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domingo, mayo 20, 2007

~35~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Tras robarle la bicicleta a una niñaka cabrona, que no veía desde la Primera Temporada de Desperate Housegays, hice el tramo en bici casi desde la entrada del Parque del Retiro, hasta la estatua del ángel caído, en la que estaba Amanda, corriendo como una loca, porque estaba poseída por el espíritu de Agapita González, en medio del tormentón del siglo, entre truenos y relámpagos; por un momento volvió a ser Amanda, pero sólo por un momento, porque Agapita González volvió del infierno ¡¡¡PARA MATARME, NEEENAAASSS!!!



Los ojos rojos de Amanda y aquella sonrisa, no prometían nada bueno, sobre todo para mi integridad física, cuando me agarró del gaznate con una mano y comenzó a apretar. ¡Me estaba ahogando! ¡A MÍ! ¿Os lo podéis creer? Podía morir de una pulmonía con la lluvia que arreciaba, o partida en dos por cualquiera de los numerosos rayos que estaban cayendo en la fuente de la estatua del ángel caído, pero no, nenas: iba a morir asfixiada, y me iba a quedar sin poder decir mi última palabra, ¡como lo hubiera hecho Roseane! ¡K JEBY!

Abrí la boca para intentar gritar, y como si me estuviera viendo en un espejo, la cara terrorífica de Amanda, compuso un gesto de asco y también abrió la boca, levantando las cejas hasta donde le nacía el pelo de la frente… y yo grité, o lo intenté, porque con las vías respiratorias cortadas, como que es súper jodido gritar… cuando vi aquella cosa que era como…

UNA MIERRRDA (sí, nenas era asquerosísimo de verdad), una mierda de color gris petróleo, vaporoso pero consistente, porque no era transparente para nada, comenzó a salirle de su boca, en dirección a la mía. ¡Un tentáculo ectoplásmico! (que dirían las descerebradas de Milenio 3), le estaba saliendo de la boca, ¡con intenciones de meterse en la MÍA!

Cerré el pico de inmediato y con una mano me tapé la nariz, ¡no sea que aquella mierda también se pudiera esnifar! Pero a los pocos segundos, descubrí que COÑO, ¡¡¡me estaba ahogando yo solita!!!, sin la ayuda de la zarpa de Amanda que me cerraba el gaznate… y hasta pensé que, si aquella cosa se metía por los orificios del cuerpo, ¡a mí aún me quedaban tres! Las dos orejas (para las que ya no tenía manos) y el… ¡POMPIS!

Sin pensármelo dos veces, y porque me estaba poniendo morada a causa de la asfixia, cogí aquel tentáculo viscoso con ambas manos y tiré de él hacia abajo con todas mis fuerzas… momento que, al no tenerlo delante de mi cara, utilicé para llenarme los pulmones de aire que estaba cargadísimo de ozono y humedad, debido a la tormenta eléctrica.

Amanda se crispó hacia atrás, berreó como si le desgarraran las entrañas y me salpicó un pestilente aliento a huevos podridos y pescado más podrido aún, que harían vomitarse al mismísimo Torrente, de lo asquerosamente asqueroso que olía aquello.

-¡SOCORRO! –conseguí articular, gritando a pleno pulmón, mientras esa cosa se agitaba entre mis manos como una pitón, y me esposaba las muñecas, los antebrazos y llegó incluso hasta los codos, cuando Amanda, en una arcada final, gomitó esa cosa contra el suelo, dejó de cogerme por el cuello y se fue hacia atrás, terminando espatarrada de espaldas en el suelo de cemento, dentro de un charco de agua.

La cola de esa “serpiente ectoplásmica”, que supuse era el espíritu de Agapita González, y no lo supuse porque me llegara la inspiración y dijera “¡Anda! ¡Seguro que esta cosa es el espíritu de Agapita González!”, no, nenas, sino que lo supuse porque yo sé qué pinta tiene una serpiente, y también sé lo que es un ectoplasma gracias a los Caza Fantasmas, agarré aquella cosa con toda la fuerza que me imprimió el terror de la situación, jurándome a mi misma (y por las bragas de Dolly Parton tras un rodeo) que no se me escaparía de las manos.

Y entonces ocurrió algo extrañísimo. ¿Conocéis ese rollo que te cuentan de los que casi se mueren, que dicen que ver su vida pasar como a toda velocidad y después ven un túnel de luz y van hacia la luz, hasta que alguien desde el más allá les dice: “no es tu hora, nena, vuelve en otro momento”? Pues no se parecía a nada de eso, nenas… porque lo que ocurrió, es que sufrí como “sensaciones visuales”… y mucha pero muchísima rabia. La rabia que albergaba el espíritu maldito y eternamente condenado de Agapita González.

A través de sus ojos, sentí la profunda admiración que sintió por Manolo, desde el primer momento que su hermana Jessica lo llevó a cenar a casa, y descubrí también, quizá porque ella fuera la hermana pequeña, o porque Manolo se dejaba querer, que entre ellos surgió algo, y ese algo, lo sintió Agapita como amor… luego lo que sentí ya no tuvo gracia, porque fue muy doloroso…

Jessica se fue a Madrid a trabajar en el hospital, y Agapita sufrió muchísimo por su marcha, al pensar que Manolo también se iría tras ella, pero Manolo la quería, nenas, y prometió estar a su lado siempre… ahora ella era su hermanita pequeña, y en esos meses que ambos vivieron en Murcia, Agapita… lo pude saber, porque a la vez que lo sentía, podía ser una espectadora exterior de esta tragedia, Agapita confundió ese afecto, por el amor… y cuando Manolo se fue de Murcia al salirle una plaza en el parque de bomberos, la traición y el dolor partieron el corazón de Agapita de manera tan profunda, que esa herida jamás se cerró, y se fue extendiendo y pudriéndola en su interior…

Ese dolor, también se me pegó a mí, nenas, porque estaba sintiendo lo que ella sintió… pero yo que tengo más edad y muchísimo más background que Agapita, supe diferenciar entre un amor platónico y un amor, para toda la vida, y lo suyo con Manolo, sólo fue un amor platónico, que jamás fue correspondido por la otra parte, entre otras cosas, porque Manolo, tampoco tenía muy claro qué era lo que le gustaba, y ahí fue, donde descubrió que Manolo, además de estar saliendo con su hermana… ¡salía con hombres! Entonces su corazón se secó y endureció como una piedra volcánica, llenándose de oquedades vacías y formas punzantes, capaces de hacer daño a los demás…

Ahí fue, cuando realmente comenzó la verdadera maldición de Agapita González. El resto… ya lo conocéis durante todos los capítulos de esta Tercera Temporada de Desperate Housegays.

Un rayo cayó a dos metros de nosotras, y digo nosotras, porque yo aún seguía con el alma de Agapita entre las manos, y el sonido del trueno, además de dejarme sorda, proyectó una onda que me lanzó hacia atrás…

Por un momento creí que el dolor me impediría moverme, porque caí de espaldas, escoñándome los codos en la caída, pero no sé como, conseguí levantarme y quedar sentada, mirando al frente, intentando entender lo que estaba viendo.

Muchos rayos, pero sin pasarse, caían en vertical sobre la fuente circular que sirve de base a la estatua del ángel caído, electrificando el agua hasta convertirla en una especie de gigantesca luciérnaga que proyectaba hacia arriba su luz, y dotaba a la estatua de un anillo cilíndrico que superaba varios metros la altura de la estatua… y del interior de la fuente salía un cuerpo de dos metros, alto y delgado, que al igual que lo haría una serpiente pitón engullía lentamente algo que había en el suelo, cerca de la fuente.

Retrocedí lo que pude, e intenté localizar el cuerpo de Amanda, que no vi hasta la siguiente descarga de rayos y corrí hacia ella, mientras que al pié de la fuente, la enorme serpiente engullía con una lentitud tremenda, el alma de Agapita González.

Conseguí alejarme lo bastante (cargando el cuerpo de Amanda, que pesaba lo suyo), hasta un grupo de árboles, y desde allí, y sin quitar ojo de la secuencia terrorífica que estaba ocurriendo, localicé a la serpiente, reptando y con la cabeza bien alta, dando un rodeo a la fuente, como si buscara algo, antes de zambullirse otra vez dentro del agua, y reptar por el cuerpo de la estatua del ángel caído, hasta quedar como siempre había estado, atándole por la cintura, la mano y los pies... y se detuvo.

Los rayos fueron cesando, y perdiendo su puntería. Uno de ellos impactó en un árbol y lo fulminó, partiéndolo casi por la base, pero sin producir llamas. Un hachazo de Dior, supongo; volví a mirar hacia la estatua del ángel caído, y la gigantesca serpiente volvía a ser de piedra, enroscada donde siempre había estado enrosacada al cuerpo del ángel caído, esclavizándole para toda la eternidad al Infierno… al igual que había ocurrido con Agapita González.

Por fin, su alma descansaría eternamente, en el Infierno.

La lluvia comenzó a bajar de intensidad y poco a poco, la oscuridad que envolvió misteriosamente el Parque del Retiro en cuanto Amanda, poseída por Agapita puso un pié en él, fue desapareciendo… los árboles comenzaron a adoptar un tono gris, luego con algo más de color… y en menos de cinco minutos, el cielo se había despejado completamente de nubes y el sol brillaba, como lo había estado haciendo durante esa mañana.

Al principio me sentí medio sorda, con tanto trueno y la lluvia repiqueteando como había caído, hasta que volví a tener noción de la ciudad… alarmas de coches que se habían disparado con la tormenta eléctrica, claxons sonando, en lo que supuse sería un atascazo del copón, sirenas de policías y bomberos, y allí estaba yo. Calada hasta los huesos, con la guiri de Amanda, aún con su uniforme de enfermera, frita, o por lo menos, inconsciente… y como supuse ocurriría, porque OCURRE en todas las películas de este género, sin acordarse de nada de lo que había pasado.

Como mi salida del Parque del Retiro, no fue todo lo COOL que hubiera querido, intentaré resumirla en unas pocas líneas…

Intenté despertar a Amanda, pero ella estaba como gilipollas perdida, como lo estaría un inglés tras 3 días de Sanfermines (quiero decir, como una borracha balbuceante), me la cargué a la espalda y busqué una salida del parque por todo el Paseo del Duque, hasta salir por la Puerta del Ángel Caído y comencé a andar por la calle de Alfonso XII hacia la entrada principal del parque, hasta que me cansé de cargar a Amanda, la dejé como pude en la acera y me senté a su lado, para recobrar el aliento.

Hay que joderse, con la cantidad de tías a las que le va el rollito de la anorexia, y a mi me toca cargar con la única que no hace dieta en todo el Universo…

Intenté distraerme, mirando todo el caos que había en la calle, y la gente hablando a voces, corriendo por las aceras, hasta que aparecieron dos chicos, monísimos con trajes de enfermeros, que me preguntaron que si estábamos bien, y yo le dije que la Amanda no, que le había dado un… ¡algo!, y se había quedado así como drogada.

Y es que no pensaba resumirle estos 35 capítulos de La Tercera Temporada de Desperate Housegays a dos enfermeros, nenas… ¡Over my dead body!

Cogieron en volandas a Amanda, y se la llevaron. A mi también se me querían llevar, pero les dije que ya había tenido suficiente ambulancia por esta Temporada, para meterme en otra y terminar viajando en una camilla sin frenos ni volante, contra la Cibeles. Les di las gracias, me levanté y seguí andando como pude, hacia la entrada principal del Parque del Retiro.

Intenté llamar a Gigi por el móvil, pero por culpa de la tormenta eléctrica, no funcionaba. Ni el mío, ni el de mucha gente que vi por la acera y que intentaba llamar a sus familiares, para contar lo que habían vivido.

Y como estaba tan hecha polvo, y además tenía algo de electricidad estática (porque me fui a apoyar contra un semáforo y casi no lo cuento del zambombazo que me dio), me dije: “Dolly, ¿dónde vas a estar mejor que en casa? ¡Pues en casa!”

Y me fui andando para casa.




...




Pero vamos a ver, hijasdelagranputa: ¿creéis que después de todo lo que he pasado, voy a finalizar esta Temporada así?

Pues no, nenas, porque pasó algo más de camino a casa…

Yo andaba como medio zombie, 1º porque estaba con el cuerpo más molido como una masa de pizza, y 2º, porque iba calada de agua, así que por si las moscas, me quité el móvil y el ZEN del bolsillo interior de la cazadora de súper puta, no sea que me los cargara con la humedad, y los llevé en las manos durante largo rato, sin importarme un pimiento si pasaba alguien a la carrera y me los robaba. ¡Como que estaba yo para correr tras de alguien!

Así que seguí andando hasta el edificio de correos, viendo de soslayo, y como si la cosa no fuera conmigo, todos los destrozos que había provocado la tormenta… sobre todo, destrozos de coches que se habían chocado entre sí, y grupos de policías que intentaban calmar la situación entre los conductores alterados, hasta que alguien me llamó.

-¿Dolly?

Busqué a los lados y una mano me tocó el hombro para indicarme donde estaba y me volví. Mira que hay gente en Madrid, y voy y tengo delante a la última persona en este mundo que esperaba encontrarme.

-¿Estás bien? –me preguntó Bruno, mirándome de arriba abajo.
-Ay, nene, estoy como si acabara de salir de un SPA… me duele todo el cuerpo, hasta esas partes donde se supone que no me debería doler, van y me duelen, y tanto el móvil y el ZEN no me funcionan. Seguro que Gigi estará como una loca intentando llamarme.

Hubo un incómodo silencio y me sonrió, mirando a nuestro alrededor.

-Todo esto… supongo que tú, no tendrás nada que ver…
-¡Bueno, ya! –dije algo cabreada-. A ver, ¡siempre que pasa algo en Madrid, o es culpa del PP o de Dolly Partos! ¿No?
-Alguien denunció una camilla de ambulancia sin control, conducida por alguien que vestía como tú…
-¡Pues claro que no tenía control, nene! Por no tener, ¡no tenía ni un jodido volante!

Y sin venir a cuento, va y me abraza, cosa que me encantó, pero aterida de frío y agua como estaba, a mis músculos le costaron sentir la presión de sus brazos y volví a oler ese afther shave que utiliza Bruno, y que me pone cantidad, pese a que no pertenezca a ninguna de las marcas conocidas por las Divas.

-Nene, ¿Qué haces? –pregunté medio cateta, al ver por sobre su hombro, cómo su compañero nos miraba con perplejidad.
-Creo… -comenzó a decirme bajito, cerca de la oreja-, que empezar a disculparme.
-¿Ah, sí? Ah, vale, un abrazo de oso no está mal… para empezar.
-Si quieres lo dejo.
-Ay, no, que ahora empiezo a entrar en calor… y me importa un pito que estemos en medio de la calle, con toda esa gente mirándonos…
-A mí también me importa un bledo.

Me apretó con más fuerza contra él, como dos amigos que vuelven a encontrarse pasados 35 Capítulos, porque desde La Segunda Temporada de Desperate Housegays no lo hacía, y luego me miró a los ojos.

-No sé si podré hacerlo… con toda esta situación que “has montado”, pero… si me lo pides tú, te acompaño a casa.
-Mejor que no, eres policía y tienes que ayudar a todos esos ciudadanos que no saben qué ha ocurrido durante esta hora, pero te avanzo, que el chocho gordo ha sido dentro del Parque del Retiro, en la estatua del ángel caído…
-Es bueno saberlo –dijo separándose-. ¿Estarás más tarde en casa?
-¿Dónde si no? Creo que me perezco un descanso, pero… y sólo si quieres y te apetece, que sepas que la puerta de casa siempre la tendrás abierta.

Él no respondió, sólo sonrió y volvió junto a su compañero cuando le llamaron.

-¿Te veo más tarde…? –me preguntó en voz alta.
-¡Cuando quieras! –dije con los ojos llenos de lágrimas.

Me quedé unos segundos de pié, en medio del paso de peatones, en medio de un atascazo monumental en la castellana, y le vi subirse al coche de policía y poner rumbo hacia el Parque del Retiro, conduciendo con las sirenas puestas y esquivando el atasco.

Me limpié las lágrimas, y seguí andando hacia casa, con una idea que me hizo entrar en calor inmediatamente. Por fin, alguien se preocupaba por mí; intenté encender el ZEN para ponerme un tema súper COOL que equiparara mi estado anímico de felicidad y de marika que quería creer que volvía a tener novio en este mundo, o que en el peor de los casos, que había recuperado una amistad muy querida que había perdido... ¡y el jodido ZEN no se encendió ni patrás!

-¡VAYA MIERDA! –dije súper indignadísima.

Y ahora sí, nenas...




~FIN~

martes, mayo 15, 2007

~34~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Nos estrellamos con la ambulancia en la misma puerta del Parque del Retiro, y yo salí despedida en la camilla cuesta abajo, contra la Cibeles, que paró el golpe, y mojada como una Tena Lady usada de la Concha Velasco, corrí otra vez para salvar a Gigi y a la Jessica, de Amanda, ahora poseída (desde hace unos cuantos capítulos) por Agapita González, que corrió al interior del parque, cuando estalló la tormenta de la Blogsfera sobre nosotras, y yo la seguí, y un rayo fundió la verja de la entrada, dejándome dentro del parque con la bicha. ¡Coño! Esto más que un resumen del capítulo anterior, parece OTRO CAPÍTULO, ¡¡¡NEEENAAA!!! Debes ser porque estamos en el ¡Capítulo 34!



-¡DOLLY!

Dejé de correr al oír la voz de Gigi y me volví hacia atrás.

-Gigi, quédate con Jessica y ¡NO ENTRÉIS!
-Jooo, tía, pero ¿por qué?
-Porque este es el final de la Tercera Temporada de Desperate Housegays, y tú, nena, casi la palmas en la anterior. Bueno, en realidad la palmaste, pero luego reviviste, nena.
-Ya, tía, pero perderme lo mejor, como que no mola, tía.
-Gigi, piensa que has de quedarte, para contarme lo que pasa entre Jessica y Manolo el bombero, y así yo poderlo contarlo en el Epílogo-GO, nena, que una no puede estar en todo, ¡y menos desdoblada!
-¡Anda, es verdad!
-Pues claro que es verdad, tía… así que, quédate con Jessica, ¿entendido?
-Oka, tía…

Me di la vuelta y reanudé la carrera cuando…

-¡DOLLY!

Frené, me volví otra vez, y allí estaba Gigi, con cara de nerviosita, importándole tres pimientos la que estaba cayendo (lluvia a raudales, truenos y relámpagos).

-¡Gigi! Vale ya, ¿eh?
-Es que… ¿Y si Jessica y Manolo se dicen muchas cosas, y luego se me olvidan, tía?
-¡Pues las apuntas, PUTA!
-¡Anda! Pues también es verdad.
-Ea, ve a enterarte de lo que hablan, que yo voy a intentar terminar con ésta Tercera Temporada de Desperate Housegays –y volví a correr.
-¡DOOLLYYY!
-¡¡¡GIIIGIII…!!! –grité cabreadísima, pero sin darme la vuelta. Aguanté a contar hasta diez fresisuis antes de darme la vuelta-. ¿Qué te pasa ahora, nena?
-Que digo yo, que si por un casual, vas y la palmas en esta temporada, me podría quedar con tus discos, los deuvedeses y esas cosas.
-¡Nos hemos levantado optimistas! ¿Eh, hijadelagranputa? Mira, Gigi, si salgo… SI SALIMOS vivas de ésta, recuérdame que haga el testamento, y así ya te puedes quedar más tranquila, ¿vale?
-Oka, tía.

Volví a correr, cruzando los dedos para que Gigi no volviera a abrir el pico, que no hizo, e intenté seguir la protección de los árboles para no empaparme más de lo que estaba, pero ¡¡¡todo el mundo sabe que en medio de una tormenta eléctrica, no hay nada peor que refugiarse bajo un árbol!!!

Así que me aparté y tomé el camino de tierra para ir en bicicleta, aunque yo no fuera en bici, por ese camino también va la gente haciendo footing y derivados de esa cosa rarísima llamada DEPORTE… y la vi. Debajo de un árbol, con su bicicleta rosa, empapada de agua, con su casco ciclista, sus coderas, rodilleras y demás accesorios que hacían de aquella niña, un parto sin dolor de algún Transformer tarado. Y lo peor era, ¡¡¡que me sonaba su cara!!! ¿Pero de qué?

-¡Nena! ¿No sabes que es peligrosísimo, refugiarse bajo un árbol en medio de una tormenta? ¡Y encima agarrada de una bicicleta! ¿Qué pretendes? ¿Ser el primer pararrayos humano?
-¡¡¡Perrro es que está lloviendo!!!
-¡TÚ! –chillé mega horrorizada (y la apunté con un dedo, que sé que es de muy mala educación), al recordar su pronunciación enfática de las erres-. ¡Eres la niñaca cabrona que salías en La Primera Temporada de Desperate Housegays, y que querías que te pasaran a deuvedé el uvehachese de la peli de Las Aventuras de Enrique y Ana!

La jodía niña, que me dio cantidad por culo en aquel capítulo, con sus bailecitos tribales y su horripilante forma de hablar, puso la boca en forma de O, y los ojos casi del mismo tamaño.

-Mira, nena, porque no tengo instinto de nani, ni de niñera, ¡ni de tetera…!

Y fui a por ella, y la niña, pensando que le iba a meter la paliza del siglo, se protegió con las manos, y me asustó cantidad, porque como iba vestida de Transformer, pensé que se iba a transformar en una hormigonera o algo así, pero yo lo que quería era su bicicleta rosa, de esas con flecos a ambos lados del manillar, para llegar antes a donde imaginaba que estaría Amanda la poseída, en la estatua del ángel caído.

-¡Un ladrrrón de bicicletas! ¡Al ladrrrón de bicicletas! –chilló como una loca.
-Un peliculón, nena; dile a tu madre que la alquile, y déjate de verle el paquete a Enrique y a los Coconuts. ¡Proyecto de puta con ERRES!

Montada en aquella birria de bicicleta, con una bocina que al tocarla sonaba algo parecido al “MokYYY-MokYYY”, pedaleé como cinco induráis gays, y casi me volví loca, cambiando las marchas y disfrutando con el ridículo asiento que tenía la bici, que más parecía el elástico de un tanga, porque se me metía entre las nalgas, neeenaaa. ¡Así claro, con una bici de éstas… o te volvías puta o marika perdida!

Pedaleé y pedaleé, sin prestar atención a la gente que huía de la aparatosa tormenta, abandonando el parque por las salidas laterales, que las tiene y muchas (espero que Gigi no se de cuenta de ello, y se le ocurra presentarse otra vez en este capítulo), giré a la izquierda por un paseo enorme con doble vía para ciclistas y arbolitos en el centro... y al fondo lo vi.

Tal y como me imaginé, todos los rayos y truenos del universo, caían sobre la estatua del ángel caído (para las de pueblo que leáis esto: es una estatia en honor al DIABLO, nenas). La gente que me encontraba, corriendo en dirección contraria a la mía, me miraban alucinados, no sé si era por la bicicleta, por el estilazo que le imprimía al pedaleo, o porque yo, en una película de catástrofes, en lugar de huir del tsunami, iba directa al tsunami, metafóricamente hablando, claro.

Salté de la bicicleta, porque como ya dije era enana, y corrí los últimos metros hasta la fuente limpiándome el agua que no paraba de caer de mis ojos, e intentando descifrar qué carajos estaba ocurriendo en la fuente, que parecía parte de un espectáculo de Madonna y Unión Fenosa.

La noche había sepultado el Parque del Retiro por completo. Corría a oscuras, hacia los flases blanco azulados de los relámpagos que convergían en la fuente y la estatua, de la que contrastaba el blanco de la piedra en la que estaba esculpido el ángel caído, y el rojo sangre que brotaba de las cabezas de las gárgolas en la base de la fuente. Porque sí, nenas, aquello parecía sangre… muy líquida, pero sangre de algún tipo sanguíneo... y entonces, vi una figura negra corriendo en círculos alrededor de la fuente.

-¡Me mentiste! ¡Prometiste que sería MÍO!

Gritaba Amanda, poseída como si fuera un furby al que habían conectado con dos pinzas a la batería de un camión, gesticulando muchísimo y moviendo las manos más que doscientos actores italianos.

-¡AGAPITA! –grité, porque aunque era Amanda la dueña del cuerpo, era Agapita González la que lo estaba habitando.

Amanda se detuvo, se volvió hacia mí y entornó aquellos ojos rojos, como hacía el malo de Howard el Pato. ¿Recordáis la peli? Pues es la obra cumbre de un genio del guión y la dirección llamado George Lucas, aunque la peli la dirigió Willar Huyck, y fue la segunda y última película que dirigió en toda su vida, para que veáis lo mala que era, nenas.

-Ya es hora de que terminemos con esto, nena. Se te acabó el ir poseyendo a la gente, y el ir matando a todo kiski que se folle Manolo, porque Manolo nunca fue tuyo, nena, era el novio de tu hermana mayor, ¡era el novio de Jessica! ¡No el tuyo, Agapita!
-Pedazodemetomentodo –dijo con voz de travelo alcoholizada a las 6 de la mañana, y vino directa a mí.

Y claro, me entró el pánico, porque por mucho que nombre a Dior, no tengo ni un jodido crucifijo, una ristra de ajos o una estaca para este tipo de situaciones. Y es que, el que se me tire un demonio encima, no me ha pasado muchas veces, claro. Así que opté por el Plan B: ¡CORRER!

Y anda que no corrí. Corrí como nunca. Parecía el jodido Roberto Benigni, cuando le dieron el Oscar, y corrió al escenario antes de que comenzara la orquesta a tocar la fanfarria esa que te tocan, cuando te dan el Oscar. Y la Amanda, pisándome los talones, chillando y berreando cosas rarísimas, como ese disco de Shakira que si lo pones al revés dice “Meeep folloooop aaaap Mandigooop, quep riiicop, quep riicop”.

Pero esta vez yo iba bien preparada y saqué mi ZEN, y le di a la opción grabar, sin dejar de correr, porque el ZEN, a diferencia del HIPO, puede grabar de la radio y sonidos, porque tiene una rajita que es un micrófono enanísimo, y que está muy cool, y grabé lo que estaba berreando la posesa de Amanda, me puse los auriculares para oírlo, pero marcha atrás. A todo esto, no olvidarse que no paraban de caer rayos sobre la fuente, y que todo el ambiente estaba súper eléctrico y oliendo a ozono, y que yo corría y que Amanda la poseída corría tras de mí.

-“Maldito… estarás maldito, y los hijos de tus hijos… malditos también”.

Me paré en seco (aunque de seco no tenía nada, porque con la jodía lluvia estaba calado hasta los calzoncillos), con los pelos como escarpias al oír por los auriculares de Creative (que se oyen de putísima madre), cómo una voz demoníaca me maldecía a mí y a mi futura descendencia.

-¡AIBÁ LO QUE HA DICHO! –y me volví, justo en el momento en que la posesa estaba a un metro de mí, y sacando fuerzas del ¡¡¡Poder de Greyskull!!!, o de los tres puntos de batería que tenía en el ZEN, levanté mi mano derecha, con el ZEN en ella, y la cara de Amanda fue al encuentro de mis nudillos.

No se quedó gilipollas como el de Matrix, al que se le movía toda la cara como al borracho de los Simpsons cuando eructa, ¡pero casi, nenas! No fue un puñetazo para dejarla K.O., pero sí para que dejara de correr tras de mí maldiciéndome al revés.

-¡Au! –dije súper dolorida, mientras Amanda, como perdida, miraza al suelo medio atolondrada, como si buscara las dos lentillas que le acababan de saltar… ¡y es que volvía a tener sus ojos! Vamos, que ya no eran rojo posesa, nenas-. ¡Amanda!

Amanda levantó la cabeza y me miró, confusa, y miró a los lados, a la oscuridad que nos envolvía, y a los latigazos eléctricos de los rayos que caían en la fuente. Volvía a ser ella, y al verse en tal situación, gritó aterrorizada y una sombra negra, del tamaño del Yeti de alto y grande, pero como una sombra más negra que la noche, se formó tras ella. Una sombra con ojos rojos.

-¡Amanda! ¡No dejes que te vuelva a poseer! –grité, cuando la vi convulsionarse, y la sombra comenzó a engullirla, y a quitarle el color de la piel ¡y hasta de la ropa!-. ¡Déjala en paz, Agapita! ¡Estás muerta! ¡Ya estabas muerta incluso ANTES de que comenzara La Tercera Temporada de Desperate Housegays! ¡Suéltala!

Sin cortarme, cogí a Amanda de las manos e intenté apartarla de aquella sombra enorme y negra que seguía engulléndola. El tacto fue escalofriante. Como si millones de alfileres me atravesaran las manos, y Amanda gritó y puso los ojos en blanco.

-¡Déjala en paz, zorra! ¡Déjala, AGAPITA! ¡Amanda, no dejes que te posea otra vez, neeenaaa!

Pero Amanda aulló y sus ojos se impregnaron de un rojo fluorescente, como gotas de sangre sobre leche... y sonrió.


sábado, mayo 05, 2007

~33~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Conseguí hacerme con el volante de la ambulancia, pero la que tenía el tacón en el pedal del acelerador era Amanda, la compañera del trabajo de Jessica, poseída por el espíritu demoníaco de Agapita González, e íbamos directas a estrellarnos contra la fuente de la Cibeles. Ah, olvidaba decir, que nos llevamos por delante a un motorista de SEUR. Tenía que morir alguien, ¿no? ¡Pues ya está!


-¡FRENA! –grité mientras giraba el volante hacia la derecha, para no terminar empotrada con ambulancia incluida, en todo el coño de la estatua de la Diosa Cibeles, pero Amanda, que estaba más posesa que nunca (porque ya llevaba varios capítulos en este estado), maniobraba hacia la izquierda-. ¡No dejaré que nos estrellemos contra la Cibeles, como esas putas de Tamara y Loli Álvarez! ¡NO EN MI BLOG, PUTA!

Luché y le propiné un codazo en toda las napias, consiguiendo hacerme con el volante mientras la otra lanzaba un berrido súper raro, porque comenzó como un aullido animal, y terminó a grito de giri, porque no olvidemos, que Amanda es una giri.

Como girar a la derecha me venía tal que fatal y porque además la ambulancia cogería más y más velocidad, lo que hice fue rodear la fuente, pasando muy cerca de la fila de autobuses y seguí recta hacia la Puerta de Alcalá, porque era una pendiente y porque pensé: con suerte está esa zorra de Ana Belén que no soporto, recién salida de su última liposucción e inyecciones de botox, cantando lo del “Mírala, mírala, mírala…” y le pasamos por encima.

Pero no, nenas, no estaba Ana Belén, ni Víctor Manuel, y tampoco estaba Pilar Bardem, porque como bien sabemos, donde hay un socialista, ¡ahí está Pilar Bardem dando por culo! Algunos dicen, que hasta en la rosa del PSOE, como si se tratara de una cara de Bélmez, se está formando los rasgos de Pilar Bardem; pero como digo, no ¡estaban ninguno de los tres!

Intentando no pasarle por encima a ninguno de los peatones que cruzaban en ese momento, Amanda comenzó a berrear de forma psicótica (si se escribe con “p” antes, suena como de más sicótico), y frenó hasta el fondo, y yo salí disparada contra el cristal del parabrisas dándome un buen mamporro en la frente, antes de gritar al ver la entrada al Parque del Retiro y las barreras de hierro que hay para separar la vía de la acera. Los neumáticos chillaron más que yo, y nos empotramos como un cohete contra ellas.

Tras el primer guantazo, salí despedida hacia atrás, y crucé los dedos esperando que Gigi me detuviera, ¡pero no estaba Gigi! Caí sobre la camilla, golpeé con la cabeza las puertas traseras y salí despedida hacia el exterior.

-¡MIERDAAA…!!! –fue lo primero que grité, impropio de una Diva, lo sé, pero es que ahora iba cuesta abajo, acostada en una camilla que iba a una Velocidad Terminal y sin cuenta kilómetros, con todo el tráfico de Madrid corriendo a mi encuentro.

El primer coche, que era de policía, hizo una cosa rarísima (rarísima, desde donde yo estaba situada), porque iba cuesta abajo y no con los pies por delante, sino, ¡con la cabeza por delante! Así que tenía que doblar el cuello para poder ver contra qué me iba a estrellar… y para más INRI, notaba que iba ganando ¡más y más velocidad!

-¡Voy a morir! ¡Voy a morir! ¡Esta aventura se terminará en el capítulo 33! ¡Como la vida de Jesucristo! ¡HUALA, NENA QUÉ JEBY! ¡Dan Brown escribirá un libro de mi vida, buscando el código de mi muerte…!

Cerré los ojos esperando que el tránsito hacia al más allá, fuera rápido, indoloro y a ser posible, que no manchara mucho. No hay nada peor, que luego la policía le enseñe a tu madre una serie de fotos donde su hijo, antes conocido como Dolly Partos, La Diva, apareciera desmembrado en medio de una ciénaga de sangre y vísceras, como si se tratara de un personaje secundario de Hostel.

Oí claxons a ambos lados, porque ya me daba por muerta, y porque tenía los ojos cerrados, con las manitas sobre el pecho para que no terminaran una en la Plaza de Colón, y la otra haciéndole un finger a la Cibeles. Si moría, quería que todas las partes de mi cuerpo estuvieran juntas. Choqué contra algo. Todos los metales y tornillos de la camilla se quejaron, como cuando una vieja sin dientes intenta comerse una loncha de jamón de bellota, y las encías desdentadas hacen ¡ÑIIIIiiiIIIQUIS!

Me sentí ingrávida, olí a flores y de repente, un chapuzón y un dolor de cojones en la espalda, como una descarga eléctrica, que me hizo salir del agua y quedar de pié, mirando hacia la Puerta de Alcalá, donde todo el tráfico se había detenido y los coches se habían apartado a los lados, como para… ¡¡¡dejarme pasar sin ser atropellada!!!

¡¡¡Estaba dentro de la fuente de la Cibeles!!! ¡¡¡VIVA!!! Miré a los lados, y vi la espalda de la Cibeles, porque si no lo sabes, está dando la espalda a la Puerta de Alcalá. Y tenía un chorro de agua al lado que me empapaba más de lo que ya estaba.

-No te levantes, nena, que creo que estoy bien –le dije a la Diosa Cibeles, sentada ella en su carro, y di gracias a Dior por haberme estrellado en el mes de Enero, que es cuando tienen la fuente llenita de agua, porque me llega a pasar esto en verano ¡y como cemento hasta cagar ladrillos, neeenaaa!

Salté como pude de la fuente hacia la parte de flores (que sí, las pisé, putas ecologistas, pero era mi vida o un ramillete de margaritas), y me puse a correr como una loca hacia la Puerta de Alcalá, deshaciendo el camino que había hecho montada en una camilla y cuesta abajo, mientras unos policías parecían controlar el caos circulatorio, y los conductores de los coches que me habían esquivado, bajaban de sus vehículos cagados del susto de haber estado a punto de atropellar a una marika montada en una camilla de ambulancia que no paraba de berrear.

Para dar menos el cante, me metí por la acera y seguí corriendo esperando que se me secara la ropa, que no fue así, y esperando que como estaba en el final de La Tercera Temporada de Desperate Housegays, me casara menos, que tampoco fue así, porque estaba cansadísima, y la gente se apartaba de mí al verme correr, y los que estaban en la vía, creo que me llamaban a voces, porque no miré. ¡Tenía que llegar a la ambulancia, fuera como fuera! Esa golfa de Agapita tenía a Gigi y a Jessica.

Al llegar a la altura del kiosco, muerta de cansancio y sin aliento, vi que unas turistas me apuntaban con sus cámaras, y levanté una mano, para que no sacaran fotos. ¡No! ¡FOTOS NO! Hasta que no me arreglara el pelo y adoptara una pose estándar de Diva, claro. Sonreí, y pude ver cómo hasta salía el flash de sus cámaras.

¿Un flash? ¿En pleno día?

Levanté la cabeza y vi cómo el cielo se iba cubriendo de forma muy rara y a gran velocidad de nubes grises. Como en esas obras de teatro cutres de fin de curso, donde cae un telón pintado y listo, ya están en otro decorado: una campiña, una casa gótica, etc…

Dejé de posar y llamé a gritos a Gigi, cuando la vi saliendo del interior de la ambulancia, ayudada por gente que estaba en la entrada del Parque del Retiro… ¡y también vi que salía Jessica, aún conmocionada, pero despierta!

-¡GIGI! –grité, pero creo que sólo lo oí yo, porque no tenía ni aliento ni voz para gritar.
-¡DOLLY! –gritó Gigi, que me vio, claro. Y es que a mi me ven desde la Estación Espacial, nenas.

Llegué a su lado, vi que estaba bien, comprobé que Jessica estaba saliendo de su vahído que le había dado al ser secuestrada por una compañera de trabajo, que a su vez estaba poseída por el espíritu demoníaco de su hermana muerta… (si te has perdido a estas alturas del relato, nena, tienes 32 capítulos que releerte, porque NO TE VOY A HACER UN RESUMEN, ¡PUTA!).

-¿Estáis bien? ¿ESTÁIS BIEN?
-Sí, tía –dijo Gigi mirándome de forma rara.
-¡¿SEGURO QUE ESTÁIS BIEN?!
-¡Que sí, tía! ¿Y a ti qué coño te pasa?
-¡Que casi muero atropellada por conducir en una camilla de ambulancia o incrustada en el culo de la Cibeles, Gigi! –e intenté tranquilizarme-. ¿Y la poseída?
-¡Echó a correr hacia el Retiro!
-¿Al parque?
-Claro, tía, al Retiro…
-¿Y para qué se ha ido al Retiro? Gigi, llevo varios capítulos en una mega persecución, estamos en el capítulo 33, he estado a punto de morir varias veces y ésta es la página tres del Word. ¡Este capítulo se está acabando!
-¡Y a mí qué coño me cuentas, tía! ¡Es tu blog! ¡No el mío!

Corrí hacia la parte delantera de la ambulancia y vi el asiento del conductor vacío… y ante mí… la entrada al Retiro. Dos truenos le dieron más mal rollo a aquella visión.

-Dolly –oí que dijo Jessica a mi espalda-. No vayas.
-Tía, tengo que hacerlo –y un trueno en THX estalló sobre nuestras cabezas, obligándonos a mirar hacia arriba.
-Parece que va a llover –dijo Gigi.
-Es imposible que la encuentres… -puntualizó Jessica-. Déjala marchar…
-Nena, las cosas en mi blog, no pasan así porque sí. Que se cubra el cielo de Madrid a estas horas, tampoco pasa así porque sí. Y es tu hermana, la que está poseyendo cuerpos y matando a gente porque… porque… -casi meto la pata y se lo cuento todo a Jessica, nenas.
-Porque resulta que Manolo, tu novio, es bisexual, y tu hermanita fallecida, hizo un pacto de sangre con él, y tío o tía que se folle Manolo, aparece el demonio de tu hermana y los mata.



Os juro, nenas, que si llego a tener un hacha en las manos, le hubiera cortado la lengua a Gigi.

Jessica se quedó medio shockeada… y varios truenos restallaron en las nubes que habían sobre nuestras cabezas… y comenzó a llover a cántaros. Primero fueron unas gotitas de nada, pero luego calló agua a mares… lluvia, que ocultó las lágrimas de dolor y sorpresa de Jessica.

-Tú… ¿sabías todo esto? –me preguntó, intentando conservar la calma.
-Casi… desde el epílogo de la temporada anterior, cuando Gigi encontró el Diario de tu hermana.
-El diario se escribe sólo, tía… -puntualizó Gigi-. Como por arte de magia…

Un rayo cayó a diez metros de nosotros, haciendo saltar la cabeza de la figura que está en la esquina más próxima a nosotros, en lo alto de la Puerta de Alcalá, y sus cascotes cayeron a la vía.

-Ese pacto de sangre que hizo con Manolo, es lo que le ha devuelto la vida al espíritu de tu hermana, Jessica, además de… de juntarse con malas compañías.
-Sí, porque también se metió con unos de una secta satánica que eran súper satánicos y tienen un bar de jebys.
-Gigi, vale ya…
-¿En una secta?

Oímos sirenas y os vais a quedar muertas al leer esto, nenas, pero de las sirenas que escuchamos, unas pertenecían a los coches de policía que llegaron hasta allí, y otras… ¡a un coche de bomberos!

No esperé a ver si de él bajaba Manolo del coche de bomberos, nenas, no tenía tiempo para eso. Sólo tenía dos capítulos para terminar la Tercera Temporada de Desperate Housegays, y la puta de Agapita González, estaba perdida en el Parque del Retiro… ¿o quizá no estaba tan perdida como se podría imaginar…?

-No puede ser tan simple… -dije en voz baja, pero aún así, Gigi y Jessica me oyeron decirlo.
-¿El qué?
-¡No puede ser tan simple! –y me flipé a mí misma con lo inteligentísima que era-. ¡Quedaros aquí! ¡NO ENTRÉIS EN EL PARQUE! ¡NO-EN-TRÉIS!
-¡Pero, Dolly!

Varios rayos y truenos estallaron sobre nuestras cabezas, y serpientes eléctricas impactaron contra las verjas metálicas de la entrada del Parque del Retiro, como si de una advertencia del más allá se tratara. Una advertencia de: NO PASES, PUTA.

Me detuve unos segundos, cagada hasta el tuétano del miedo, bajo una cortina de lluvia terrible, mirando hacia el interior del Parque del Retiro.

Si hay algo que hace único, especial y diferente al Parque del Retiro, del resto de los parques que hay en el mundo, es por ser el único parque en todo el planeta Tierra, que tiene una estatua dedicada al Ángel caído… ¡AL DIABLO, NEEENAAASSS!

Eché a correr hacia el interior del parque, cuando las dos cancelas se movieron solas para cerrarse delante de mis narices, pero conseguí pasar antes de que lo hicieran, y un rayo o varios, cayeron sobre ella y fundieron el metal, para que nada ni nadie, entrara o saliera del parque.

sábado, marzo 31, 2007

~30~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Gigi y yo, cual Sherlock Holmes y Watson, pero en versión gay, con menos medios y sin un violín a mano que tocar, conseguimos ir encajando una a una, las piezas de este rompecabezas llamado Diario Secreto de Agapita González. Como es una información súper jeby, te jodes y no te la cuento en este resumen del capítulo anterior, PUTA, porque el tiempo corría en nuestra contra, y mí reloj se había quedado sin pilas hace unos cuantos capítulos...



-¡Sólo estaba consultando una cosa en el glogles! –dijo Gigi para disculparse de estar toqueteando el ordenador de Bruno.
-¿Estáis bien? –preguntó Sayuri.
-Sí, nena, pero creemos que ya hemos desencriptado El Código Agapita.
-¿Son estos dos? -preguntó el hombre de traje, que había entrado con Bruno y Sayuri.
-¿Quién es éste? –pregunté a Bruno.
-Es el jefe de… ese chico rubio que estaba con vosotros en las catacumbas.
-¡Anda! –digo Gigi.
-Pues debe pagarle una mierda, porque el pobre chico estaba ¡en bolas! –dije yo.
-¿Vosotros le habéis salvado? –nos preguntó como si no terminara de creérselo.
-Muy a mí pesar, porque no hacía más que interrumpir la narración –y miré a Bruno-. Bruno, Gigi y yo, si no tenemos que responder a preguntas tontas o a que nos cuelguen alguna medalla por haber salvado… a las que salimos con vida de allí, sin contar lo de las satanistas que terminaron todas muertas…
-Eso ya se lo conté yo, Dolly –dijo Gigi.
-Uys, pues muchas gracias, nena; es bueno saber que entre capítulo y capítulo, tu mejor amiga dejas algunos cabos atados con los personajes secundarios –y volvía mirar a Bruno-. Bruno, no tienes porqué creerme, pero Gigi y yo hemos de irnos a detener algo terrible que seguramente va a pasar. No sé si será en este capítulo, o en el siguiente. Todo sea que Gigi y yo, no nos pongamos a hablar como cotorras a lo Star Trek.

Mientras yo les soltaba este rollo, el hombre de traje nos miraba a Gigi y a mí, como si formáramos parte de una película polaca sin subtítulos. Sayuri se sonreía y Bruno parecía querer entender lo que le estaba contando a toda velocidad.

-Hemos de hacer algo súper importante. Gigi y yo, ¿vale? Sólas.
-¿Estaréis localizados en el móvil que me llamaste? -preguntó Sayuri y Gigi se sacó del bolsillo el móvil de las Bossini.
-¡Anda, el móvil de las Bossini! Pues no, sé que no debería decir esto, pero una Diva no puede llegar al final de la película en plan Meng-Diva; así que me pasaré por casa a darme una ducha, a ponerme algo que sea cool a la par que épico, para un épico final de la Tercera Temporada de Desperate Housegays, y cogeré mi móvil. En cuanto lo tenga, te llamo. ¿Oka? –y me dirigí a la puerta de salida.
-¿Podría hablar con vosotros? –preguntó el hombre del traje, que seguía sin presentarse.
-¡Pues ahora… como que nos pilla fatal, nena! –dije al salir.
-Salvar el mundo y todo eso da mucho estrés, tía –le dijo Gigi que me seguía muy de cerca.

Y abandonamos la comisaría de la calle Luna, como dos Power Rangers maltratadas por un niño esquizoide, pero súper dignísimas… entre otras cosas porque habíamos salido vivas tras nuestro enfrentamiento con el monstruo del infierno, y enfilamos el camino hacia casa, a PATA.

-¡¡¡¿Vamos a ir andando?!!! –me chilló Gigi cuando se lo dije.
-Mira, nena, el último taxi que cogí estaba conducido por un fan de la COPE. Prefiero ir andando y que me de el aire, que bastante culo de bicho he estado oliendo durante no se cuantos capítulos, nena.

No tardamos mucho en llegar a casa, porque la verdad, yo vivo como a 15 minutos de la comisaría; claro, que si llego a vivir en Vallecas, ¡porsupuestísimo que me cogía un taxi! Estuviera conducido por un oyente de la COPE, o por el puto peluche del suavizante, ¡o por Freddy Kruger en persona!

En el piso de Jessica y Manolo no había nadie. No es porque lo supiera telepáticamente, es que me harté de llamar al timbre y a la puerta con los nudillos, así que ante la desesperación, y sabiendo dónde localizar a Jessica (en el hospital), nos dimos una rapidísima ducha las dos (por separado, que conste, que yo a la Gigi la quiero un puñao, pero no para meterla en la ducha conmigo), cogí mi móvil, monísimo, y le dejé algo de ropa a Gigi, para que también afrontara en plan súper cool, el final de la Tercera Temporada de Desperate Housegays.

Al salir, volví a llamar a la puerta de Jessica y Manolo, y tampoco estaban en casa.

-Nena, no tenemos más remedio que ir al hospital.
-¡Pero si nos encontramos bien, tía!
-Ya lo sé, Gigi, ¡pero allí es donde trabaja Jessica!
-Ah, vale… como siempre voy de paquete.
-Gigi, lo de ir de paquete se dice cuando se va en moto.
-Ya está la Elisenda Roca –y se puso en jarras-. ¿Y cómo se dice cuando una marica sigue a otra marica a un sitio donde se puden jugar la vida?
-¿Ir al Strong? ¡No vamos a ir al Strong, nena, vamos al hospital!
-Dolly, tía, me está entrando dolor de cabeza.
-Oka, nena, cierra el pico y sígueme.

Salimos a la calle y en cuanto pude, hice el primer gesto que aprendí cuando era pequeña. Gesto que aprendí incluso antes de hablar, y es el de levantar la mano para pedir un taxi. Claro que con mi presupuesto, no estaba yo para despilfarrar el dinero en taxis, así que, en la parada de bus de Gran Vía al lado del H&M, levanté la manita para detener un autobús de la línea 1, que me dejaría en Isaac Peral, justo al lado del hospital donde trabaja Jessica.

Le piqué a Gigi con mi metrobús, porque si espero a que encontrara el suyo en esa cartera que lleva, a lo bolsita de David el gnomo, nos darían cinco capítulos más y no había tiempo que perder; después corrimos al fondo del autobús a buscar sitio, que no había, pero mira, la carrerita nos sentó bien, porque así nos vieron todas desfilar por el bus con garbo y valentía.

Ya en el hospital, donde no se puede fumar, nos sentimos un poco perdidas, porque aquello tenía como 5 plantas llenas de gente, entre personal y gente que era carne de hospital, o sea, gente con algo para que la ingresaran, y visitas, y un ciego que vendía cupones, y la kioskera, y un viejo con cara de aburridísimo que estaba justo en el cartel de INFORMACIÓN; fui directa a él.

-Hola, buenos días. Busco a una amiga que se llama Jessica y que trabaja aquí como enfermera.
-…
-¿Usted es de información, verdad?
-Sí, pero no puedo darle ese tipo de información.
-¡Pues vaya mierda de información! –dijo Gigi.
-A ver, señor, que supongo que no habrá muchas enfermeras que se llamen Jessica, en este hospital, ¿no?
-No puedo darle esa información –dijo él, erre que erre-. ¿Le dijo en qué planta trabajaba?
-No es florista, es enfermera –puntualizó Gigi.
-Gigi, será mejor que me dejes a mí; a ver, señor, es urgente que localice a mi amiga Jessica. Es un caso de vida o muerte.
-El ochenta por ciento de la gente que entra por esa puerta –dijo señalando con su boli hacia la entrada-. Son de vida o muerte.
-Mire, ¿sabe lo que le digo? Que ya la busco yo solita. Aunque me meta dentro de los cuartos de los rayos X y me saquen fotos. ¡Gracias por nada! –le dije y tiré de Gigi para que me siguiera por el pasillo que tomamos.
-¡Mira, Dolly! Ese enfermero se parece al Hayden Christensen…. ¡Ya quisiera yo ser senadora galáctica para que me hiciera dos hijos! –y me miró preocupada-. Pero tranquila, que yo sobreviviría a la cesárea.
-Más te vale, nena… y déjate de enfermeros, que mientras hayan neurocirujanos que cobran más, ¡que se quiten los del MIR!

Seguimos andando y yo pensé en aquello que me había dicho Jessica, de que salía su compañera de trabajo a fumarse un cigarrillo. ¿Y si trabajaba en urgencias? Vimos un grupo de gente esperando, y me acerqué a un hombre de unos 40 años que esperaba en la cola.

-Perdone, ¿esto es urgencias?
-No, esta cola es para el urólogo.

Gigi y yo nos abrazamos y gritamos aterrorizadas. Cuando se nos pasó el susto, continuamos avanzando por el pasillo, donde había gente y más gente, y más enfermeros, y dos gitanas que se estaban quitando los 5 kilos de metales que llevaban encima, porque las iban a hacer unas radiografías, y al final, vimos que hacia la derecha había un pasillo con sala de espera, con mucha gente nerviosa, y supuse que aquello era la sala de espera de urgencias, porque tenían caras de estar muy nerviosos y preocupados.

-Por aquí, Gigi –y me siguió hasta otro puesto de información, donde había una enfermera de unos sesenta años detrás de un cristal, y otra puerta doble y de plástico, y otra puerta más, abierta de par en par que era por donde entraban las ambulancias-. Disculpe, señora.
-Señorita –me corrigió la mujer.
-Disculpe, señorita… estamos buscando a una amiga nuestra que trabaja aquí, es enfermera y se llama Jessica.
-¿Jessica?
-¡La conoce! –dijo Gigi.
-Sí, Jessica –dije yo.
-Ahora mismo está en box, y no pueden pasar -dijo la señorita de sesenta años.
-Ah, vaya, ¿y tardará mucho?
-Está con un ingreso.
-¿La han ingresado? –preguntó Gigi.
-Está ocupándose de un paciente. Accidente de tráfico.
-Qué susto nos había dado, señorita –dije yo, y mis ojos se fueron directos a una rubia monísima, una ATS, que salía de box con una cajetilla de tabaco en la mano-. Gigi, mira, debe ser ella.
-¿Jessica? ¡Esa no es Jessica, tía!
-Jessica no, tonta, su compañera de trabajo, la giri que fumaba como un carretero. La que Jessica creía que le estaba poniendo los cuernos con Manolo.
-Dolly, creo que me he perdido.
-Si te hubieras leído el Capítulo 13 de esta temporada, seguro que hasta te acordarías de su nombre: ¡AMANDA! –dije en voz alta, y la rubia se volvió hacia nosotras; y yo le sonreí a Gigi-. ¿Ves? –y me volví hacia Amanda-. ¡Hola, nena! ¿Eres Amanda, verdad? La compañera de trabajo de Jessica…
-Sí -dijo la chica medio perdida.
-Es que mira, somos los vecinos de Jessica, y tenemos algo súper urgente que decirle.

Amanda nos miró de forma extraña, y se encendió un cigarrillo en la plataforma metálica que conectaba con la entrada de ambulancias.

-Está dentro, en box –dijo en tono seco.
-Bueno, pues gracias por la ayuda… esperaremos a que salga. Gracias

Dije súper cabreada y me crucé de brazos. Gigi hizo lo mismo, por empatía, o porque no sabía donde meter las manos, y así esperamos siete eternos minutos, donde la hijadelagranputa de Amanda, se fumó su cigarrillo con una pachorra “quepaqué”, hasta que llegó a toda velocidad una ambulancia con las luces en plan vídeo clip de Madonna. Gigi y yo nos apartamos, mientras salían de ella dos enfermeros y sacaban una camilla con alguien con mascarilla de oxígeno puesto; Amanda, por su parte, apagó el cigarrillo de inmediato y ayudó a entrar al paciente, mientras los del SAMU-ERTO le contaban no se qué, de lo que le pasaba al que llevaban en camilla: que se había caído en plena calle o así.

Al meter la camilla en urgencias, las puertas que son como de plástico duro, se abrieron de par en par, y yo agudicé la vista para ver si veía dentro a Jessica, y la vi, nenas. Casualidades de la vida, o porque este capítulo se estaba acabando, ella caminaba hacia nosotras, y a Gigi y a mí nos dio mucha alegría y levantamos la manita para saludarla y así nos viera… ¡y nos vio!

-¿Dolly, qué haces aquí?
-Nena, que se acaba el capítulo y tengo que decirte algo ¡muy importante!
-Díselo, Dolly, que se acaba el capítulo, tía.
-Gigi, que ya lo sé, no me metas prisa, coño.
-¿Qué sucede? –preguntó Jessica súper nerviosa.
-Nena, no es lo que tú crees. Manolo te quiere, ¿vale? Y no te está poniendo los cuernos con nadie.
-Pero…
-No, nena, atiende y escucha. ¡Está siendo poseído!
-¿Poseído?
-Sí, tía, como cuando es época de rebajas, y te entran ganas de comprar muchas cosas y no sabes por qué te entran esas ganas de comprar muchas cosas… -dijo Gigi.
-Sí que lo sabes, nena, te entran ganas de comprar muchas cosas, porque ¡TODO está rebajado! –dije yo-. Pero ese no es el tema que nos toca ahora, Gigi; Jess, nena, tu chico, Manolo, está siendo poseído por un demonio.
-¿Qué? –dijo ella mega flipada.
-Sí, nena… se ve que cuando Manolo vivía en Murcia, tenía una novia…
-¿Qué? –volvió a preguntarme con cara de muchísimo jiñe.
-Y ambos hicieron un pacto de sangre, pero su novia, Agapita, que se vino a Madrid, fue captada por una secta y murió, y ahora quiere llevárselo con ella. ¡Al infierno!

Jessica me atravesó con la mirada y me arreó tal bofetada, que casi me saca del hospital por la entrada de ambulancias.

-¿Quién te ha hablado de Agapita? –me ordenó responder, súper cabreada-. ¿De qué vas, Dolly? –sus ojos estaban llenos de lágrimas.
-Jess, nena, ¿qué coño te pasa? Intento alertarte de un peligro peligrosísimo, ¿y me arreas una bofetada? ¡La mala de la función es Agapita González, nena!
-Agapita, era mi hermana, Dolly. ¡Quién te ha hablado de ella! –y miró a Gigi fuera de su sano juicio-. ¿De qué vais vosotros dos? ¿Quién os ha estado hablando de Agapita? ¿De qué va toda esta mierda?
-¡Jessica! –grité yo, cuando me cogió del cuello de mi cazadora de finales épicos de temporada-. ¿Cómo que Agapita es tu hermana?
-¿De qué coño vais los dos? ¿Eh?
-¡Pero si Agapita es la mala, tía! –gritó Gigi.
-¡Quién te ha hablado de Agapita, respóndeme!
-¡¡¡Pero si casi nos mata su puto fantasma, Jessica!!! ¿Cómo es eso de que es tu hermana?
-Si esto es una broma –dijo muy rabiosa y llorando-, no tiene la más mínima gracia, Dolly.
-¡Jess, nena… es Agapita quien intenta separarte de Manolo! ¡Es su fantasma!

Y al decirle esto, Jessica se volvió medio loca, y comenzó a llorar a gritos y a darnos tortas a las dos, a Gigi y a mí.

-¡Dejad de hablar de ella! ¡DEJAD DE MENCIONAR SU NOMBRE!

Aquella situación se había vuelto una auténtica locura, y todo el mundo nos miraba como si fuéramos asesinos de enfermeras o ve te tú a saber, y nos miraban súper raro, hasta que apareció por detrás de Jessica, saliendo del box como en una aparición, Amanda, con los ojos rojos como rubíes, y a lo Sr Spok, le tocó en alguna parte de la clavícula a Jessica, y la otra cayó a plomo al suelo… pero sin llegar a tocarlo, porque Amanda la levantó en brazos.

Gigi y yo estábamos tan mega horrorizadas (además de hostiadas vivas), que no pudimos reaccionar al instante, cuando Amanda, con Jessica en brazos dijo “gracias”, con una voz satánica pandemonium miserere, y bajó la rampa metálica, lanzando el cuerpo de Jessica al interior de la ambulancia y cerró las puertas traseras.

-¡GIGI, QUE SE ESCAPA! –grité yo, mientras que todo el mundo nos miraba presa del shock, decía cosas a voz en grito y no supo reaccionar.

Amanda, ahora poseída por el espíritu demoníaco de Agapita, abrió la puerta del conductor y se subió en la ambulancia arrancando el motor; cogí a Gigi de la muñeca, y tiré de ella, y una mujer detrás de mí gritó. ¡Había cogido por error a una señora gorda que me miraba con cara de susto! Y claro, lanzó un berrido de susto.

-¡Gigi! ¡Sígueme! –y esta vez sí, cogí a Gigi de la mano y saltamos la pasarela hacia la entrada de ambulancias.

Los neumáticos traseros aceleraron levantando una nube negra de goma quemada, pero me dio tiempo de cogerme a la manecilla trasera de la puerta y tirar hacia fuera para abrirla; con la otra mano cogía Gigi, ¡¡¡y la ambulancia tiró de mí!!!

-¡Salta, neeenaaaa! –le chillé a Gigi, sintiendo cómo la ambulancia salía disparada ¡con mi brazo!, mientras que con el otro, no sé cómo, pude coger a Gigi y arrojarla al interior de la ambulancia.

El tirón fue tan fuerte, que no pude soportar el dolor (entre otras cosas, porque soy alérgica al dolor, nenas), y me solté y me vi corriendo como una borracha con tacones tras la ambulancia que conducía Amanda, poseída ahora por el espíritu demoníaco de Agapita gonzález.

-¡Doooollyyyyyyyyyyyyyyyyyyy! –chilló Gigi mientras se alejaba en el interior de la ambulancia-. ¡¡¡No me dejes con la demonia, tía!!!

martes, marzo 20, 2007

~29~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

¡Por fin… hablé con la Agapita González del coño! Sí, nenas, ¡YO! Cara a cara. Un Diva-Muerta, porque lo que sí que estaba clarísimo, es que la Agapita estaba ¡MUERTA! Y ahí estaba yo…¡hablando con una MUERTA! Súper jeby, nenas, pero no lo resumo aquí, porque para eso existe el capítulo anterior, hijadelagranputa, así que te lo lees y punto, ¡como todas! Pero sí puedo decir, que pese a todo lo que ocurrió, y a mi “empanicamiento” general… ¡fui rescatada por Bruno!


Tras mi rescate, porque sí, a la primera en sacar de aquel tugurio fue a mí… y luego a las otras, entre las que estaba Gigi, permanecí como ausente, como si todo aquello no fuera conmigo (aunque sabía que no era así, porque es mi historia y es mi blog, nenas) pero es que, nenas, si una Diva quiere conservar la cordura, es mejor contar fresisuis hasta que las cosas tomen otro rumbo. Aunque no estaba claro que esta Tercera Temporada de Desperate Housegays lo tomara… y de que alguien más muriera...

-¡JESSICA! –chillé, como suelo hacer siempre para volver a la realidad, pero a nadie en concreto.
-¡Dolly! Me has pegado un susto... ¡de susto o muerte, tía! –dijo Gigi que la tenía la lado, con la manita en el corazón.
-¿Pero qué cosa es esto? ¿Dónde estamos?
-En la comisaría, tía.
-¿Detenidas?
-No, tía, como testigas.
-Vaya… ¿y yo por qué me he quedado transpuesta, nena?
-Supongo que demasiadas emociones o quizá, estabas choqueada.
-Ay, pues sí, porque en estas últimas horas de mi vida, me he chocado y estrellado contra muchísimas cosas…
-Tienes carita de no haber dormido nada, tía.
-Gigi: es que ¡no hemos dormido en horas, nena!

Miré a mi alrededor antes de ponerme en pié. Aquel despacho me sonaba cantidad. Es más, me recordó al despacho de Bruno de la Primera Temporada de Desperate Houysegays, cuando le vine a contar una historia sobre marikas abducidas, y él, como poli, no me creyó nada de Nothing Hill. Y como me lo recordó tanto, se lo dije a Gigi.

-Gigi, nena, ¿sabes que este despacho se parece cantidad al de Bruno?
-Pues claro, tía, ¡porque es el de Bruno! Más mono… -y me cogió de la mano para que me volviera a sentar-. Y eso que estábamos con unas pintas de zarrapastrosas indocumentadas que ni pa qué, tía, y nos dejó aquí, mientras interrogaba a la rubia, y fíjate tú, que conociéndonos, no le extrañó NADA que estuviera en pelota picada, ni que las Bossini respondieran a sus preguntas haciendo coreografías o hablando en inglés.
-¡Las Bossini, nena! ¿Qué ha pasado con Eun?
-La mandaron al hospital.
-¿Al central?
-No, tía, a la Jiménez Díaz, el Hospital Central es el de la serie, Dolly. Me da a mí, que tú aún sigues traumatizada.
-Debe ser eso, sobre todo en los pelos del coño, nena. Ya no me queda pelo en el cuerpo que poner de punta, tras lo que he visto. ¿Y qué tal está Eun?
-Pues jodida. Tiene no se qué de un mordisco en el pié.
-¿Al final el demonio la mordió?
-No, tía, que al caerse se jodió el mordisco este de la rodilla.
-¡El MENISCO, GIGI! Anda, anda, que estás tú fina para hacer resúmenes y elipsis argumentales. Si lo sé, no me quedo transpuesta y lo cuento yo mejor.
-Serás border line, tía. A mi no te me pongas como la Winona Ryder cuando la pillaron robando en el Corte Inglés.
-Ay, Gigi, es que estoy súper acelerada con todo esto… ¡y eso que no hemos terminado!
-¿Cómo que no? El bicho se murió, desapareció o lo que fuera. A saber qué le habrás contao que se volvió al infierno para no aguantarte.
-No, nena, el bicho era… -miré a los lados y dije bajito-. Agapita González.
-¿¿¿QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE??? –gritó como si la retorcieran los huevos con un riza pestañas de L’Oreal-. ¿¿¿Esa cosa tan horrorosa era la Agapita???
-No, nena, eso era el demonio que salió, pero luego yo le eché de comer la cuarta moneda de oro, y la invoqué.
-¡No me digas!
-Lo que te cuento, nena.
-Porque soy tu amiga y tengo que creerte por cojones, que si no, me levantaba de un salto y me ponía a llamar a gritos a los loqueros.
-¡Estamos en una comisaría, Gigi, y en las comisarías no hay loqueros!
-¿Y te crees que no lo sé? ¡Por eso no les llamo a gritos, tía!
-Gigi, calla y escucha: la invoqué, apareció ella, monísima de la muerte, pero con cara de posesa y muy como de mamarracha borracha. Sí, hablaba raro. Tanto azufre infernal debe fastidiar las cuerdas vocales, supongo, y me dijo que ella antes de venirse a Madrid, hizo un pacto de sangre con Manolo.
-¿El bombero?
-Sí, nena… luego, lo de que la pobre mujer se metiera en una secta satánica ya es otro cantar. Pero ese vínculo de sangre, fijo que la tiene atada a Manolo.
-¡No me digas!
-Sí, nena. Así que todo al que se cepille Manolo: la palma.
-¿La de Canarias?
-No, nena, La Palma, la isla no, la palma: MUERE. ¡La espicha de forma espantahorrible!
-Pero tú te lo tiraste. Deberías estar muerta, Dolly.
-…
-Porque te lo tiraste, ¿no?
-Bueno, no se consumó el polvo en la ducha, con lo cual, no me lo follé, así que supongo que gracias a eso me he librado de palmarla también.
-Así que ese vínculo de sangre, es como en la peli de The Ring, ¿no?
-¿Peeeeerdón? Gigi, ¿de qué coño me hablas ahora?
-Hicieron un pacto de sangre, un: ni pa ti, ni pa mí.
-Sí, una metáfora muy de las tuyas, ¡LOLA!
-Yo me entiendo.
-Ya veo, ya.
-Así que ahora que ella está muerta y endemoniada perdida, sale para matar a aquellos que se acuestan con Manolo.
-Eso es… ¿y qué coño tiene que ver eso con The Ring, nena? La Agapita no sale peluda, en eskijama y eructándole a la gente ¡con el ojo regañao!
-Pues que es como una maldición gitana, tía. Si ves el vídeo, la palmas en siete días. Si te follas a Manolo, te atropellan en la Gran Vía. ¡Vaya, me ha salido una rima! –y se aplaudió a si misma-. ¿Seguro que no te lo follaste?
-Que no, nena, y mira que a más de uno que leen este blog, ¡bien que les hubiera gustado!
-¡Como que son tontas!
-Tontas no, pero Desperate, ¡MUCHO!, nena.
-Resumiendo, Dolly. Es una maldición, ¿vale?
-¿Y por qué no ha muerto Jessica, lista?
-Porque… -y miró al techo.
-¡JA! ¡Te pillé, Punseta!
-Déjame pensar… -y bajó la vista y me miró a los ojos-. Porque le quiere… sí, tía... es por eso... la Jessica está súper colgada de él.

Y oye, que la muy puta de la Gigi me dio que pensar, y hasta provocó que me hiciera arquear una ceja a lo cool.

-Nena, a ver si es verdad y el amor que tiene por Manolo, es lo que ha salvado a Jessica de morir a manos de esa loca demoníaca de Agapita González. Pero… -y me horroricé toda al recordar-. Jessica cree que una compañera del trabajo se lo está tirando.
-¿A quién?
-¡A Manolo, nena! Espera, nena, una vez dijo esa oligofrénica de Milenio 3.
-¿Cual de ellas, tía? Porque en ese programa las hay a manadas.
-La Dientes. La rubia del programa. Decía que había dos tipos de demonios. Los íncubos y los súcubos… y que uno de esos, no recuerdo cual, eran capaces de poseer los cuerpos humanos. Uno era un demonio masculino y el otro femenino, así que por orden lógico… debe ser un súcubo, nena. ¡Sí! ¡Los súcubos eran femeninos y los que buscaban tener relaciones sexuales!
-Como todo hijo de vecino, tía.
-¡Agapita es un súcubo!
-Además de una muy malísima persona, tía.
-Gigi, Agapita está muerta.
-¡HOLY MANOLIS, DOLLY! Está intentando sembrar dudas en la cabeza de Jessica. Para que ella deje de quererle y entonces…
-¡Y ENTONCES PODRÁ MATARLA!

Y las dos, de un brinco, nos pusimos en pié, súper nerviosas, súper excitadas por nuestros propios descubrimientos, y súper guarras, porque nuestra ropa tras tantas aventuras, olían y crujían ¡como coño de momia mesopotámica sin potasio!

-¡Hemos de hacer algo, Gigi!

Y Gigi corrió al ordenador de la mesa de Bruno, y se puso a mover el ratón.

-¿Qué haces, nena? Cuando digo hacer algo, ¡no es ponerse a jugar al ordenador!
-Hay que buscar en el Glogles cómo deshacer un pacto de sangre, tía –y levantó la cabeza para mirarme, por detrás de la pantalla-. Y si no está en el Glogles, ya nos podemos dar por muertas.
-Gigi, creo que esta vez sí que has perdido el rumbo. Deja de buscar en el GOOGLE, ¡¡¡Y BUSCA EN EL YOUTUBE!!!
-¡Tía, escucha esto que dice una tarada en Internet…!
-¿Otra más?
-“Una vez efectuado el Pacto de Sangre, este no se puede deshacer. Querer rehuir del compromiso asumido con la organización o secta se puede pagar incluso con la vida”.

Y Gigi me miró, con esos ojos de flipada aterrada suyos, como de gitana de tablado a la que se le ha roto el tacón y adiós al zapateado.

-Nena, entonces la Jessica no está en peligro. Está jodida de por vida, nena.
-¡Pero la Agapita está muerta!
-A ver Gigi, llevamos tres páginas y pico hablando del tema, ¿y no terminas de darte cuenta? ¡Sólo el amor que siente Jessica por Manolo, es lo que puede salvarla!
-Jooo… ¡Cómo en los culebrones, tía!
-Tenemos que salir de aquí cagando leches, nena. Hay que salvar el amor de esa enfermera con turno de noche... ¡Salva a la enfermera, SALVA AL MUNDO!

Y la puerta se abrió propinándonos un susto cuando entraron Bruno, Sayuri y un señor vestido de traje, que oye, ¡hasta tenía un polvo!

viernes, marzo 16, 2007

~28~ 3ª Temporada

En el capítulo anterior...

Hiperhorrorizada, rodeada por demonios y por la gigantesca bestia, que ya es como de la familia tras tantos capítulos sufriéndola, ¡pero no en silencio, nenas!, descubrí que el agua bendita tenía su efecto real, y con la cuarta monea de oro, aquella cosa me habló, telepáticamente… quiero decir, que aunque nos comunicáramos, mi terror no bajó ni un ápice. Es más, ahora estaba petrificada, delante de aquella boca.


Aquella cosa tenía ganas de cháchara, como suelen hacer los narcotraficantes o los policías corruptos al final de las películas, antes de que aparezca el bueno y le meta un tiro entre los ojos. Pero yo estaba sin pistola, ¡y aquel bichako no tenía ojos! Por lo menos a la vista.

-¿Quién sois “nos”? ¿Alguna asociación de esas que luchan por los derechos de los animales? –pregunté… porque no se me ocurrió otra cosa que decir, arrebujándome en el interior de mi cazadora de súper puta, que apestaba a gómitos, a quemado y que para más humedades, estaba empapada de agua bendita.

“nos”
-Vaya… así que sois NOS… ¿No On Sunday?
“nos”
-Ya nena, pero ¿NOS?
“nos” –y se acercó más a mí- “nnnooosss…”

Cerré los ojos, creyendo que tras esa palabra, me metería un bocado, pero no… no pasó nada, así que abrí un ojo… ¡y ahí estaba! Y se me escapó un gritito… conté hasta diez fresisuis, y respiré hondo, de lo que me arrepentí de inmediato, porque el aliento de la bestia era terrible, nenas.

-¿Y no hay una encargada? –dije finalmente. Hice memoria de todas las pelis de terror que había visto, y de las pornos gay de terror que también había visto, como aquella donde una marika que no follaba mucho, invocaba al diablo y le salió un negro 4X4 con un rabo más largo que los créditos de Ben Hur-. ¿Podría hablar con alguien de vosotros?
“nos…”
-Y dale… sí, con alguien de los NOS…

¿Quién puede estar muerto, en el infierno, y que no fuera peligroso para mi integridad física? Se me ocurrió por un momento en James Brown, pero claro, con tanto meneo del cadáver, ¡seguro que lo habían perdido en el infierno! Además, esto estaba transcurriendo en enero de 2006, ¡y sería un anacronismo, nenas!

¿Qué tal invocar… a… alguien que fuera lo bastante malo, para estar en el infierno, y que no me hiciera daño? ¡Horror, nenas! ¡Estaba en blanco! ¡Dolly! ¡Recuerda, estás en la Tercera Temporada de Desperate Housegays! ¡AGAPITA GONZÁLEZ!

-¡Agapita González! ¡MANIFIÉSTATE! –grité a pleno pulmón. Siempre quise guitar eso de ¡Manifiéstate! Como en las pelis de terror… aunque tiene muchísimo más glamour, el "¡LAS CORTINAS, DÓNDE ESTÁN LAS CORTINAS!", a lo Kidman en Los Otros, pero donde estaba no había cortinas, nenas.

Lo que sucedió entonces, sólo podrían haberlo hecho los de WETA, acostumbrados a hacer CGI de diseño; la bestia comenzó a vibrar y retrocedió, abriendo la boca hasta desencajar las mandíbulas lanzando un alarido terrible hacia arriba. Se hundió en el suelo mientras todo su cuerpo se daba la vuelta y una forma humana emergió de las entrañas; la piel de la bestia que se había plegado en el suelo, subió por las piernas perfectas y se fusionó con la carne pálida y lechosa, tiñendo zonas hasta dejar a aquello que había regurgitado, en la forma de una joven de veinte años, o así, con un traje de seda negra muy ceñido y vaporoso, hasta las rodillas, y con generoso escote; la muchacha, de melena negra hasta los hombros y ojos rubí, hizo un mohín y cerró los párpados sobre mí. Como si sintiera curiosidad. Como si me analizara.

-Agapita González, ¡SUPONGO! –dije yo en plan exploradora africana.
-¿Te conozco? –preguntó con una voz que PARA NADA tenía de femenina, y se cruzó de brazos, mientras que una ráfaga de ve-te-tú-a-sa-ver qué puerta se habían dejado abierta, hizo que el bajo de su vestido ondulara al igual que su melena.
-Pues no, nena, pero gracias a mí, que sepas que toda la blogsfera te conoce, y quieren saber qué coño es de ti…
-¿Por qué? –dijo igual de tiesa, de misteriosa, y de anime japonés, porque se le volvió a mover el cabello y el bajo de la falda.
-¿Puede ALGUIEN cerrar esa puerta, por FAGOR? –Dolly, tranquilízate, nena. No es el momento más propicio para perder los nervios. Hay que estar clara, despejada y soleada-. ¿Sabes quién soy?
-¿Debería?
-Pues sí, nena, porque yo y mi ego somos uno… y luego están mis fans, claro… y mira que les ha tocado leer un rato largo para ver qué coño pasa contigo, nena.
-¿Quieres acompañarme y comprobarlo? –me preguntó extendiendo la mano hacia mí.
-Pues no, nena, me encanta este lado. Ya sabes, el de los vivos. Los rabakos de los vivos; sé que la gente tiene que morir algún día, pero te puedo jurar, que este no es mi día, además, yo no moriré, porque como Diva, lo más seguro es que me convierta en Leyenda.
-En ese caso, ¿qué es lo que quieres saber? ¿Por qué me has llamado?
-Te he llamado, porque tú eres el Mcguffin de esta temporada, nena, a parte de porque estás muerta y todo eso… ¡y para ver una cara más agradable que la del bichako ese, coño!
-Ves lo que fui, no lo que soy ahora… ¿quieres ver lo que soy?
-No, no, no, no, nena, que así estás fantástica y súper ideal con ese vestidito salto de cama, además, ¡eres guapísima de la muerte, nena! No sé por qué, te imaginaba horrorosa. Bueno, no sólo yo, Gigi y varios más en este blog te imaginaban espantahorrible de la muerte lenta. Un Callo Malayo, nena. ¿Te dejan salir mucho tiempo?

A mi pregunta, Agapita pareció relajarse y me miró de otra forma, no en plan portera de discoteca de lesbianas... de mal rollito desafiante y todo eso.

-Tú me has invocado… tenemos una eternidad…
-Uis nena, pues yo sólo tengo un folio, porque son tres páginas por capítulo, Agapita, y estamos en el tercer folio con esta frase mía, nena…
-¿Y quieres perder este folio, diciendo tonterías?
-Es mi sino, nena, pero tranquila, que recapitulo en un plis plas, y me pongo mentalmente al día. A ver: ¿Por qué quieres matar a mi vecino?
-Me pertenece.
-No, nena, nadie pertenece a nadie. Él se fue de Murcia, y tú, a lo Charo Stone con el pica hielos, le seguiste a Madrid, nena. Luego te cargaste a uno por error, vale, y terminaste enamorada de un satanista, que estaba mal de la cabeza, y te merió en sus fiestas y esas cosas. Así que Manolo no es que te importara mucho, ¡digo yo!
-Estamos hechos el uno para el otro…
-¡JAjeJIjoJU! Si supieras la de veces que me he visto diciendo esa frase, y al otro día arrepentirme, fijo que te daba algo. Además nena, y no te ofendas… ¿qué coño te vas a ofender? ¡Si estás muerta, coño! ¿Pero qué hago discutiendo con una muerta? Manolo es bisexual, nena. Por mucho que le quieras, llegará un momento, que la cabra tire al monte, ¡y se la folle José María Pou! Y es que a Manolo también le van los tíos, detalle que se te escapó cuando vivíais en Murcia.
-Esos son fáciles de eliminar…
-Claro, empujándolos al tráfico de la Gran Vía para que mueran atropellados, ¿me equivoco?
-Es una forma de decirlo.
-No, nena... es una forma de hacerlo… que es lo que haces. ¡Asesina del más allá!
-¡Me juró amor incondicional! –gritó enfurecida los ojos avivaron el brillo escarlata.
-¡Fue una expresión! ¡Una frase hecha!
-¡Hicimos un pacto de sangre!
-¿Pero estabais sonados o qué? ¿Tú no sabes la de cosas que se te pueden meter por la sangre? ¡HASTA EL COLESTEROL!
-Nos pertenecemos… y tendrá que amarme lo quiera o no, porque nadie podrá amarlo y seguir vivo.
-¡Eres peor que las concursantas de Gran Hermano, nena! Peor que la Milá, que dijo que meaba en la ducha y que no hay nada mejor como “defecar en el mar”. Eres una guarra, nena.
-Al final, será mío…
-Tengo tu diario, sé lo que has hecho y sé lo que harás… y se lo voy a contar todo a Manolo y a Jessica, que ella sí que lo quiere mucho y está sufriendo mucho por él.
-¿Le contarás también a Jessica, que a Manolo le gustan los hombres? ¿Cómo le sentará eso a la po-bre-ci-ta Jessica? –dijo con sorna y muy mala baba. Claro, como estaba en el infierno, tenía que se cabrona y más lista que el hambre.
-Pues se lo diré ¡con mucho tacto!
-Será mejor que lo hagas pronto… antes de que me ocupe de ella.
-¿Ocuparte de ella? –y sentí terror por esa pobre chica, que había confiado sus penas, a un vecino marinita que conocía de poco (o sea, yo, nenas), por culpa del amor que tenía hacia Manolo el bombero-. A ella ni tocarla, ¿entendido?
-Tiempo al tiempo… ya desconfía de él… le está perdiendo… y cuando eso se intensifique, será toda mía.
-¡HIJADELAGRANPUTA!
-Y tú… apártate de mi camino, o lo lamentarás…

Y el fantasma, aparición o lo que fuera lo que antes había sido Agapita González, intentó abalanzarse sobre mí, con las manos crispadas y chillando de forma sobrenatural, pero se esfumó en el aire; no llegó a tocarme. Se desvaneció en un gas brillante, como de purpurina, dejándome en aquel espantoso lugar, a oscuras y con todos los huesos del cuerpo temblando del miedo.

Luego oí los pasos. Pisadas numerosas y chorros de luz en todas direcciones. Conos de luz de varias linternas y mensajes por walkie-talkies. Hasta la Bossini escoñada, y con alguna pierna rota, gritó varias veces pidiendo ayuda y auxilio. ¡Qué vulgaridad! Las Divas no gritamos eso. Como somos Divas, nos tienen que salvar y punto, muchísimo antes que aquello de "las mujeres y los niños primero". ¡A ver si cambian la frase tópica esa! ¡LAS DIVAS PRIMERO!

Pero aquel lugar era tan jodidamente grande, que hasta que me encontraran podrían emitir cinco temporadas de Lost, y yo seguiría ¡LOST!, así que... sacando fuerzas de no sé dónde, me levanté y caminé hacia las luces, medio entumecida, medio “empanicada”, hasta que alguien me gritó.

-¡ALTO!
-¡Tampoco te pases, nena, uno setenta y seis es casi la media de un españolito normal!
-¡MANOS ARRIBA!
-¡No se preocupe! –dijo una voz familiar-. Le conozco…

Yo seguía ciega, confusa, con la cabeza completamente trastocada y tardé en reconocer aquel rostro detrás de la luz de la linterna, acercándose hacia mí.

-¿Dolly? –preguntó en voz baja-. ¿Te encuentras bien?
-¿Encontrarme bien? –y le abracé-. No, claro que no me encuentro bien –y me vi llorando en brazos de Bruno-. No me encuentro bien… la quiere matar, Bruno. Va a por ella… va a matar a Jessica...

Creí que iba a caer al suelo. No tenía fuerzas ni para respirar… pero Bruno me sostuvo. Me apretó contra él, y me susurró algo al oído que no entendí, por estar llorando de desesperación e impotencia… pero sentí el calor de su cuello y la fuerza de sus manos que no querían soltarme.