Ideal de la muerte y que pega con todo lo que me ponga…
-Felicidades, pero al grano: ha surgido un problema…
-¿Qué? No, por favor, problemas no. Este momento es demasiado importante para mí. ¡Llevo tres temporadas y ciento cinco capítulos, sin contar los tres epílogo-gos, Jefe, para que pase ESTO, Jefe!
-Escucha…

Y entonces me puso por el altavoz del contestador de la redacción, una cacofonía de ruidos rarísimos, y unos gritos de terror indescriptibles, y golpes, y cristales rotos, y más gritos… hasta que comprendí que aquella tía histérica que pedía socorro, auxilio, piedad y no paraba de berrear “no, por favor, noooo” a lo Hostel 1 y 2 juntas… era…

¡¡¡ROSARIO FITIS!!!
¡¡¡LA ROSI!!!

martes, mayo 15, 2007

~34~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Nos estrellamos con la ambulancia en la misma puerta del Parque del Retiro, y yo salí despedida en la camilla cuesta abajo, contra la Cibeles, que paró el golpe, y mojada como una Tena Lady usada de la Concha Velasco, corrí otra vez para salvar a Gigi y a la Jessica, de Amanda, ahora poseída (desde hace unos cuantos capítulos) por Agapita González, que corrió al interior del parque, cuando estalló la tormenta de la Blogsfera sobre nosotras, y yo la seguí, y un rayo fundió la verja de la entrada, dejándome dentro del parque con la bicha. ¡Coño! Esto más que un resumen del capítulo anterior, parece OTRO CAPÍTULO, ¡¡¡NEEENAAA!!! Debes ser porque estamos en el ¡Capítulo 34!



-¡DOLLY!

Dejé de correr al oír la voz de Gigi y me volví hacia atrás.

-Gigi, quédate con Jessica y ¡NO ENTRÉIS!
-Jooo, tía, pero ¿por qué?
-Porque este es el final de la Tercera Temporada de Desperate Housegays, y tú, nena, casi la palmas en la anterior. Bueno, en realidad la palmaste, pero luego reviviste, nena.
-Ya, tía, pero perderme lo mejor, como que no mola, tía.
-Gigi, piensa que has de quedarte, para contarme lo que pasa entre Jessica y Manolo el bombero, y así yo poderlo contarlo en el Epílogo-GO, nena, que una no puede estar en todo, ¡y menos desdoblada!
-¡Anda, es verdad!
-Pues claro que es verdad, tía… así que, quédate con Jessica, ¿entendido?
-Oka, tía…

Me di la vuelta y reanudé la carrera cuando…

-¡DOLLY!

Frené, me volví otra vez, y allí estaba Gigi, con cara de nerviosita, importándole tres pimientos la que estaba cayendo (lluvia a raudales, truenos y relámpagos).

-¡Gigi! Vale ya, ¿eh?
-Es que… ¿Y si Jessica y Manolo se dicen muchas cosas, y luego se me olvidan, tía?
-¡Pues las apuntas, PUTA!
-¡Anda! Pues también es verdad.
-Ea, ve a enterarte de lo que hablan, que yo voy a intentar terminar con ésta Tercera Temporada de Desperate Housegays –y volví a correr.
-¡DOOLLYYY!
-¡¡¡GIIIGIII…!!! –grité cabreadísima, pero sin darme la vuelta. Aguanté a contar hasta diez fresisuis antes de darme la vuelta-. ¿Qué te pasa ahora, nena?
-Que digo yo, que si por un casual, vas y la palmas en esta temporada, me podría quedar con tus discos, los deuvedeses y esas cosas.
-¡Nos hemos levantado optimistas! ¿Eh, hijadelagranputa? Mira, Gigi, si salgo… SI SALIMOS vivas de ésta, recuérdame que haga el testamento, y así ya te puedes quedar más tranquila, ¿vale?
-Oka, tía.

Volví a correr, cruzando los dedos para que Gigi no volviera a abrir el pico, que no hizo, e intenté seguir la protección de los árboles para no empaparme más de lo que estaba, pero ¡¡¡todo el mundo sabe que en medio de una tormenta eléctrica, no hay nada peor que refugiarse bajo un árbol!!!

Así que me aparté y tomé el camino de tierra para ir en bicicleta, aunque yo no fuera en bici, por ese camino también va la gente haciendo footing y derivados de esa cosa rarísima llamada DEPORTE… y la vi. Debajo de un árbol, con su bicicleta rosa, empapada de agua, con su casco ciclista, sus coderas, rodilleras y demás accesorios que hacían de aquella niña, un parto sin dolor de algún Transformer tarado. Y lo peor era, ¡¡¡que me sonaba su cara!!! ¿Pero de qué?

-¡Nena! ¿No sabes que es peligrosísimo, refugiarse bajo un árbol en medio de una tormenta? ¡Y encima agarrada de una bicicleta! ¿Qué pretendes? ¿Ser el primer pararrayos humano?
-¡¡¡Perrro es que está lloviendo!!!
-¡TÚ! –chillé mega horrorizada (y la apunté con un dedo, que sé que es de muy mala educación), al recordar su pronunciación enfática de las erres-. ¡Eres la niñaca cabrona que salías en La Primera Temporada de Desperate Housegays, y que querías que te pasaran a deuvedé el uvehachese de la peli de Las Aventuras de Enrique y Ana!

La jodía niña, que me dio cantidad por culo en aquel capítulo, con sus bailecitos tribales y su horripilante forma de hablar, puso la boca en forma de O, y los ojos casi del mismo tamaño.

-Mira, nena, porque no tengo instinto de nani, ni de niñera, ¡ni de tetera…!

Y fui a por ella, y la niña, pensando que le iba a meter la paliza del siglo, se protegió con las manos, y me asustó cantidad, porque como iba vestida de Transformer, pensé que se iba a transformar en una hormigonera o algo así, pero yo lo que quería era su bicicleta rosa, de esas con flecos a ambos lados del manillar, para llegar antes a donde imaginaba que estaría Amanda la poseída, en la estatua del ángel caído.

-¡Un ladrrrón de bicicletas! ¡Al ladrrrón de bicicletas! –chilló como una loca.
-Un peliculón, nena; dile a tu madre que la alquile, y déjate de verle el paquete a Enrique y a los Coconuts. ¡Proyecto de puta con ERRES!

Montada en aquella birria de bicicleta, con una bocina que al tocarla sonaba algo parecido al “MokYYY-MokYYY”, pedaleé como cinco induráis gays, y casi me volví loca, cambiando las marchas y disfrutando con el ridículo asiento que tenía la bici, que más parecía el elástico de un tanga, porque se me metía entre las nalgas, neeenaaa. ¡Así claro, con una bici de éstas… o te volvías puta o marika perdida!

Pedaleé y pedaleé, sin prestar atención a la gente que huía de la aparatosa tormenta, abandonando el parque por las salidas laterales, que las tiene y muchas (espero que Gigi no se de cuenta de ello, y se le ocurra presentarse otra vez en este capítulo), giré a la izquierda por un paseo enorme con doble vía para ciclistas y arbolitos en el centro... y al fondo lo vi.

Tal y como me imaginé, todos los rayos y truenos del universo, caían sobre la estatua del ángel caído (para las de pueblo que leáis esto: es una estatia en honor al DIABLO, nenas). La gente que me encontraba, corriendo en dirección contraria a la mía, me miraban alucinados, no sé si era por la bicicleta, por el estilazo que le imprimía al pedaleo, o porque yo, en una película de catástrofes, en lugar de huir del tsunami, iba directa al tsunami, metafóricamente hablando, claro.

Salté de la bicicleta, porque como ya dije era enana, y corrí los últimos metros hasta la fuente limpiándome el agua que no paraba de caer de mis ojos, e intentando descifrar qué carajos estaba ocurriendo en la fuente, que parecía parte de un espectáculo de Madonna y Unión Fenosa.

La noche había sepultado el Parque del Retiro por completo. Corría a oscuras, hacia los flases blanco azulados de los relámpagos que convergían en la fuente y la estatua, de la que contrastaba el blanco de la piedra en la que estaba esculpido el ángel caído, y el rojo sangre que brotaba de las cabezas de las gárgolas en la base de la fuente. Porque sí, nenas, aquello parecía sangre… muy líquida, pero sangre de algún tipo sanguíneo... y entonces, vi una figura negra corriendo en círculos alrededor de la fuente.

-¡Me mentiste! ¡Prometiste que sería MÍO!

Gritaba Amanda, poseída como si fuera un furby al que habían conectado con dos pinzas a la batería de un camión, gesticulando muchísimo y moviendo las manos más que doscientos actores italianos.

-¡AGAPITA! –grité, porque aunque era Amanda la dueña del cuerpo, era Agapita González la que lo estaba habitando.

Amanda se detuvo, se volvió hacia mí y entornó aquellos ojos rojos, como hacía el malo de Howard el Pato. ¿Recordáis la peli? Pues es la obra cumbre de un genio del guión y la dirección llamado George Lucas, aunque la peli la dirigió Willar Huyck, y fue la segunda y última película que dirigió en toda su vida, para que veáis lo mala que era, nenas.

-Ya es hora de que terminemos con esto, nena. Se te acabó el ir poseyendo a la gente, y el ir matando a todo kiski que se folle Manolo, porque Manolo nunca fue tuyo, nena, era el novio de tu hermana mayor, ¡era el novio de Jessica! ¡No el tuyo, Agapita!
-Pedazodemetomentodo –dijo con voz de travelo alcoholizada a las 6 de la mañana, y vino directa a mí.

Y claro, me entró el pánico, porque por mucho que nombre a Dior, no tengo ni un jodido crucifijo, una ristra de ajos o una estaca para este tipo de situaciones. Y es que, el que se me tire un demonio encima, no me ha pasado muchas veces, claro. Así que opté por el Plan B: ¡CORRER!

Y anda que no corrí. Corrí como nunca. Parecía el jodido Roberto Benigni, cuando le dieron el Oscar, y corrió al escenario antes de que comenzara la orquesta a tocar la fanfarria esa que te tocan, cuando te dan el Oscar. Y la Amanda, pisándome los talones, chillando y berreando cosas rarísimas, como ese disco de Shakira que si lo pones al revés dice “Meeep folloooop aaaap Mandigooop, quep riiicop, quep riicop”.

Pero esta vez yo iba bien preparada y saqué mi ZEN, y le di a la opción grabar, sin dejar de correr, porque el ZEN, a diferencia del HIPO, puede grabar de la radio y sonidos, porque tiene una rajita que es un micrófono enanísimo, y que está muy cool, y grabé lo que estaba berreando la posesa de Amanda, me puse los auriculares para oírlo, pero marcha atrás. A todo esto, no olvidarse que no paraban de caer rayos sobre la fuente, y que todo el ambiente estaba súper eléctrico y oliendo a ozono, y que yo corría y que Amanda la poseída corría tras de mí.

-“Maldito… estarás maldito, y los hijos de tus hijos… malditos también”.

Me paré en seco (aunque de seco no tenía nada, porque con la jodía lluvia estaba calado hasta los calzoncillos), con los pelos como escarpias al oír por los auriculares de Creative (que se oyen de putísima madre), cómo una voz demoníaca me maldecía a mí y a mi futura descendencia.

-¡AIBÁ LO QUE HA DICHO! –y me volví, justo en el momento en que la posesa estaba a un metro de mí, y sacando fuerzas del ¡¡¡Poder de Greyskull!!!, o de los tres puntos de batería que tenía en el ZEN, levanté mi mano derecha, con el ZEN en ella, y la cara de Amanda fue al encuentro de mis nudillos.

No se quedó gilipollas como el de Matrix, al que se le movía toda la cara como al borracho de los Simpsons cuando eructa, ¡pero casi, nenas! No fue un puñetazo para dejarla K.O., pero sí para que dejara de correr tras de mí maldiciéndome al revés.

-¡Au! –dije súper dolorida, mientras Amanda, como perdida, miraza al suelo medio atolondrada, como si buscara las dos lentillas que le acababan de saltar… ¡y es que volvía a tener sus ojos! Vamos, que ya no eran rojo posesa, nenas-. ¡Amanda!

Amanda levantó la cabeza y me miró, confusa, y miró a los lados, a la oscuridad que nos envolvía, y a los latigazos eléctricos de los rayos que caían en la fuente. Volvía a ser ella, y al verse en tal situación, gritó aterrorizada y una sombra negra, del tamaño del Yeti de alto y grande, pero como una sombra más negra que la noche, se formó tras ella. Una sombra con ojos rojos.

-¡Amanda! ¡No dejes que te vuelva a poseer! –grité, cuando la vi convulsionarse, y la sombra comenzó a engullirla, y a quitarle el color de la piel ¡y hasta de la ropa!-. ¡Déjala en paz, Agapita! ¡Estás muerta! ¡Ya estabas muerta incluso ANTES de que comenzara La Tercera Temporada de Desperate Housegays! ¡Suéltala!

Sin cortarme, cogí a Amanda de las manos e intenté apartarla de aquella sombra enorme y negra que seguía engulléndola. El tacto fue escalofriante. Como si millones de alfileres me atravesaran las manos, y Amanda gritó y puso los ojos en blanco.

-¡Déjala en paz, zorra! ¡Déjala, AGAPITA! ¡Amanda, no dejes que te posea otra vez, neeenaaa!

Pero Amanda aulló y sus ojos se impregnaron de un rojo fluorescente, como gotas de sangre sobre leche... y sonrió.


sábado, mayo 05, 2007

~33~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Conseguí hacerme con el volante de la ambulancia, pero la que tenía el tacón en el pedal del acelerador era Amanda, la compañera del trabajo de Jessica, poseída por el espíritu demoníaco de Agapita González, e íbamos directas a estrellarnos contra la fuente de la Cibeles. Ah, olvidaba decir, que nos llevamos por delante a un motorista de SEUR. Tenía que morir alguien, ¿no? ¡Pues ya está!


-¡FRENA! –grité mientras giraba el volante hacia la derecha, para no terminar empotrada con ambulancia incluida, en todo el coño de la estatua de la Diosa Cibeles, pero Amanda, que estaba más posesa que nunca (porque ya llevaba varios capítulos en este estado), maniobraba hacia la izquierda-. ¡No dejaré que nos estrellemos contra la Cibeles, como esas putas de Tamara y Loli Álvarez! ¡NO EN MI BLOG, PUTA!

Luché y le propiné un codazo en toda las napias, consiguiendo hacerme con el volante mientras la otra lanzaba un berrido súper raro, porque comenzó como un aullido animal, y terminó a grito de giri, porque no olvidemos, que Amanda es una giri.

Como girar a la derecha me venía tal que fatal y porque además la ambulancia cogería más y más velocidad, lo que hice fue rodear la fuente, pasando muy cerca de la fila de autobuses y seguí recta hacia la Puerta de Alcalá, porque era una pendiente y porque pensé: con suerte está esa zorra de Ana Belén que no soporto, recién salida de su última liposucción e inyecciones de botox, cantando lo del “Mírala, mírala, mírala…” y le pasamos por encima.

Pero no, nenas, no estaba Ana Belén, ni Víctor Manuel, y tampoco estaba Pilar Bardem, porque como bien sabemos, donde hay un socialista, ¡ahí está Pilar Bardem dando por culo! Algunos dicen, que hasta en la rosa del PSOE, como si se tratara de una cara de Bélmez, se está formando los rasgos de Pilar Bardem; pero como digo, no ¡estaban ninguno de los tres!

Intentando no pasarle por encima a ninguno de los peatones que cruzaban en ese momento, Amanda comenzó a berrear de forma psicótica (si se escribe con “p” antes, suena como de más sicótico), y frenó hasta el fondo, y yo salí disparada contra el cristal del parabrisas dándome un buen mamporro en la frente, antes de gritar al ver la entrada al Parque del Retiro y las barreras de hierro que hay para separar la vía de la acera. Los neumáticos chillaron más que yo, y nos empotramos como un cohete contra ellas.

Tras el primer guantazo, salí despedida hacia atrás, y crucé los dedos esperando que Gigi me detuviera, ¡pero no estaba Gigi! Caí sobre la camilla, golpeé con la cabeza las puertas traseras y salí despedida hacia el exterior.

-¡MIERDAAA…!!! –fue lo primero que grité, impropio de una Diva, lo sé, pero es que ahora iba cuesta abajo, acostada en una camilla que iba a una Velocidad Terminal y sin cuenta kilómetros, con todo el tráfico de Madrid corriendo a mi encuentro.

El primer coche, que era de policía, hizo una cosa rarísima (rarísima, desde donde yo estaba situada), porque iba cuesta abajo y no con los pies por delante, sino, ¡con la cabeza por delante! Así que tenía que doblar el cuello para poder ver contra qué me iba a estrellar… y para más INRI, notaba que iba ganando ¡más y más velocidad!

-¡Voy a morir! ¡Voy a morir! ¡Esta aventura se terminará en el capítulo 33! ¡Como la vida de Jesucristo! ¡HUALA, NENA QUÉ JEBY! ¡Dan Brown escribirá un libro de mi vida, buscando el código de mi muerte…!

Cerré los ojos esperando que el tránsito hacia al más allá, fuera rápido, indoloro y a ser posible, que no manchara mucho. No hay nada peor, que luego la policía le enseñe a tu madre una serie de fotos donde su hijo, antes conocido como Dolly Partos, La Diva, apareciera desmembrado en medio de una ciénaga de sangre y vísceras, como si se tratara de un personaje secundario de Hostel.

Oí claxons a ambos lados, porque ya me daba por muerta, y porque tenía los ojos cerrados, con las manitas sobre el pecho para que no terminaran una en la Plaza de Colón, y la otra haciéndole un finger a la Cibeles. Si moría, quería que todas las partes de mi cuerpo estuvieran juntas. Choqué contra algo. Todos los metales y tornillos de la camilla se quejaron, como cuando una vieja sin dientes intenta comerse una loncha de jamón de bellota, y las encías desdentadas hacen ¡ÑIIIIiiiIIIQUIS!

Me sentí ingrávida, olí a flores y de repente, un chapuzón y un dolor de cojones en la espalda, como una descarga eléctrica, que me hizo salir del agua y quedar de pié, mirando hacia la Puerta de Alcalá, donde todo el tráfico se había detenido y los coches se habían apartado a los lados, como para… ¡¡¡dejarme pasar sin ser atropellada!!!

¡¡¡Estaba dentro de la fuente de la Cibeles!!! ¡¡¡VIVA!!! Miré a los lados, y vi la espalda de la Cibeles, porque si no lo sabes, está dando la espalda a la Puerta de Alcalá. Y tenía un chorro de agua al lado que me empapaba más de lo que ya estaba.

-No te levantes, nena, que creo que estoy bien –le dije a la Diosa Cibeles, sentada ella en su carro, y di gracias a Dior por haberme estrellado en el mes de Enero, que es cuando tienen la fuente llenita de agua, porque me llega a pasar esto en verano ¡y como cemento hasta cagar ladrillos, neeenaaa!

Salté como pude de la fuente hacia la parte de flores (que sí, las pisé, putas ecologistas, pero era mi vida o un ramillete de margaritas), y me puse a correr como una loca hacia la Puerta de Alcalá, deshaciendo el camino que había hecho montada en una camilla y cuesta abajo, mientras unos policías parecían controlar el caos circulatorio, y los conductores de los coches que me habían esquivado, bajaban de sus vehículos cagados del susto de haber estado a punto de atropellar a una marika montada en una camilla de ambulancia que no paraba de berrear.

Para dar menos el cante, me metí por la acera y seguí corriendo esperando que se me secara la ropa, que no fue así, y esperando que como estaba en el final de La Tercera Temporada de Desperate Housegays, me casara menos, que tampoco fue así, porque estaba cansadísima, y la gente se apartaba de mí al verme correr, y los que estaban en la vía, creo que me llamaban a voces, porque no miré. ¡Tenía que llegar a la ambulancia, fuera como fuera! Esa golfa de Agapita tenía a Gigi y a Jessica.

Al llegar a la altura del kiosco, muerta de cansancio y sin aliento, vi que unas turistas me apuntaban con sus cámaras, y levanté una mano, para que no sacaran fotos. ¡No! ¡FOTOS NO! Hasta que no me arreglara el pelo y adoptara una pose estándar de Diva, claro. Sonreí, y pude ver cómo hasta salía el flash de sus cámaras.

¿Un flash? ¿En pleno día?

Levanté la cabeza y vi cómo el cielo se iba cubriendo de forma muy rara y a gran velocidad de nubes grises. Como en esas obras de teatro cutres de fin de curso, donde cae un telón pintado y listo, ya están en otro decorado: una campiña, una casa gótica, etc…

Dejé de posar y llamé a gritos a Gigi, cuando la vi saliendo del interior de la ambulancia, ayudada por gente que estaba en la entrada del Parque del Retiro… ¡y también vi que salía Jessica, aún conmocionada, pero despierta!

-¡GIGI! –grité, pero creo que sólo lo oí yo, porque no tenía ni aliento ni voz para gritar.
-¡DOLLY! –gritó Gigi, que me vio, claro. Y es que a mi me ven desde la Estación Espacial, nenas.

Llegué a su lado, vi que estaba bien, comprobé que Jessica estaba saliendo de su vahído que le había dado al ser secuestrada por una compañera de trabajo, que a su vez estaba poseída por el espíritu demoníaco de su hermana muerta… (si te has perdido a estas alturas del relato, nena, tienes 32 capítulos que releerte, porque NO TE VOY A HACER UN RESUMEN, ¡PUTA!).

-¿Estáis bien? ¿ESTÁIS BIEN?
-Sí, tía –dijo Gigi mirándome de forma rara.
-¡¿SEGURO QUE ESTÁIS BIEN?!
-¡Que sí, tía! ¿Y a ti qué coño te pasa?
-¡Que casi muero atropellada por conducir en una camilla de ambulancia o incrustada en el culo de la Cibeles, Gigi! –e intenté tranquilizarme-. ¿Y la poseída?
-¡Echó a correr hacia el Retiro!
-¿Al parque?
-Claro, tía, al Retiro…
-¿Y para qué se ha ido al Retiro? Gigi, llevo varios capítulos en una mega persecución, estamos en el capítulo 33, he estado a punto de morir varias veces y ésta es la página tres del Word. ¡Este capítulo se está acabando!
-¡Y a mí qué coño me cuentas, tía! ¡Es tu blog! ¡No el mío!

Corrí hacia la parte delantera de la ambulancia y vi el asiento del conductor vacío… y ante mí… la entrada al Retiro. Dos truenos le dieron más mal rollo a aquella visión.

-Dolly –oí que dijo Jessica a mi espalda-. No vayas.
-Tía, tengo que hacerlo –y un trueno en THX estalló sobre nuestras cabezas, obligándonos a mirar hacia arriba.
-Parece que va a llover –dijo Gigi.
-Es imposible que la encuentres… -puntualizó Jessica-. Déjala marchar…
-Nena, las cosas en mi blog, no pasan así porque sí. Que se cubra el cielo de Madrid a estas horas, tampoco pasa así porque sí. Y es tu hermana, la que está poseyendo cuerpos y matando a gente porque… porque… -casi meto la pata y se lo cuento todo a Jessica, nenas.
-Porque resulta que Manolo, tu novio, es bisexual, y tu hermanita fallecida, hizo un pacto de sangre con él, y tío o tía que se folle Manolo, aparece el demonio de tu hermana y los mata.



Os juro, nenas, que si llego a tener un hacha en las manos, le hubiera cortado la lengua a Gigi.

Jessica se quedó medio shockeada… y varios truenos restallaron en las nubes que habían sobre nuestras cabezas… y comenzó a llover a cántaros. Primero fueron unas gotitas de nada, pero luego calló agua a mares… lluvia, que ocultó las lágrimas de dolor y sorpresa de Jessica.

-Tú… ¿sabías todo esto? –me preguntó, intentando conservar la calma.
-Casi… desde el epílogo de la temporada anterior, cuando Gigi encontró el Diario de tu hermana.
-El diario se escribe sólo, tía… -puntualizó Gigi-. Como por arte de magia…

Un rayo cayó a diez metros de nosotros, haciendo saltar la cabeza de la figura que está en la esquina más próxima a nosotros, en lo alto de la Puerta de Alcalá, y sus cascotes cayeron a la vía.

-Ese pacto de sangre que hizo con Manolo, es lo que le ha devuelto la vida al espíritu de tu hermana, Jessica, además de… de juntarse con malas compañías.
-Sí, porque también se metió con unos de una secta satánica que eran súper satánicos y tienen un bar de jebys.
-Gigi, vale ya…
-¿En una secta?

Oímos sirenas y os vais a quedar muertas al leer esto, nenas, pero de las sirenas que escuchamos, unas pertenecían a los coches de policía que llegaron hasta allí, y otras… ¡a un coche de bomberos!

No esperé a ver si de él bajaba Manolo del coche de bomberos, nenas, no tenía tiempo para eso. Sólo tenía dos capítulos para terminar la Tercera Temporada de Desperate Housegays, y la puta de Agapita González, estaba perdida en el Parque del Retiro… ¿o quizá no estaba tan perdida como se podría imaginar…?

-No puede ser tan simple… -dije en voz baja, pero aún así, Gigi y Jessica me oyeron decirlo.
-¿El qué?
-¡No puede ser tan simple! –y me flipé a mí misma con lo inteligentísima que era-. ¡Quedaros aquí! ¡NO ENTRÉIS EN EL PARQUE! ¡NO-EN-TRÉIS!
-¡Pero, Dolly!

Varios rayos y truenos estallaron sobre nuestras cabezas, y serpientes eléctricas impactaron contra las verjas metálicas de la entrada del Parque del Retiro, como si de una advertencia del más allá se tratara. Una advertencia de: NO PASES, PUTA.

Me detuve unos segundos, cagada hasta el tuétano del miedo, bajo una cortina de lluvia terrible, mirando hacia el interior del Parque del Retiro.

Si hay algo que hace único, especial y diferente al Parque del Retiro, del resto de los parques que hay en el mundo, es por ser el único parque en todo el planeta Tierra, que tiene una estatua dedicada al Ángel caído… ¡AL DIABLO, NEEENAAASSS!

Eché a correr hacia el interior del parque, cuando las dos cancelas se movieron solas para cerrarse delante de mis narices, pero conseguí pasar antes de que lo hicieran, y un rayo o varios, cayeron sobre ella y fundieron el metal, para que nada ni nadie, entrara o saliera del parque.

viernes, abril 20, 2007

~32~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Además de conocer una ruta ideal para ir de compras por el centro de Madrid (de lo más chic y cool), casi muero estampada y estrellada como un bicho de autopista en el parabrisas de Fernando Alonso, por culpa de una vieja ex legionaria, ¡que conducía un jodido Smart! Y todo por perseguir la ambulancia donde Amanda (ahora poseída por el espíritu de la Agapita González), huía con Jessica y Gigi, ¡¡¡como rehenes Zellweger!!!


-¡EL SEMÁFORO ESTÁ EN ROJO! –chillé como nunca lo había hecho antes, y hasta con un tono de virilidad, ¡que ni sabía que tenía en mi cuerpo!

La vieja legionaria pisó con tanta fuerza el freno, que por un momento me imaginé cómo le salía el pié por la carrocería del Smart, porque claro, los Smart son tan pequeños, que como te descuides, te sales de él a lo ¡Picapiedra!

-¡Yo me bajo! ¡VAMOS QUE SI ME BAJO! ¡Pero ME BAJO cagando leches, neeenaaa!

Intenté arrancarme el cinturón de seguridad, pero aquello era tan estrecho, que ni aunque me operaran de las caderas o me quitaran 5 costillas en Cambio Radical, hubiera conseguido soltarme del cierre del cinturón.

-No se ponga nervioso, agente ¡que ya casi los tenemos!
-¡NO, señora ex legionaria! Prefiero seguir con la persecución en bus o en el jodido metro, ¡a jugarme la vida con usted!
-¡Sus compañeros la acaban de detener!
-¿Cómo? –y miré hacia delante, sin dejar de intentar liberarme del cinturón de seguridad.

¡Era cierto! Dos policías, a la altura del McDonalds, le hacían indicaciones a la ambulancia. Mi cinturón hizo CLIK y me liberé; sin pensármelo dos veces, abrí la puerta del Smart y salté a la calle justo en el momento en el que el semáforo se ponía en verde.

-¡Dónde va! ¡Que ya casi los tenemos! –oí cómo gritaba la jodida vieja a mi espalda.

Yo eché a correr como nunca, intentando no ser atropellada por los coches que ya comenzaban a ponerse en movimiento, y cuando alargué el brazo para abrir las puertas traseras de la ambulancia, esta hizo un ruido rarísimo, la ambulancia, nenas, no las puertas, ¡y salió disparada!

-¡Ahhhhh NO!

Grité y salté a lo Niurka Montalvo, deseando que alguien me grabara en esos momentos con alguna cámara de vídeo y que luego lo pasara a DVD Blu-ray, para que vieran a cámara lenta el estupendísimo salto que di, sin despeinarme gracias a mi gomina Giorgi, que es ¡LO-MÁS! Puedes participar en una orgía y salir sin despeinarte. Aunque no está a prueba de gómitos demoníacos, como ya comprobé en los capítulos anteriores.

-¡¡¡DETENGAN ESA AMBULANCIAAAA!!! –grité, como si me fuera a oír alguien.

Pero claro, estamos en Madrid, en la jodida Gran Vía, donde los coches sólo saben hacer una cosa, tocar el claxon, mientras los peatones que quedan en el paso de cebra, ¡corren por sus vidas!

-¡DETENGAN LA AMBULANCIA!
-¡¡¡TARAAAOOO!!! –me gritó un conductor al correr entre los coches.

Miré hacia atrás, me fijé en la matrícula y le grité al conductor.

-¡DE MURCIA TENÍAS QUE SER!

La gente se arremolinaba en los cristales del McDonalds, flipados, emocionados y agradecidos por el auténtico espectáculo que les estaba dando. Se pegaban a los cristales como esos peluches con ventosas que llevan los retrasados mentales en sus coches y que creen que son bonitos, ¡y no lo son!; la policía salió a mi encuentro en el preciso instante en el que la ambulancia aceleraba apresuradamente ¡y casi se lleva a uno de ellos por delante!

Para los que no conozcan lo que es La Red de San Luis, que no es un Santo que se cuelga a lo Spider-Man, sólo les puedo especificar que es una confluencia rarísima que hay a la atura de la Gran Vía, donde coches que salen de la Calle Fuencarral (lo más para una marika que quiere ir de compras), se incorporan a la Gran Vía en ambos sentidos de circulación.

Así que os podéis imaginar, coches por delante, por detrás, una ambulancia escopetada, dos policías tirándose a los lados, y yo corriendo como si fuera la puta prima de Steven Seagal. Y como todas sabéis, las Divas ¡NO PODEMOS SUDAR! Y yo no es que sudara, es que me había convertido ¡en el dodotis que se pone la Concha Velasco cuando sale de copas con sus amigas del Museo Egipcio!

Menos mal que la Amanda estaba poseída por el espíritu de Agapita González, y lo de meter primera se le dio tan mal, como se le da el caminar en línea recta a Nati Abascal después de salir a cualquier "acto cultural", donde le ponen garrafón con una aceituna, y le cuelgan un cartel de Prohibido Fumar, no sea que la señora explote en una combustión espontánea; la ambulancia se caló, volvió a arrancar haciendo eses, y yo salté sobre ella como aquellos pulpos asquerosos de goma que vendían en los años 80’s, y que al tirarlos contra la pared, bajaban rodando en vertical. Pues eso mismo, pero con menos tentáculos, me pasó a mi con las puertas traseras de la ambulancia.

Sí, nenas, conseguí caer sobre la ambulancia, arañar toda la parte trasera en busca de algo donde poder sujetarme, y suerte que se me metió la punta de mi zapato entre el guardabarros y la matrícula, con lo que por lo menos, estaba enganchada, ¡pero no sería por mucho tiempo!

Cogí el tirador de la puerta y abrí hacia fuera, cuando la ambulancia tomó velocidad en el sentido contrario (y sin parar de hacer eses), y yo quedé colgando de una mano, mientras manoteaba con la otra.

-¡GIGI, HELP ME, PUTA!

Gigi, en el interior, gritaba y con las manos extendidas al estilo Cristo, o sea, de crucificada, intentando no estrellarse contra los laterales de la ambulancia; Jessica, por el contrario, se había caído de la camilla, al hueco que hay entre esta y el lateral de la ambulancia, y yo detrás, colgando como una puta cometa, a lo Bruce Willis, pero con más pelo, claro, y sudando a mares.

-¡Vamos a morir! –gritó Gigi con todas sus ganas.
-¡Sí, nena, pero yo lo haré primero como no me ayudes!

Llevada por los nervios, el terror, o las ganas de experimentar algo nuevo, la Gigi se colocó una mascarilla de oxígeno y abrió la botella que se puso a silbar al salir a presión.

-¡Pero qué mierda estás haciendo! ¡Échame una mano, PUTA!
-¡Estamos perdiendo presión! ¡ESTAMOS PERDIENDO PRESIÓN EN CABINA!
-¡GIGI! ¡Te estás colocando!
-¡Fuera-de-mí-COCHE! –gritó Amanda la poseída, y dio un volantazo y yo salí volando en sentido opuesto.

Se me soltó la punta del zapato de donde me había enganchado, y caí al asfalto, pero claro, me he visto tantas veces el Lago de los Cisnes, que fui capaz de correr con el culo apretado y de puntillas a fin de no soltarme de la puerta de la ambulancia.

-¡GIGI!
-¡ME ESTOY HIPERVENTILANDO!
-¡¡¡GIGI!!!
-¡QUE ME HIPERVENTILO, TÍA!
-TE ESTÁS METIENDO OXÍGENO PURO, NENA, ¡¡¡ESO NO COLOCA!!!

Y recordé que se lo estaba diciendo (en realidad se lo gritaba) a Gigi, el mismo que una vez que me pilló limpiando la cocina con amoníaco y comenzó una disertación sobre las trufas y las formas de conseguirlas, bien con perros entrenados o con cerdos. A Gigi le duró la verborrea de las trufas como dos horas y cuarenta y cinco minutos (hasta que me di cuenta de que estaba colocada in extremis), y desde ese día jamás podré ver una trufa, si no es imaginándomela en la boca babosa de un chucho de mierda, o entre los dientes de un gorrino con el rabo ensortijado y el culo en pompa.

Corriendo de puntillas como corría, saltando como una virgen recién desvirgada, vi la parte delantera de la ambulancia y el atasco monumental al otro lado del parabrisas. No tuve que hacer nada más. El frenazo que dio Amanda la poseída, me precipitó como un supositorio infantil al interior del vehículo, mientras yo gritaba y me soltaba de la puerta trasera para no perder los dedos. Claro, porque eran los dedos de la mano derecha, y me gustaría conservarlos, por si una vez me caso, y me ponen un Bvlgari, nenas.

Aterricé de narices, pero con un estilazo propio de mi estatus de Diva, sobre la camilla y avancé medio metro más, hasta casi salir por la parte delantera del conductor; la ambulancia traqueteó, se ve que estaba haciendo algo extraño, aminoraba la velocidad para meterse en el carril bus y volver a acelerar.

Me levanté de un salto acolchado (porque no olvidemos que estaba sobre la camilla), le arranqué a Gigi la mascarilla de la cara, además de darle dos sopapos para que dejara de decir tonterías, y un sopapo más, porque me salió del coño y porque me encontraba muy alterada, y salté al asiento del copiloto.

-¡Detén esto, hijadelagranputa!

La ambulancia que iba a 60kmh (lo sé, porque pese a mi pánico, vi el cuenta kilómetros), giró 90 grados a la altura del Círculo de Bellas Artes y enfiló línea recta contra la fuente de la Cibeles, esquivando dos taxis, un motorista de SEUR, que no iba a llegar a tiempo porque le dimos por detrás y salió volando con moto, paquetes y todo contra la mediana ajardinada, que esa misma mañana había regado Gallardón, y por fin conseguí hacerme con el volante.

-¡FRENA, MALA BESTIA!

Y la Amanda, me miró, con sus ojos llameantes y pisó más el acelerador.

Con el tráfico detenido en nuestro sentido, nosotros seguíamos a 100 kmh, invadiendo la mediana contra la fuente de la Cibeles que estaba rodeada de coches y más coches.

-Mira, endemoniada de los cojones: soy la prota de este blog, tengo MUCHO background ¡y no puedo morir!
-¿Y yo tengo de eso? –preguntó Gigi desde atrás.
-¿Qué si tienes el qué?
BAS GRAU, tía!
-¡Gigi! Cierra el pico, nena, que no es el momento.
-Pronto –comenzó a decir la Amanda al pisar el acelerador-. Nos veremos en el infierno.

Yo hubiera preferido que nos viéramos en el Heaven, con todas las marilicras y futuras osas bailando en plan Cool, pero no, nenas, la zorra de la Amanda, poseída por el espíritu de Agapita González, tenía razón.

Pronto… nos íbamos a ver en EL INFIERNO.

sábado, marzo 31, 2007

~30~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Gigi y yo, cual Sherlock Holmes y Watson, pero en versión gay, con menos medios y sin un violín a mano que tocar, conseguimos ir encajando una a una, las piezas de este rompecabezas llamado Diario Secreto de Agapita González. Como es una información súper jeby, te jodes y no te la cuento en este resumen del capítulo anterior, PUTA, porque el tiempo corría en nuestra contra, y mí reloj se había quedado sin pilas hace unos cuantos capítulos...



-¡Sólo estaba consultando una cosa en el glogles! –dijo Gigi para disculparse de estar toqueteando el ordenador de Bruno.
-¿Estáis bien? –preguntó Sayuri.
-Sí, nena, pero creemos que ya hemos desencriptado El Código Agapita.
-¿Son estos dos? -preguntó el hombre de traje, que había entrado con Bruno y Sayuri.
-¿Quién es éste? –pregunté a Bruno.
-Es el jefe de… ese chico rubio que estaba con vosotros en las catacumbas.
-¡Anda! –digo Gigi.
-Pues debe pagarle una mierda, porque el pobre chico estaba ¡en bolas! –dije yo.
-¿Vosotros le habéis salvado? –nos preguntó como si no terminara de creérselo.
-Muy a mí pesar, porque no hacía más que interrumpir la narración –y miré a Bruno-. Bruno, Gigi y yo, si no tenemos que responder a preguntas tontas o a que nos cuelguen alguna medalla por haber salvado… a las que salimos con vida de allí, sin contar lo de las satanistas que terminaron todas muertas…
-Eso ya se lo conté yo, Dolly –dijo Gigi.
-Uys, pues muchas gracias, nena; es bueno saber que entre capítulo y capítulo, tu mejor amiga dejas algunos cabos atados con los personajes secundarios –y volvía mirar a Bruno-. Bruno, no tienes porqué creerme, pero Gigi y yo hemos de irnos a detener algo terrible que seguramente va a pasar. No sé si será en este capítulo, o en el siguiente. Todo sea que Gigi y yo, no nos pongamos a hablar como cotorras a lo Star Trek.

Mientras yo les soltaba este rollo, el hombre de traje nos miraba a Gigi y a mí, como si formáramos parte de una película polaca sin subtítulos. Sayuri se sonreía y Bruno parecía querer entender lo que le estaba contando a toda velocidad.

-Hemos de hacer algo súper importante. Gigi y yo, ¿vale? Sólas.
-¿Estaréis localizados en el móvil que me llamaste? -preguntó Sayuri y Gigi se sacó del bolsillo el móvil de las Bossini.
-¡Anda, el móvil de las Bossini! Pues no, sé que no debería decir esto, pero una Diva no puede llegar al final de la película en plan Meng-Diva; así que me pasaré por casa a darme una ducha, a ponerme algo que sea cool a la par que épico, para un épico final de la Tercera Temporada de Desperate Housegays, y cogeré mi móvil. En cuanto lo tenga, te llamo. ¿Oka? –y me dirigí a la puerta de salida.
-¿Podría hablar con vosotros? –preguntó el hombre del traje, que seguía sin presentarse.
-¡Pues ahora… como que nos pilla fatal, nena! –dije al salir.
-Salvar el mundo y todo eso da mucho estrés, tía –le dijo Gigi que me seguía muy de cerca.

Y abandonamos la comisaría de la calle Luna, como dos Power Rangers maltratadas por un niño esquizoide, pero súper dignísimas… entre otras cosas porque habíamos salido vivas tras nuestro enfrentamiento con el monstruo del infierno, y enfilamos el camino hacia casa, a PATA.

-¡¡¡¿Vamos a ir andando?!!! –me chilló Gigi cuando se lo dije.
-Mira, nena, el último taxi que cogí estaba conducido por un fan de la COPE. Prefiero ir andando y que me de el aire, que bastante culo de bicho he estado oliendo durante no se cuantos capítulos, nena.

No tardamos mucho en llegar a casa, porque la verdad, yo vivo como a 15 minutos de la comisaría; claro, que si llego a vivir en Vallecas, ¡porsupuestísimo que me cogía un taxi! Estuviera conducido por un oyente de la COPE, o por el puto peluche del suavizante, ¡o por Freddy Kruger en persona!

En el piso de Jessica y Manolo no había nadie. No es porque lo supiera telepáticamente, es que me harté de llamar al timbre y a la puerta con los nudillos, así que ante la desesperación, y sabiendo dónde localizar a Jessica (en el hospital), nos dimos una rapidísima ducha las dos (por separado, que conste, que yo a la Gigi la quiero un puñao, pero no para meterla en la ducha conmigo), cogí mi móvil, monísimo, y le dejé algo de ropa a Gigi, para que también afrontara en plan súper cool, el final de la Tercera Temporada de Desperate Housegays.

Al salir, volví a llamar a la puerta de Jessica y Manolo, y tampoco estaban en casa.

-Nena, no tenemos más remedio que ir al hospital.
-¡Pero si nos encontramos bien, tía!
-Ya lo sé, Gigi, ¡pero allí es donde trabaja Jessica!
-Ah, vale… como siempre voy de paquete.
-Gigi, lo de ir de paquete se dice cuando se va en moto.
-Ya está la Elisenda Roca –y se puso en jarras-. ¿Y cómo se dice cuando una marica sigue a otra marica a un sitio donde se puden jugar la vida?
-¿Ir al Strong? ¡No vamos a ir al Strong, nena, vamos al hospital!
-Dolly, tía, me está entrando dolor de cabeza.
-Oka, nena, cierra el pico y sígueme.

Salimos a la calle y en cuanto pude, hice el primer gesto que aprendí cuando era pequeña. Gesto que aprendí incluso antes de hablar, y es el de levantar la mano para pedir un taxi. Claro que con mi presupuesto, no estaba yo para despilfarrar el dinero en taxis, así que, en la parada de bus de Gran Vía al lado del H&M, levanté la manita para detener un autobús de la línea 1, que me dejaría en Isaac Peral, justo al lado del hospital donde trabaja Jessica.

Le piqué a Gigi con mi metrobús, porque si espero a que encontrara el suyo en esa cartera que lleva, a lo bolsita de David el gnomo, nos darían cinco capítulos más y no había tiempo que perder; después corrimos al fondo del autobús a buscar sitio, que no había, pero mira, la carrerita nos sentó bien, porque así nos vieron todas desfilar por el bus con garbo y valentía.

Ya en el hospital, donde no se puede fumar, nos sentimos un poco perdidas, porque aquello tenía como 5 plantas llenas de gente, entre personal y gente que era carne de hospital, o sea, gente con algo para que la ingresaran, y visitas, y un ciego que vendía cupones, y la kioskera, y un viejo con cara de aburridísimo que estaba justo en el cartel de INFORMACIÓN; fui directa a él.

-Hola, buenos días. Busco a una amiga que se llama Jessica y que trabaja aquí como enfermera.
-…
-¿Usted es de información, verdad?
-Sí, pero no puedo darle ese tipo de información.
-¡Pues vaya mierda de información! –dijo Gigi.
-A ver, señor, que supongo que no habrá muchas enfermeras que se llamen Jessica, en este hospital, ¿no?
-No puedo darle esa información –dijo él, erre que erre-. ¿Le dijo en qué planta trabajaba?
-No es florista, es enfermera –puntualizó Gigi.
-Gigi, será mejor que me dejes a mí; a ver, señor, es urgente que localice a mi amiga Jessica. Es un caso de vida o muerte.
-El ochenta por ciento de la gente que entra por esa puerta –dijo señalando con su boli hacia la entrada-. Son de vida o muerte.
-Mire, ¿sabe lo que le digo? Que ya la busco yo solita. Aunque me meta dentro de los cuartos de los rayos X y me saquen fotos. ¡Gracias por nada! –le dije y tiré de Gigi para que me siguiera por el pasillo que tomamos.
-¡Mira, Dolly! Ese enfermero se parece al Hayden Christensen…. ¡Ya quisiera yo ser senadora galáctica para que me hiciera dos hijos! –y me miró preocupada-. Pero tranquila, que yo sobreviviría a la cesárea.
-Más te vale, nena… y déjate de enfermeros, que mientras hayan neurocirujanos que cobran más, ¡que se quiten los del MIR!

Seguimos andando y yo pensé en aquello que me había dicho Jessica, de que salía su compañera de trabajo a fumarse un cigarrillo. ¿Y si trabajaba en urgencias? Vimos un grupo de gente esperando, y me acerqué a un hombre de unos 40 años que esperaba en la cola.

-Perdone, ¿esto es urgencias?
-No, esta cola es para el urólogo.

Gigi y yo nos abrazamos y gritamos aterrorizadas. Cuando se nos pasó el susto, continuamos avanzando por el pasillo, donde había gente y más gente, y más enfermeros, y dos gitanas que se estaban quitando los 5 kilos de metales que llevaban encima, porque las iban a hacer unas radiografías, y al final, vimos que hacia la derecha había un pasillo con sala de espera, con mucha gente nerviosa, y supuse que aquello era la sala de espera de urgencias, porque tenían caras de estar muy nerviosos y preocupados.

-Por aquí, Gigi –y me siguió hasta otro puesto de información, donde había una enfermera de unos sesenta años detrás de un cristal, y otra puerta doble y de plástico, y otra puerta más, abierta de par en par que era por donde entraban las ambulancias-. Disculpe, señora.
-Señorita –me corrigió la mujer.
-Disculpe, señorita… estamos buscando a una amiga nuestra que trabaja aquí, es enfermera y se llama Jessica.
-¿Jessica?
-¡La conoce! –dijo Gigi.
-Sí, Jessica –dije yo.
-Ahora mismo está en box, y no pueden pasar -dijo la señorita de sesenta años.
-Ah, vaya, ¿y tardará mucho?
-Está con un ingreso.
-¿La han ingresado? –preguntó Gigi.
-Está ocupándose de un paciente. Accidente de tráfico.
-Qué susto nos había dado, señorita –dije yo, y mis ojos se fueron directos a una rubia monísima, una ATS, que salía de box con una cajetilla de tabaco en la mano-. Gigi, mira, debe ser ella.
-¿Jessica? ¡Esa no es Jessica, tía!
-Jessica no, tonta, su compañera de trabajo, la giri que fumaba como un carretero. La que Jessica creía que le estaba poniendo los cuernos con Manolo.
-Dolly, creo que me he perdido.
-Si te hubieras leído el Capítulo 13 de esta temporada, seguro que hasta te acordarías de su nombre: ¡AMANDA! –dije en voz alta, y la rubia se volvió hacia nosotras; y yo le sonreí a Gigi-. ¿Ves? –y me volví hacia Amanda-. ¡Hola, nena! ¿Eres Amanda, verdad? La compañera de trabajo de Jessica…
-Sí -dijo la chica medio perdida.
-Es que mira, somos los vecinos de Jessica, y tenemos algo súper urgente que decirle.

Amanda nos miró de forma extraña, y se encendió un cigarrillo en la plataforma metálica que conectaba con la entrada de ambulancias.

-Está dentro, en box –dijo en tono seco.
-Bueno, pues gracias por la ayuda… esperaremos a que salga. Gracias

Dije súper cabreada y me crucé de brazos. Gigi hizo lo mismo, por empatía, o porque no sabía donde meter las manos, y así esperamos siete eternos minutos, donde la hijadelagranputa de Amanda, se fumó su cigarrillo con una pachorra “quepaqué”, hasta que llegó a toda velocidad una ambulancia con las luces en plan vídeo clip de Madonna. Gigi y yo nos apartamos, mientras salían de ella dos enfermeros y sacaban una camilla con alguien con mascarilla de oxígeno puesto; Amanda, por su parte, apagó el cigarrillo de inmediato y ayudó a entrar al paciente, mientras los del SAMU-ERTO le contaban no se qué, de lo que le pasaba al que llevaban en camilla: que se había caído en plena calle o así.

Al meter la camilla en urgencias, las puertas que son como de plástico duro, se abrieron de par en par, y yo agudicé la vista para ver si veía dentro a Jessica, y la vi, nenas. Casualidades de la vida, o porque este capítulo se estaba acabando, ella caminaba hacia nosotras, y a Gigi y a mí nos dio mucha alegría y levantamos la manita para saludarla y así nos viera… ¡y nos vio!

-¿Dolly, qué haces aquí?
-Nena, que se acaba el capítulo y tengo que decirte algo ¡muy importante!
-Díselo, Dolly, que se acaba el capítulo, tía.
-Gigi, que ya lo sé, no me metas prisa, coño.
-¿Qué sucede? –preguntó Jessica súper nerviosa.
-Nena, no es lo que tú crees. Manolo te quiere, ¿vale? Y no te está poniendo los cuernos con nadie.
-Pero…
-No, nena, atiende y escucha. ¡Está siendo poseído!
-¿Poseído?
-Sí, tía, como cuando es época de rebajas, y te entran ganas de comprar muchas cosas y no sabes por qué te entran esas ganas de comprar muchas cosas… -dijo Gigi.
-Sí que lo sabes, nena, te entran ganas de comprar muchas cosas, porque ¡TODO está rebajado! –dije yo-. Pero ese no es el tema que nos toca ahora, Gigi; Jess, nena, tu chico, Manolo, está siendo poseído por un demonio.
-¿Qué? –dijo ella mega flipada.
-Sí, nena… se ve que cuando Manolo vivía en Murcia, tenía una novia…
-¿Qué? –volvió a preguntarme con cara de muchísimo jiñe.
-Y ambos hicieron un pacto de sangre, pero su novia, Agapita, que se vino a Madrid, fue captada por una secta y murió, y ahora quiere llevárselo con ella. ¡Al infierno!

Jessica me atravesó con la mirada y me arreó tal bofetada, que casi me saca del hospital por la entrada de ambulancias.

-¿Quién te ha hablado de Agapita? –me ordenó responder, súper cabreada-. ¿De qué vas, Dolly? –sus ojos estaban llenos de lágrimas.
-Jess, nena, ¿qué coño te pasa? Intento alertarte de un peligro peligrosísimo, ¿y me arreas una bofetada? ¡La mala de la función es Agapita González, nena!
-Agapita, era mi hermana, Dolly. ¡Quién te ha hablado de ella! –y miró a Gigi fuera de su sano juicio-. ¿De qué vais vosotros dos? ¿Quién os ha estado hablando de Agapita? ¿De qué va toda esta mierda?
-¡Jessica! –grité yo, cuando me cogió del cuello de mi cazadora de finales épicos de temporada-. ¿Cómo que Agapita es tu hermana?
-¿De qué coño vais los dos? ¿Eh?
-¡Pero si Agapita es la mala, tía! –gritó Gigi.
-¡Quién te ha hablado de Agapita, respóndeme!
-¡¡¡Pero si casi nos mata su puto fantasma, Jessica!!! ¿Cómo es eso de que es tu hermana?
-Si esto es una broma –dijo muy rabiosa y llorando-, no tiene la más mínima gracia, Dolly.
-¡Jess, nena… es Agapita quien intenta separarte de Manolo! ¡Es su fantasma!

Y al decirle esto, Jessica se volvió medio loca, y comenzó a llorar a gritos y a darnos tortas a las dos, a Gigi y a mí.

-¡Dejad de hablar de ella! ¡DEJAD DE MENCIONAR SU NOMBRE!

Aquella situación se había vuelto una auténtica locura, y todo el mundo nos miraba como si fuéramos asesinos de enfermeras o ve te tú a saber, y nos miraban súper raro, hasta que apareció por detrás de Jessica, saliendo del box como en una aparición, Amanda, con los ojos rojos como rubíes, y a lo Sr Spok, le tocó en alguna parte de la clavícula a Jessica, y la otra cayó a plomo al suelo… pero sin llegar a tocarlo, porque Amanda la levantó en brazos.

Gigi y yo estábamos tan mega horrorizadas (además de hostiadas vivas), que no pudimos reaccionar al instante, cuando Amanda, con Jessica en brazos dijo “gracias”, con una voz satánica pandemonium miserere, y bajó la rampa metálica, lanzando el cuerpo de Jessica al interior de la ambulancia y cerró las puertas traseras.

-¡GIGI, QUE SE ESCAPA! –grité yo, mientras que todo el mundo nos miraba presa del shock, decía cosas a voz en grito y no supo reaccionar.

Amanda, ahora poseída por el espíritu demoníaco de Agapita, abrió la puerta del conductor y se subió en la ambulancia arrancando el motor; cogí a Gigi de la muñeca, y tiré de ella, y una mujer detrás de mí gritó. ¡Había cogido por error a una señora gorda que me miraba con cara de susto! Y claro, lanzó un berrido de susto.

-¡Gigi! ¡Sígueme! –y esta vez sí, cogí a Gigi de la mano y saltamos la pasarela hacia la entrada de ambulancias.

Los neumáticos traseros aceleraron levantando una nube negra de goma quemada, pero me dio tiempo de cogerme a la manecilla trasera de la puerta y tirar hacia fuera para abrirla; con la otra mano cogía Gigi, ¡¡¡y la ambulancia tiró de mí!!!

-¡Salta, neeenaaaa! –le chillé a Gigi, sintiendo cómo la ambulancia salía disparada ¡con mi brazo!, mientras que con el otro, no sé cómo, pude coger a Gigi y arrojarla al interior de la ambulancia.

El tirón fue tan fuerte, que no pude soportar el dolor (entre otras cosas, porque soy alérgica al dolor, nenas), y me solté y me vi corriendo como una borracha con tacones tras la ambulancia que conducía Amanda, poseída ahora por el espíritu demoníaco de Agapita gonzález.

-¡Doooollyyyyyyyyyyyyyyyyyyy! –chilló Gigi mientras se alejaba en el interior de la ambulancia-. ¡¡¡No me dejes con la demonia, tía!!!

martes, marzo 20, 2007

~29~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

¡Por fin… hablé con la Agapita González del coño! Sí, nenas, ¡YO! Cara a cara. Un Diva-Muerta, porque lo que sí que estaba clarísimo, es que la Agapita estaba ¡MUERTA! Y ahí estaba yo…¡hablando con una MUERTA! Súper jeby, nenas, pero no lo resumo aquí, porque para eso existe el capítulo anterior, hijadelagranputa, así que te lo lees y punto, ¡como todas! Pero sí puedo decir, que pese a todo lo que ocurrió, y a mi “empanicamiento” general… ¡fui rescatada por Bruno!


Tras mi rescate, porque sí, a la primera en sacar de aquel tugurio fue a mí… y luego a las otras, entre las que estaba Gigi, permanecí como ausente, como si todo aquello no fuera conmigo (aunque sabía que no era así, porque es mi historia y es mi blog, nenas) pero es que, nenas, si una Diva quiere conservar la cordura, es mejor contar fresisuis hasta que las cosas tomen otro rumbo. Aunque no estaba claro que esta Tercera Temporada de Desperate Housegays lo tomara… y de que alguien más muriera...

-¡JESSICA! –chillé, como suelo hacer siempre para volver a la realidad, pero a nadie en concreto.
-¡Dolly! Me has pegado un susto... ¡de susto o muerte, tía! –dijo Gigi que la tenía la lado, con la manita en el corazón.
-¿Pero qué cosa es esto? ¿Dónde estamos?
-En la comisaría, tía.
-¿Detenidas?
-No, tía, como testigas.
-Vaya… ¿y yo por qué me he quedado transpuesta, nena?
-Supongo que demasiadas emociones o quizá, estabas choqueada.
-Ay, pues sí, porque en estas últimas horas de mi vida, me he chocado y estrellado contra muchísimas cosas…
-Tienes carita de no haber dormido nada, tía.
-Gigi: es que ¡no hemos dormido en horas, nena!

Miré a mi alrededor antes de ponerme en pié. Aquel despacho me sonaba cantidad. Es más, me recordó al despacho de Bruno de la Primera Temporada de Desperate Houysegays, cuando le vine a contar una historia sobre marikas abducidas, y él, como poli, no me creyó nada de Nothing Hill. Y como me lo recordó tanto, se lo dije a Gigi.

-Gigi, nena, ¿sabes que este despacho se parece cantidad al de Bruno?
-Pues claro, tía, ¡porque es el de Bruno! Más mono… -y me cogió de la mano para que me volviera a sentar-. Y eso que estábamos con unas pintas de zarrapastrosas indocumentadas que ni pa qué, tía, y nos dejó aquí, mientras interrogaba a la rubia, y fíjate tú, que conociéndonos, no le extrañó NADA que estuviera en pelota picada, ni que las Bossini respondieran a sus preguntas haciendo coreografías o hablando en inglés.
-¡Las Bossini, nena! ¿Qué ha pasado con Eun?
-La mandaron al hospital.
-¿Al central?
-No, tía, a la Jiménez Díaz, el Hospital Central es el de la serie, Dolly. Me da a mí, que tú aún sigues traumatizada.
-Debe ser eso, sobre todo en los pelos del coño, nena. Ya no me queda pelo en el cuerpo que poner de punta, tras lo que he visto. ¿Y qué tal está Eun?
-Pues jodida. Tiene no se qué de un mordisco en el pié.
-¿Al final el demonio la mordió?
-No, tía, que al caerse se jodió el mordisco este de la rodilla.
-¡El MENISCO, GIGI! Anda, anda, que estás tú fina para hacer resúmenes y elipsis argumentales. Si lo sé, no me quedo transpuesta y lo cuento yo mejor.
-Serás border line, tía. A mi no te me pongas como la Winona Ryder cuando la pillaron robando en el Corte Inglés.
-Ay, Gigi, es que estoy súper acelerada con todo esto… ¡y eso que no hemos terminado!
-¿Cómo que no? El bicho se murió, desapareció o lo que fuera. A saber qué le habrás contao que se volvió al infierno para no aguantarte.
-No, nena, el bicho era… -miré a los lados y dije bajito-. Agapita González.
-¿¿¿QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE??? –gritó como si la retorcieran los huevos con un riza pestañas de L’Oreal-. ¿¿¿Esa cosa tan horrorosa era la Agapita???
-No, nena, eso era el demonio que salió, pero luego yo le eché de comer la cuarta moneda de oro, y la invoqué.
-¡No me digas!
-Lo que te cuento, nena.
-Porque soy tu amiga y tengo que creerte por cojones, que si no, me levantaba de un salto y me ponía a llamar a gritos a los loqueros.
-¡Estamos en una comisaría, Gigi, y en las comisarías no hay loqueros!
-¿Y te crees que no lo sé? ¡Por eso no les llamo a gritos, tía!
-Gigi, calla y escucha: la invoqué, apareció ella, monísima de la muerte, pero con cara de posesa y muy como de mamarracha borracha. Sí, hablaba raro. Tanto azufre infernal debe fastidiar las cuerdas vocales, supongo, y me dijo que ella antes de venirse a Madrid, hizo un pacto de sangre con Manolo.
-¿El bombero?
-Sí, nena… luego, lo de que la pobre mujer se metiera en una secta satánica ya es otro cantar. Pero ese vínculo de sangre, fijo que la tiene atada a Manolo.
-¡No me digas!
-Sí, nena. Así que todo al que se cepille Manolo: la palma.
-¿La de Canarias?
-No, nena, La Palma, la isla no, la palma: MUERE. ¡La espicha de forma espantahorrible!
-Pero tú te lo tiraste. Deberías estar muerta, Dolly.
-…
-Porque te lo tiraste, ¿no?
-Bueno, no se consumó el polvo en la ducha, con lo cual, no me lo follé, así que supongo que gracias a eso me he librado de palmarla también.
-Así que ese vínculo de sangre, es como en la peli de The Ring, ¿no?
-¿Peeeeerdón? Gigi, ¿de qué coño me hablas ahora?
-Hicieron un pacto de sangre, un: ni pa ti, ni pa mí.
-Sí, una metáfora muy de las tuyas, ¡LOLA!
-Yo me entiendo.
-Ya veo, ya.
-Así que ahora que ella está muerta y endemoniada perdida, sale para matar a aquellos que se acuestan con Manolo.
-Eso es… ¿y qué coño tiene que ver eso con The Ring, nena? La Agapita no sale peluda, en eskijama y eructándole a la gente ¡con el ojo regañao!
-Pues que es como una maldición gitana, tía. Si ves el vídeo, la palmas en siete días. Si te follas a Manolo, te atropellan en la Gran Vía. ¡Vaya, me ha salido una rima! –y se aplaudió a si misma-. ¿Seguro que no te lo follaste?
-Que no, nena, y mira que a más de uno que leen este blog, ¡bien que les hubiera gustado!
-¡Como que son tontas!
-Tontas no, pero Desperate, ¡MUCHO!, nena.
-Resumiendo, Dolly. Es una maldición, ¿vale?
-¿Y por qué no ha muerto Jessica, lista?
-Porque… -y miró al techo.
-¡JA! ¡Te pillé, Punseta!
-Déjame pensar… -y bajó la vista y me miró a los ojos-. Porque le quiere… sí, tía... es por eso... la Jessica está súper colgada de él.

Y oye, que la muy puta de la Gigi me dio que pensar, y hasta provocó que me hiciera arquear una ceja a lo cool.

-Nena, a ver si es verdad y el amor que tiene por Manolo, es lo que ha salvado a Jessica de morir a manos de esa loca demoníaca de Agapita González. Pero… -y me horroricé toda al recordar-. Jessica cree que una compañera del trabajo se lo está tirando.
-¿A quién?
-¡A Manolo, nena! Espera, nena, una vez dijo esa oligofrénica de Milenio 3.
-¿Cual de ellas, tía? Porque en ese programa las hay a manadas.
-La Dientes. La rubia del programa. Decía que había dos tipos de demonios. Los íncubos y los súcubos… y que uno de esos, no recuerdo cual, eran capaces de poseer los cuerpos humanos. Uno era un demonio masculino y el otro femenino, así que por orden lógico… debe ser un súcubo, nena. ¡Sí! ¡Los súcubos eran femeninos y los que buscaban tener relaciones sexuales!
-Como todo hijo de vecino, tía.
-¡Agapita es un súcubo!
-Además de una muy malísima persona, tía.
-Gigi, Agapita está muerta.
-¡HOLY MANOLIS, DOLLY! Está intentando sembrar dudas en la cabeza de Jessica. Para que ella deje de quererle y entonces…
-¡Y ENTONCES PODRÁ MATARLA!

Y las dos, de un brinco, nos pusimos en pié, súper nerviosas, súper excitadas por nuestros propios descubrimientos, y súper guarras, porque nuestra ropa tras tantas aventuras, olían y crujían ¡como coño de momia mesopotámica sin potasio!

-¡Hemos de hacer algo, Gigi!

Y Gigi corrió al ordenador de la mesa de Bruno, y se puso a mover el ratón.

-¿Qué haces, nena? Cuando digo hacer algo, ¡no es ponerse a jugar al ordenador!
-Hay que buscar en el Glogles cómo deshacer un pacto de sangre, tía –y levantó la cabeza para mirarme, por detrás de la pantalla-. Y si no está en el Glogles, ya nos podemos dar por muertas.
-Gigi, creo que esta vez sí que has perdido el rumbo. Deja de buscar en el GOOGLE, ¡¡¡Y BUSCA EN EL YOUTUBE!!!
-¡Tía, escucha esto que dice una tarada en Internet…!
-¿Otra más?
-“Una vez efectuado el Pacto de Sangre, este no se puede deshacer. Querer rehuir del compromiso asumido con la organización o secta se puede pagar incluso con la vida”.

Y Gigi me miró, con esos ojos de flipada aterrada suyos, como de gitana de tablado a la que se le ha roto el tacón y adiós al zapateado.

-Nena, entonces la Jessica no está en peligro. Está jodida de por vida, nena.
-¡Pero la Agapita está muerta!
-A ver Gigi, llevamos tres páginas y pico hablando del tema, ¿y no terminas de darte cuenta? ¡Sólo el amor que siente Jessica por Manolo, es lo que puede salvarla!
-Jooo… ¡Cómo en los culebrones, tía!
-Tenemos que salir de aquí cagando leches, nena. Hay que salvar el amor de esa enfermera con turno de noche... ¡Salva a la enfermera, SALVA AL MUNDO!

Y la puerta se abrió propinándonos un susto cuando entraron Bruno, Sayuri y un señor vestido de traje, que oye, ¡hasta tenía un polvo!

viernes, febrero 23, 2007

~25~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Tras revelar El Secreto de las Bossini, conseguimos escapar de aquel callejón sin salida, aunque yo llevo varios capítulos sin comerme un rabako, y por lo tanto, para salidas ¡YO!, pero escapamos, y terminamos en un laberinto de cemento, altísimo, por el que teníamos que andar con cuidado y a oscuras, para no despeñarnos y terminar engullidas por aquel demonio gigantesco.



-No empujéis –dije intentando tranquilizarme-. ¡NO EMPUJÉIS, COÑO, QUE ME ESCOÑO!
-¡Vamos a morir! –dijo Kiki.
-Nena, ¡por FAGOR! ¿Puedes parar de decir eso? –y me puse de rodillas, para andar a cuatro patas por aquel estrechísimo caminito de cemento.

Rezando para que esta postura impropia de una Diva, no apareciera en mis memorias, como ha pasado con la Whitney… empapada de arriba abajo por aquella asquerosidad que apestaba a huevos podridos, pero que bien podridos, con la que mi ropa tan COOL se había ido a tomar por culo, porque no habría lavadora con detergente ni suavizante suficiente en el Mundo, ¡que lavara toda esta mierda!, avancé hasta que mis dedos rozaron el vacío, y pegué un grito del susto que me llevé.

Algo, abajo, a varios metros, saltó a mi encuentro y rugió, llenándome los pulmones de su fétido aliento a podrido y hasta se me ocurrió, supongo que por el mareo, imaginar cuantos litros de Listerine harían falta para borrar de un plumazo aquel desagradable olor; alguien me tocó el culo, empujándome hacia el abismo e hinqué las rodillas y las uñas en la pasarela de cemento para no caer sobre el monstruo.

-¡PARARSE! –grité tan fuerte o más, que la Caballé cuando se picaba con Freddie Mercury en el tema de Barcelona, y dejaron de empujarme desde atrás.

Entonces sonaron dos compases de música disco, y unas voces que reconocí al instante, comenzaron a cantar...

I’m…
so lucky, lucky…
I’m…
so lucky, lucky…
I’m…
so lovely, lovely…
I’m…
so lovely, lovely…

-¡Es el mío, es el mío! –chilló Eun.
-¡No me digas que tienes UN MÓVIL… Y CON COVERTURA, PUTA!

Chillé perdiendo los papeles y volviéndome hacia atrás, con cuidado de no caerme por los lados, vi la luz brillante del móvil de Eun, detrás de Gigi, mientras las dos putas esas cantaban lo afortunadas y encantadoras que estaban de conocerse.

-¡Déjame ese móvil, so guarra!
-¡Estamos salvadas! –gritó Gigi.

Intenté coger el móvil, guiándome por la luz y entre tanto meneo y musiquilla, sé que le di una torta a alguien, porque gritó de una forma rara. Un grito de esos como de Jedi que se escoña por la ventana del piso 750 de un edificio de Coruscant.

-¡Eun! –gritaron Ek-Ham y Kiki, mientras el grito se alejaba hacia abajo, se oía un señor porrazo con todas las de la ley, y las putas dance dejaron de cantar lo afortunadas y encantadoras que eran.

-¡Se ha espeñado! –gritó Gigi.

Y la bestia rugió abajo, y se empotró una y otra vez contra los muros de cemento, chascando su enorme mandíbula como si fuera un cepo oxidado. Pero un cepo oxidado para cazar elefantes… ¡o mamuts!

-MY GOOD! –chilló Ec-Ham.
-¡Ha sido sin querer, nena! ¿Cómo es posible que nos estamos jugando las vidas, y vosotras con vuestros móviles, sin decir nada, so putas? ¡Necesitamos luz para salir de aquí!
-Y una camilla para sacar de la fosa a Eun –apuntó Kiki.
-¿Alguna más tiene su móvil a mano, y se lo ha callado?

Pregunté, y antes de terminar la frase, las pantallitas de dos móviles súper iluminadas, una de Orange y otra de Moviestar, temblaban delante de mis narices; abajo, la bestia del infierno siguió rugiendo y dejándose la cabeza (aunque en realidad ese bicho era todo cabeza), contra la pared de entrada al laberinto; opté por el de Moviestar, porque tenía tres rayitas, y marqué como una loca el teléfono de Sayuri.

-¡No me extraña que la Hidro-Nena pasara de vosotras! –dije mientras comencé a oír los tonos-. Y cruzad los dedos, para que no tenga el móvil apagado, porque la Sayuri es muy trabajadora y porque encima trabajaba de noche hace unos cuantos capítulos…
-¿Diga?
-¡¡¡SAYURI!!! –chillé con el corazón latiéndome a mil por hora-. ¡SOCORRO!

El demonio, abajo, berreó, como para que no nos olvidáramos de su presencia, y se empotró nuevamente contra la pared de cemento.

-¿Dolly? ¿Qué es ese ruido?
-¡¡¡Es el sonido de la muerte, neeenaaa!!!
-¿Qué?
-¡¡¡Se me ha ido de las manos esta Tercera Temporada de Desperate Housegays, neeenaaa... y estamos a punto de morir engullidas por una albóndiga del infierno!!!
-¿Qué has bebido? ¿Sabes qué hora es?
-¡¡¡Se me ha muerto el reloj, nena!!! ¿¿¿CÓMO COÑO LO VOY A SABER???
-¡Es verdad, VAMOS A MORIR COMIDAS TODAS JUNTAS! –chilló Gigi súper aterrorizada.
-¿Pero qué es lo que sucede?
-¡Sayuri! Si te hago un resumen, la palmamos fijo, pero tenías razón, ¡Tenías razón! Dile a tu hermana... que tenías razón.
-¿De qué hermana me hablas, Dolly?
-¡Ay, nena, que estoy tan histérica, que se me ha ido un diálogo de El Retorno del Jedi! ¡Pero vamos a morir si no haces nada! ¡Era una secta satánica! ¡Y han invocado a un bicho gigantenorme y muy feo, que come satanistas y marikas!, ¡¡¡ESTAMOS EN DANGER, NEEENAAA!!!, y tienes que llamar a los SWAT o a quien sea, para que nos rescaten de estas terribles catacumbas…
-¿Pero hablas en serio?

Atacadita como estaba, me dirigí a las dos Bossini que quedaban vivas.

-¿Este móvil saca fotos?
-Of course, honey! -dijo Ec-Ham súper ofendidísima.
-Oka, nena… -y volví al móvil-. Espera un segundo, nena -me giré hacia el vacío y la negritud que tenía a mi espalda, y grité-. ¡EH! ¡BICHO!

El demonio albóndiga gigante, se detuvo y me volvió a rugir lanzándome más babas y aliento pestilente, y yo apreté el botón de sacar foto, y el flash me dejó ciega perdida.

-¡Vaya mierda! ¡Saca las fotos por delante, no por detrás como el mío! –chillé viendo estrellitas.

Giré el móvil y volví a increpar al demonio, gritándole cosas estilo: Cristo Te Ama y algún padre nuestro, pero en la versión reducida, claro, porque no había tiempo, y causó su efecto porque aquel engendro se puso a berrear como si el mismísimo King Kong le hubiera metido el pulgar por el culo… entonces, le saqué una foto y volví a pegarme el móvil a la oreja.

-¡SAYURI! ¿Sigues ahí?
-¡Claro! ¿Pero qué es eso que se oye de fondo? ¿Un perro?

Y a mi me entró la risa nerviosa… ¡UN PERRO!

-Sí, nena un perro, del infierno y de media tonelada de peso. Espera que te lo envío.

Trasteé un poco con el móvil y le di a enviar imagen… salió un icono de enviando y yo volví a hablarle a Sayuri, comentándole rápidamente cual era nuestra situación (jodida, claro, o jodidísima, pero debajo de la iglesia de la calle Divino Pastor con Fuencarral, y que éramos cuatro, una marika espeñada y un rubio en bolas, cuando me respondió.

-¡¡¡JODER!!! ¿¿¿QUÉ COÑO ES ESO???

Estaba claro, que la foto le había llegado a Sayuri.

-¡UN MOSTRO CON FORMA DE ALPÓNTIGA! –chilló Gigi, porque Sayuri pegó tal berrido, que la oímos todas.
-¡Tienes que sacarnos de aquí, Sayuri! –grité, mientras vi cómo Kiki movía su móvil a los lados.
-Intentad aguantar ahí.
-O sea, que intentemos que esta cosa no nos engulla.
-Sí, voy a hacer unas llamadas, y no pierdas este teléfono. Te localizaré en cuanto pueda pedirle a alguien que vaya ha esa dirección.
-¡PERO QUE SE TRAIGAN LANZACOHETES! –gritó Gigi, y el demonio, que debe ser que entendió que eso era peligroso para su integridad como albóndiga infernal, se cabreó más y siguió embistiendo contra la pared de cemento, sobre la que estábamos agarradas como ladillas del ballet ruso.
-La pasarela sigue por aquí –gritó Kiki, que iba ahora de avanzadilla, hacia un lateral de la pasarela en la que estábamos Gigi, Ec-Ham, la Rubia y yo.

El camino que habían tomado, se alejaba de donde estaba el monstruo, y eso era bueno, pero yo no podía irme de allí tras haber provocado la caída de Eun. Me quedaría allí hasta que llegara la policía... ¡o hasta que llegara el Ejército!

-¡Nenas! Seguid a Kiki y alejaros todo lo posible; Sayuri, cuelgo para no gastar más batería.
-Muy bien… y conservad la tranquilidad.
-Pues como no venga en lata, me da que va a ser IMPOSIBLE conservarla, nena –y colgué-. ¡Gigi! ¡Ve con ellas!
-No, Dolly, yo me quedo contigo…

Y la bestia rugió abajo. Súper cabreada y súper pestilente.

-Nena, puede que no salgamos de ésta.
-Ya, tía, pero eso lo has dicho muchas veces y siempre hemos salido…
-¡Pues también es verdad!
-¡Claro que sí, tía!
-Hay que ver, nena, hay veces que me flipas con tu optimismo.

El impacto de la bestia contra el muro de cemento sobre el que estábamos, nos zarandeó un poco y perdimos parte del optimismo con un sonoro grito polifónico muy cool que nos quedó a las dos.

-Hay que ser optimista, nena, OPTIMOSTA –y miré hacia el nicho por el que había caído Eun-. ¡Y tú, despierta, nena! ¡Si me oyes, di algo!
-¡PUTA! –dijo desde abajo Eun, como si le dolieran todos los huesos y cartílagos del cuerpo.
-¡¡¡ESTÁ VIVA!!! –chillamos Gigi y yo súper felices, y nos abrazamos, y la bestia aulló y siguió arañando las paredes con los dientes, ¡más cabreada que todos los chicharreros de Santa Cruz de Tenerife con el bailarín Rafael Amargo, por esa mierda de gala de carnaval que hizo!

jueves, febrero 08, 2007

~23~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Tras “tomar prestada” la moneda de oro, la cuarta moneda que aquellas locas del aquelarre satánico habían dejado en el salón de las catacumbas de la iglesia, corrí guiada por la luz de mi Diva Reloj de Súper Puta, hasta que se quedó sin pilas… y a oscuras, me estrellé contra un pilar, quedándome sin sentido, pero en una pose de espatarrada en el suelo, que entraría dentro de las 5 poses de espatarramiento con más glamour de la historia de las espatarradas.



Y soñé, que en otra vida, seguramente habría sido una Diosa, o similar… y me vi a mí misma, súper nonísima, con un vestuario súper ideal como el de los boys del dvd de la Kilie Minogue, pero muchísimo mejor, con cara de felicidad y saludando a mis fieles-fans que estaban escaleras abajo, vitoreando mi nombre y dándose por culo de felicidad.

Sí, nenas, estaba yo en plan Apocalypton Teas, subida a una de esas pirámides mal hechas de los Mayas, y abajo, lo más de lo más, como en el bar de Enfrente, pero follando y con ganas. Porque como todo el mundo sabe, en el Enfrente no follas ni aunque entres desnuda con un collar de dildos; como dije, ahí seguía yo en plan Apocalypton Teas, pero con gente guapa, nenas. Nada de feas ni litros de sangre, ni sonaban tambores, sino todo lo contrario, sonaban los primeros compases de un A Petarda No Me Ganas, que aún no he remezclado (pero que remezclaré algún día), cuando me dirigí a mis súbditos a lo Evita Perón diciendo:

-¡Nenas! –y todo a mi alrededor estaba negro, y noté que estaba además en posición horizontal, en el suelo, y con un dolor en la nariz y en la frente horrible, nenas.

Me senté y todo me dio vueltas…. ¡pero os juro que no había bebido nada!

-¡Qué hostión que me he dado, nena! –me dije a mi misma, mientras mi cabeza iba estabilizándose. Como no recordaba qué coño hacía en tal postura y con aquel dolor similar a un resacón de domingo, me leí rápidamente el capítulo anterior, y me dije a mi misma y en voz alta-. ¡COÑO! ¡Pero si estoy en súper peligro de death!

Sí, nenas, el peligro no había pasado y tenía que salir de allí cagando leches si quería volver a pisar una tienda de Adolfo Domínguez, ser posible ¡VIVA! El materialismo me hizo recobrar fuerzas y levantarme... medio sin equilibrio, medio sin saber dónde coño estaba, medio ¿dónde están en este tipo de sitios satánicos las lucecitas de las salidas de emergencia?

Pulsé el botón de la luz de mi Diva Reloj y nada, nenas. La pila del alumbrado se había gastado, pero pronto vi más luz, y pegada a la columna contra la que me había estrellado, observé lo que sucedía a muchos metros de mí.

“La pisada”, porque aquello fue el sonido de la madre de todas las pisadas, estremeció todo a mi espalda, y un rugido monumental surgió de la oscuridad, como cuando se abren las nubes en la noche, y aparece la luna llena en las pelis de terror. Pues imaginaros eso mismo, pero en sonido.

-Oh-oh… -dije bajito.

Los satanistas estaban revueltos como “grenlins” en una piscina olímpica, y lo que había visto en el capítulo anterior, estaba tras de mí y se estaba cabreando más que Coto Matamoros con un vendedor de crece pelos. ¡Y yo en medio! ¿Y Gigi? ¿Y las Bossini? ¿Y la rubia? ¿Y la puta de la Agapita González que escribió su diario secreto que da nombre a esta Tercera Temporada de Desperate Housegays? ¡Muerta! Es verdad, la pobre… y yo metida en todo este follón (donde se folla muy poco, dicho sea de paso).

-¡Nambio jorrengue kio! –que es un mantra tibetano, que significa "los rabos de dos en dos", dije para darme ánimos, y para pensar en algo completamente absurdo, que me aislara de tal instantánea terrorífica, donde podía perder la vida, si ESO me pillaba.

Sí, nenas, ESO, lo que había visto en el capítulo anterior, cumplía todos los requisitos para dejarte los pelos blancos del susto. Los del coño, ¡también! Claro que yo he visto tantas cosas espantosamente horribles en las temporadas anteriores, y en otras que no he contado, más que nada, porque me dejaría las uñas en el teclado del ordenador para contároslas, y no tendría tiempo para salir de compras, ni de marcha, ¡ni para comerme una polla!, que intenté aislarme con el pensamiento de: “he de salir de aquí con vida... y como una ¡DIVA!” (pensando en Gigi, las Bossini y la rubia), para que la horrible visión de ESO no me convirtiera en una marika de sal, tiesa, tiesa, como una mazorca.

El rugido atroz que estalló tras de mí, me impulsó a echar a correr hacia delante, dejando a mi izquierda las luces lejanas de aquella panda de satanistas y sus rituales. Corrí con los brazos extendidos, pero sin gastar suela. Eso es, corriendo con cuidado, en la oscuridad más absoluta y con las manos bien extendidas, a lo Frankenstein, para rozar con las yemas de los dedos las columnas que surgían de la nada en aquel inmenso salón de sacrificios satanistas.

Tuve ganas de gritar auxilio, socorro, ¡me corro!, pero no, nenas. Las súper heroínas gays no gritan auxilio… porque el ego nos lo impide, y porque pocas veces en mi vida lo he hecho. De mis follones y pollones, salgo yo solita. No soy como esas putas que cuentan sus problemas a todo el mundo, para que les echen una mano. No nenas, las Divas no hacemos eso, y Supermán, ¡tampoco!

El griterío me sacó de mis absurdos pensamientos, mientras corría a lo Forrest Gump, pero en versión inteligente (o por lo menos, más que el de la película), aunque sin luces, y aminoré el paso cuando el suelo vibró bajo mis pies y al volver la cabeza hacia la izquierda, vi algo volando por los aires estrellándose contra una de las columnas. ¡¡¡!!!

El terror me hizo aminorar la marcha, pero sin detenerme, cuando con cada dentellada, tres o más de aquellos encapuchados desaparecían dentro de las fauces de la bestia que abría y cerraba a toda velocidad, desencajándola de su sitio algunas veces, con cada crujido de huesos, desgarros de tela y carne más asquerosos... que ver a un americano "sorbiendo" un consomé. Claro, acostumbrados a las hamburguesas, no saben beber.

-¡Corre, Dolly, CORRE!

Pensé que era mi mente con la voz de Gigi, pero no, ¡ERA GIGI! Las había encontrado a todas, pero sin querer, en mi precipitada huída por salir viva y con el culo en su sitio… de aquel terrible lugar, donde las satanistas locas, estaban siendo devoradas por un gigantesco monstruo, que sería imposible de definir, a menos que cogieras todos los libros de Edgar Alan Poe y los metieras en la termomix, junto con dos libros de “Aprende a Cocinar con Arguiñano”; las Bossini chillaban histéricas del miedo, la rubia (la que habíamos rescatado), paralizada del terror miraba hacia la masacre que se estaba formando, Gigi se abrazó a mí, y yo a ella, y nuestros corazones acelerados, se sincronizaron por un instante.

-¡Dolly, tía, eres una hijadelagranputa por no haber contado cómo era el BICHO, tía!
-¿Qué quieres que haga, nena? Me he estrellado contra una columna, he echado a correr ¡y os he encontrado por los pelos! ¡No me ha dado tiempo de contar como era en bicho en blog, nena!
-¡AAAaaahhh….! –chillaron todas las Bossini, pero esta vez no ejecutaron ninguna coreografía de las suyas. El terror se lo impidió.
-¡Salgamos de aquí! –gritó la rubia.
-¡Dijo la lista! –grité yo-. ¡¡¡Cómo coño vamos a salir de un sitio que no sabemos cómo es!!!

Y se hizo el silencio, y la enorme forma peluda, como una gigantesca bola de pelos, todo boca, flexionó sus patas articuladas y se lanzó hacia otro grupo de encapuchados que intentaban salir de allí fuera como fuera. El ataque tiró por suelo el pebetero ardiente, y los troncos y el fuego se espacieron en todas direcciones, junto con un rugido estremecedor, y gritos de pánico.

-¡Dolly, vamos a morir! –gritó Gigi.
-No, nena… Estamos en el capítulo 23, y esta temporada tiene 35 capítulos.
-¡Por aquí! –gritó el rubio, y nos hizo volver la cabeza hacia el sonido, porque no se veía nada.

Las Bossini lloriqueaban, Gigi no me soltaba, y yo estaba más acelerada, que aquella vez que me fui a una degustación de cafés del mundo, ¡y los probé todos! Y claro, acabé taquicárdica perdida, y no dormí durante tres semanas, neeenaaas.

Una mano me cogió del brazo y me arrastró, y me estampé contra ¡una pared! ¡Una pared! ¡Gracias a Dior que aquel gigantesco salón de columnas tenía fondo, aunque muy en el fondo.

-¿Dónde vamos? –pregunté, sin saber quién tiraba de mí, aunque supuse que era una de las Bossini, porque yo tiraba de Gigi. ¡Y porque sólo tenía dos manos!
-Vi los planos del alcantarillado –dijo el rubio.
-¿Ah, sí? –dije-. ¿Y no debería de haberlos visto yo antes, que para eso soy la prota, nena?

El siguiente rugido sonó a gargarismos e inistón. Aquella jodida cosa se estaba zampando a la gente de cuatro en cuatro, y era mejor no verlo y alejarse todo lo posible de los ruidos de la masacre, a nuestra espalda, mientras quedara algún rescoldo de luz de las brasas, que insinuara lo que había ante nosotras.

-¿¡Pero por qué se los está comiendo!? –preguntó Eun.
-Le oí comer tres monedas… -dijo la rubia.
-The golden coins? Only three? And what did happen with the fourth one? –preguntó Ec-Han en version original, pero sin subtítulos.
-¡Eso! ¿Qué pasó con la cuarta moneda de oro? –preguntó Kiki.
-¿Y a quién le importa? –dije yo para desviar la atención-. Hay que salir de aquí, eso es lo importante, nenas.
-¿Por eso ha matado a esa gente? ¿Por no comerse la cuarta moneda? –preguntó Gigi-. ¿Y por qué el diablo tiene forma de “alpóntiga” peluda con patas, tías?
-ALBÓNDIGA, Gigi, albóndiga.
-El ritual hay que seguirlo al pié de la letra… la invocación, el colocar las monedas, y la segunda invocación dentro del círculo de sal.
-¡Pues a esas se las ha comido sin salpimentarlas, nena! –dije, y toqué con la yema de los dedos el bolsillo de mi cazadora de súperputa. Dentro, noté la dureza y el peso de la cuarta moneda de oro, y el corazón me hizo pom-porróm-pom-pom.
-¡Cuidado!
-What? -y se oyó un guarrazo contra la piedra-. “¡FUACK!”

Dijo Ec-ham al escupir los dientes, y todas, que íbamos cogidas de las manos formando una cadena de marikas in danger, giramos hacia la izquierda, y algo nos oprimió a los lados. ¡Nos habíamos colado por una especie de pasillito súper estrecho, y a mi me entró algo de claustrofobia, pero sólo un poco, porque me quité el miedo al pensar que se estaban rozando los hombros de mi cazadora de súper puta, y que la chica del tinte me cobraría una barbaridad por el arreglo; cuando se detuvo la Bossini que iba delante de mí, me tropecé con ella y Gigi conmigo.

-Shhh… -dijo alguien delante de nosotras.
-¿Qué? –pregunté bajito.

Y no oímos absolutamente nada, nenas. Sólo nuestras respiraciones y aquel olor a tierra y humedad. Me solté de la mano de la bossini, y palpé a los lados. La pared era rugosa y algo cortante. Como de gotéele, pero cortante. Me puse de puntillas y estiré todo lo que pude los brazos a los lados, pero las paredes laterales seguían hacia arriba... ¡altísimas!

-¡Es como quedar atascadas en el Ikea, nenas! ¡¡¡Sólo se puede salir si avanzamos hacia delante…!!! Por cierto: ¡¡¡¿por qué no sigues andando, nena?!!! –pregunté a la rubia.
-Porque no hay salida –dijo la rubia.
-¡¿QueeeEEE?! –preguntamos todas con un falsete.

Alguien me empujó contra la pared, y sentí cómo se colaba Gigi entre la Bossini y yo, hasta dejarme la última de la fila.

-¡Gigi! ¿Serás PU-TA?
-Nena, tú eres la prota del blog, y aunque estés la última, seguro que no te comerá la “alpóntiga” con patas.
-Sí, nena, pero para el blog, con que me deje las manos sanas, basta, ¡pero puedo quedar mutilada! ¡Sin piernas! ¡Sin culito! ¡SIN RABAKO!
-Dolly -dijo la Kiki-. Tú nos has metido aquí, y tú nos sacarás de esta.
-¡Anda! ¿Así que soy La Chica del Mes sin saberlo? ¡PUTAS!

SFFFffff… SFFFffff…

-Gigi… dime que ese ruido lo has hecho tú.

SFFFffff… SFFFffff…

Esa cosa del averno… nos estaba localizando por el olor…
¡¡¡Y yo me había puesto Aqva de Bvulgari, antes de salir de casa, neeenaaas!!!